Encuesta sobre la escritura. Nominada por Jessi.

martes, 28 de junio de 2011

Holaaa!!
La verdad es que hace mil años que no hacía una encuesta. Ya casi comenzaba a considerarlas una parte pasada de mi vida. Sigo teniendo el mismo problema que al ser la última en enterarme no tengo a nadie a quien pasar la encuesta, cosas que tiene el verano, la playa, y la búsqueda de colegio mayor para hospedarme cuando comience la universidad. 
No sé cómo resultará, porque no he contestado a las respuestas todavía. Y debo decir que son la 1 y cuarto de la mañana, es decir, hace una hora y cuarto que he entrado en mi etapa delirio del día. Lo siento si se refleja en una encuesta como esta, pero admito que las respuestas, aunque delirantes, serán sinceras.
Bueno, voy a ver qué sale…

-¿Qué es un escritor?
Un escritor es alguien que, cuando escribe, hace algo más que juntar símbolos, formar palabras y construir oraciones. Es una persona que ve y hace ver más allá de las palabras. Una persona que disfruta escribiendo.

-¿Por qué se escribe?
Se escribe por varias razones: desvariar, para relajarse, desahogarse, divertirse. Normalmente uno escribe porque tiene una idea, un esbozo, unos personajes, y quiere ver qué pasa cuando ocurren ciertas situaciones. Al escribir hay un mundo en la mente de cada uno, y simplemente, como el artista, como el fotógrafo, como el escultor, el escritor plasma las palabras de modo que reflejen lo que ese mundo es y significa para uno mismo. Es una forma de poner al mundo en tus zapatos, de hacer reflexionar y, asimismo, de reflexionar uno mismo. Es una forma de acercarte al resto y mostrarles tu modo de ver las cosas.

-¿Para quien se escribe?
Para uno mismo. O bien no se escribe bien. Resulta egoísta, pero uno no escribe para el disfrute del resto. Se escribe de modo que uno sea feliz con el resultado y el trayecto. Se puede mostrar a alguien, sí, y, aunque conozco gente que dice que si se escribe algo es para que el resto lo lea, no comparto esa opinión. O en parte sí, se escribe para que tus yo futuro lean lo que escribiste. Sin embargo, el escribir es algo que se hace por y para uno mismo, aunque bien pueda compartirse con el resto de la gente. El principal receptor de un escrito es el propio emisor.

-¿Qué significa para ti escribir?
Tantas cosas que las dos respuestas anteriores se podrían quedar cortas a la hora de exponerlas todas. Escribir es una forma de desahogarme, de salir un poco de este mundo, como los escritores románticos de la época de Bécquer. Escribir me sirve, a su vez, para ordenar mejor mis ideas y facilitar el pensamiento. También es una forma de entretenerme, pues me hace plantearme situaciones extrañas, personajes distintos a mí y sensaciones distintas a las que vivo a la hora de escribir. Es una forma de encontrar sonrisas de una manera simple. Escribir acaba siendo también investigar, y leer, reflexionar y pensar. Es mucho ejercicio mental pero con bastante recompensa. Y escribir acaba siendo, finalmente, mucho más que escribir.

-¿Algún personaje propio es el reflejo de tu personalidad?
Supongo que todos y a la vez ninguno. En parte algo sacan de mí, una cualidad, apariencia o lo que sea. Pero ni siquiera aquellos en los que yo reflejaba más mi personalidad es exactamente como yo. Normalmente tienen mucho más carácter, o son más valientes, o tienen menos miedo. No podría decir de un personaje “soy yo y nada más que yo” así como igualmente soy incapaz de decir que no me veo reflejada en ninguno de ellos. Son una parte de mí, y yo una parte de ellos. Somos la simbiosis perfecta.

-¿Tomas detalles de la realidad para forjar la identidad de tus personajes?
Por supuesto. Las ideas surgen realizando acciones cotidianas, o no tan cotidianas. Muchas historias que tengo surgen por una compleja sucesión de hechos que no tienen nada de sentido para el resto del mundo a excepción de para mí. Lo mismo me ocurre con los personajes. Simplemente escucho, veo, experimento algo que me hace pensar en un personaje y acabo incluyendo esa experiencia de algún modo en el personaje, bien en su carácter o en sus aficiones. Me sería imposible escribir sin fijarme aunque solo fuera un poco en mi entorno.

-¿Cómo se llega, en tu opinión, a pasar de un simple aficionado por el gusto de escribir a ser un escritor?
Creo que es en el momento en el que tu cerebro comienza a narrar hechos que antes no parecían tener mucha importancia. Cuando se adquiere cierto toque romántico (en el sentido del movimiento literario) y hasta un simple suspiro te cuenta una historia. Tal vez cuando estás estudiando los movimientos literarios y utilizas ejemplos de tus historias o tus personajes para aprendértelos de memoria, o cuando eres capaz de no estudiarte los valores estilísticos de los adjetivos porque lo único que tienes que hacer es preguntarte qué quieres decir cuando escribes un adjetivo antepuesto. Pero el trayecto es simplemente la constancia, la escritura, la lectura, y el deseo de mejorar. Prestar atención al detalle.

-¿Se puede aprender a escribir de una forma que resulte interesantemente literaria?
Por supuesto. La escuela misma sirve de ayuda, y la lectura. Uno simplemente tiene que fijarse a la hora de escribir en detalles de vocabulario, gramática y puntuación. Pero nadie nace sabiendo, y es evidente que si cogemos las historias de hace un par de años y las comparamos con las de ahora existe un alto porcentaje de probabilidad de que las historias hayan mejorado literariamente hablando.

-¿La escritura es un oficio o un destino, o ambas cosas?
Pues yo diría que ninguna de las dos. No considero mano del destino el haber comenzado a escribir de manera habitual. Tal vez una sucesión de acontecimientos y las mágicas palabras de mi profesora que decían “estamos en un país libre” y que quién sabe qué hicieron pasar por mi cabeza. Eso no creo que sea el destino, pero tal vez porque no creo en él. Tampoco es un oficio. Escribir es, para mí, algo sin ánimo de lucro que puede convertirse en lucrativo, pero no comienza con el deseo de ganar dinero. De ese modo creo que no es ninguna de las dos opciones dadas. Simplemente es.

-¿Hay, en tu opinión, alguna fórmula que a la hora de escribir resulte útil o mejor, en un plano general?
No creo. No existe una situación idónea a la hora de escribir que convierta cada palabra en la gallina de los huevos de oro. A la hora de escribir hay que tener en cuenta factores como la trama, los personajes, la ordenación temporal de los hechos, tener un esbozo en la cabeza de los acontecimientos, varios sinónimos y un registro adecuado a cada personaje. También hay que tener en cuenta nuestro estado físico y mental, estar cómodos y tener ganas de escribir. Eso no indica que la historia salga bien o mal, pues finalmente todo depende de lo que ocurra cuando te enfrentes al papel en blanco. Si eso funcionase, dudo que existiera el “writer’s block”. Simplemente diría que no hay que forzarse a la hora de escribir, y dejar que las ideas fluyan. Ya se llegará a un final.

Y bueno, creo que así concluye la encuesta. Debería nominar a alguien, pero la gente que me sigue ya ha hecho la encuesta. Así que simplemete tú, sí, ese lector que lee y no comenta, si es que existes, no te pido que publiques en un blog que no leeré (porque no comentas diciéndome “pásate”) las respuestas, pero reflexiona, si es que escribes, y hazte las mismas preguntas.

Entrevista Mental a Daimen

sábado, 25 de junio de 2011

- Vamos... quítate la máscara...
- No
- Venga... Quiero verte la cara
- Recuérdame por qué estoy en esta stuación
Clarya sonrió.
- Vale...




La luz se encendió en medio de una sala de moviliario escueto: apenas una mesa y dos sillas. No necesitábamos comodidad. Así estaría más nervioso.
Daimen avanzó hacia una de las sillas, y yo fui a la otra. Una máquina de escribir apareció frente a mi. ventajas de estar en mi mente.
- Bueno Daimen... Supongo que sepas a qué has venido.- Comencé, con un tono tranquilo, mientras sonreía... no por dentro, porque si estoy dentro de mi mente y sonrío, se me ve, sino por fuera.
- Me quieres torturar...- Me fulminó con la mirada, intentando en vano intimidarme. Le he creado yo, no debería darme demasiado miedo, por mucho que fuera más alto, más fuerte y más rápido que yo.
- Exacto, te quiero interrogar- Sonreí, tecleando en la máquina de escribir. El sonido de las letras fue lo único que se escuchó durante un rato, hasta que él habló.
- ¿Por qué haces esto?
- Es divertido. Además, Clarya lo ha hecho ya. No querrás ser menos que ella.- Si hay algo que tengo claro de Daimen, es que es orgulloso.- Venga, vale, ¿por qué quieres capturar a Clarya?
- Yo... No es que quiera- Dijo el chico, algo nervioso.-, es la norma que hace que las brujas deban ser capturadas. Tú la creaste, deberías conocerla mejor que yo.
- ¿No te controlo a ti y crees que soy capaz de entender esa norma?- Reí levemente.- Fuiste tú el que le ofreció el pacto a Clarya, y el que quiere protegerla. No eres mi títere.
Desvió la vista.
- No es que quiera protegerla...
- Sí que quieres.
- Vale, déjame.- Gruñó. No le gustaba nada perder en los argumentos.- Esa estúpida norma nos pide entregar a las brujas con una recompensa. Si alguien prueba que hemos protegido a una bruja, podemos acabar encerrados, o... bueno, si es una bruja en concreto, el castigo es la...
- Es horrible.- Le corté, el sonido del tecleo repitiéndose de manera constante y poniéndole cada vez más nervioso.- Esa norma. Pero hay muchas formas de evitarla... Como irte.
- Creo que ya sabes cuál es mi posición respecto a eso.- Sonreí de medio lado. Lo siento pero eso es un spoiler muy grande, así que me guardaré esta parte de la conversación.- Igualmente, hice bastante por ella.
- ¿Como qué?- Tragó saliva. Le había llevado a un callejón sin salida.
- No quiero hablar.
- Cobarde.
- ¡No soy un cobarde!
- Demuéstralo.
- Muchas veces simplemente la ignoré, otras me interponía entre ella y el resto... Aunque es cierto que hay veces que no puedo ocultar mis intentos de protegerla.- No iba a sacar más preguntando por ella, y lo sabía. Ya había dicho demasiado.
- Vale, dejemos este tema... ¿Por qué eres capitán? Eres muy joven.
Sonrió con orgullo.
- Mi padre me dejó el dirigible. Llevo en él desde que nací. Es más, nací allí. Dejó el barco a mi nombre, yo lo llevo lo mejor que puedo.
- Pero cambiaste la ruta de navegación.
- La abrí un poco.
- ¿Un poco? Daimen, te recorres toda Elaika y vas a un lugar en el que no persiguen a las brujas cada 2 meses.
- Bueno, no incumplo las normas- Su sonrisa se volvió una de satisfacción.
- Eso te hace feliz, ¿verdad?- Asintió.- Eres tan fácil de comprar. Te doy poder, un poco de rebeldía, y una chica guapa, y te olvidas de todo.
- No haberme hecho así.- Entrecerré los ojos, mirándole.- Esa mirada no surte efecto conmigo.
- Lo sé, pero necesitaba intentarlo... ¿Ganas mucho?
- ¿Dinero? La verdad es que el suficiente para mantener el barco y sus lujos, y concederme algún capricho, pero no necesito demasiado. Me basto con vivir bien.
- Vale... Dime tu edad
- Veintiuno.
- ¿Qué quieres de regalo de cumpleaños?
- No me lo concederías.- Resoplé, sonriendo.- Pero no es lo que piensas. Eso lo conseguiré por mis medios.
- Como lo otro...
- Ya, claro.
- ¡Jo! ¡Que lo vas a lograr!
Suspiró, mirando al techo.
- Ojalá tengas razón.- Sonreí, hice desaparecer la máquina de escribir, la mesa, y cambié la silla por una cama, con Clarya a su lado, leyendo.- ¿Y esto?
- Te lo has ganado... claro que tienes que quitarle el libro de las manos, y en eso es como yo... Te morderá si no dejas que acabe el capítulo... Y como acabe mal...
- Me torturas, lo tengo claro.
- Por supuesto, para eso están las escritoras. Para torturar a sus personajes.- Reí, dejando intimidad para esos dos.



¿Ya eres feliz?

- Quítate la máscara
- Suelta tu el libro y hablamos.
- ¿Si dejo el libro a un lado te quitas la máscara?
- Me pregunto quién de los dos es más chantajista...
- Yo, y lo sabes
- Ya, en parte me gusta
- Lo has dicho.
- ¿Qué? ¡No!
- Lo has dicho.
- ¡Que no!
- Sí lo has hecho. Has dicho que te gusto.
La sonrisa de Clarya se iba ensanchando a medida que Daimen se ruborizaba. Su imagen de tipo duro se desmoronaba por momentos. Finalmente, los labios apretados en una expresión que a su hormonada acompañante le resultó bastante atractiva, cerró los ojos y se quitó la máscara. Clarya sonrió, emocionada. Le había visto más veces sin máscara, le vería más veces sin ella, pero aquel acto le resultó enternecedor y dulce, seguramente porque su escritora le debía muchas a Daimen.
- Ya me he quitado la máscara, ahora suelta ese libro, y espero que estés contenta.
- Mucho...- La joven se acercó a él, dulce.- Pero que sepas que he dejado el capítulo a medias, y que estoy enfurruñada.
- Esto no es lo que me habían prometido...

El fantasma del Lhanda vuelve a las andadas!!

sábado, 18 de junio de 2011

Sí, lo habéis oído y leido bien, la autora (yo) ha acabado sus exámenes, así que el fantasma del Lhanda vuelve para quedarse. Dentro de poco prometo poner una entrevista un tanto peculiar a Daimen, que contendrá un poco de spoiler, espero que no os moleste ;), con su imagen, y en cuanto la cree más detenidamente, la vida de Surina o la de Luke. Dependerá también un poco de por dónde vayamos, pero podría también mostrar los personajes secundarios, o personajes aludidos como la maestra de Clarya... O cualquier cosa, tengo todo el  verano por delante  (wiiii qué bien suena, ¿verdad?)

Después de este anuncio informativo, os devolvemos con vuestra programación habitual. Buenas noches y buena suerte xDD

El fantasma del Lhanda: Soundtrack (I)

martes, 7 de junio de 2011

Bueno, sí, la verdad es que esta semana estoy usando mucho spotify, y he creado una lista de reproducción con canciones que me recuerdan al fantasma del Lhanda. No es, ni mucho menos, que sean las canciones que exijo a la hora de leer la historia. No, simplemente son canciones que tienen cierto recuerdo a la historia.
Un ejemplo es Skyway avenue, la canción que da título al segundo capítulo de la historia y que gracias a ella tenemos esta escena:

- Piénsalo Clarya. Vale, no le pondríamos la vida difícil a Surina, pero tampoco es que lo hagamos ahora... - Dijo, bajando la vista. La lluvia le estaba alcanzando con violencia y ya tenía el pelo completamente húmedo. Sentí lástima por él. Se iba a empapar todavía más.- Por favor, al menos dime que no has saltado... Porque si tu saltas, yo salto también.

También, escuchando, mientras debería estudiar,  di con una canción de There For Tomorrow titulada A Little Faster, que me recordó a Clarya y su singular historia, así que la he incluido en el "Soundtrack". De momento son las 2 canciones que me han recordado al Fantasma del Lhanda, pero seguro que hay más. Dadme tiempo.
Si se os ocurre alguna canción que os recuerde a esto, simplemente avisadme y haremos de esta banda sonora algo interminable.

Al apagar la luz

lunes, 6 de junio de 2011

Las horas habían pasado mientras leía, afuera se veían pequeños puntos de luz, mostrando la ciudad a oscuras. Mi cuarto apenas estaba iluminado por la tenue luz de la mesita de noche, que alumbraba el libro con suficiente intensidad como para averiguar qué era cada palabra. Cerré el libro, suspirando. Había acabado el capítulo y, aunque quisiera más, el sueño y la necesidad de despertarme temprano me lo impedía. Llevé mi mano al interruptor de la lámpara. "La verdad es que..." comencé a pensar, apretando el botón.
Se hizo la oscuridad.
- Mierda...- Me incorporé de nuevo, encendiendo la luz y sacando del cajón cuaderno y bolígrafo...

La verdad es que, si lo piensas bien, esto parece una historia, pero no pretendía eso. Es que me he dado cuenta que es en el momento en el que me arrebujo bajo las sábanas y extiendo la mano para apagar la luz, justo en el mismo instante en el que aprieto el interruptor, cuando se me ocurren las mejores ideas (o al menos en mayor cantidad) y tengo que volver a encenderlo, incorporarme, sacar bolígrafo y papel y apuntar la idea. E incluso así, puede que tenga que volver a levantarme. ¿Soy solo yo, o es la maldad de nuestro subconsciente la que nos juega esas malas pasadas?
Sin embargo, por mucho que esté acostumbrada a estas cosas, mi reacción es siempre diferente. Hay veces que apago la luz pensando algo, doy varias vueltas y finalmente me resigno, enciendo la luz, lo apunto, y puedo dormir tranquila. Esa idea podría decirse que en los 15 segundos entre pensarla y apuntarla ha llegado a un momento de maduración máxima.
También está la idea súbita, que en verdad únicamente se me ha ocurrido una vez. Tumbarme con una sonrisa de satisfacción en los labios, pensar en la historia que acababa de escribir, y rápidamente incorporarme mientras decía "verdes! son verdes!". Creo que ese es uno de los días que quedará marcado en mi memoria para la posteridad... qué risa xD
Finalmente están las ideas consecutivas, como la que me ha llevado a hacer esto. Ayer al dejar el ebook sobre la mesita de noche me encontraba, para variar, hablando conmigo misma. Lo sorprendente fue que dije algo interesante, y nada más apagar la luz tuve que volver a encenderla, apuntar la frase y volver a apagar la luz. Entonces, en ese mismo instante, surgió otra idea. Me entraron ganas de sollozar mientras volvía a encender la luz, y me quedé unos segundos con ella encendida no fuera a darme de golpe otra idea.
Pero lo que sorprende más es uno de esos días en los que no tienes una sola idea por la mañana, y de golpe, al acostarte, te golpea como un balde de agua helada. Es como si nuestro subconsciente decidiera descargarse antes de irse a dormir y soltara la idea, se pusiera en standby, y no nos dejara a nostros hacer lo mismo hasta escribir la idea en un papel, a riesgo de perderla en caso contrario.
Aquí viene ahora mi duda existencial. ¿Os ha pasado esto también, o simplemente es que el mundo me odia y no quiere dejarme dormir en paz? Se agradecerían comentarios que resuelvan solvieran dudas existenciales, muchas gracias =)