WWC Día 2. Peleas de bolas nieve.

domingo, 21 de julio de 2013

Bueno, quiero hacer constancia de que cuando empecé a escribir esto, todavía era ayer, y que por ende sigo con el reto diario, más o menos. Esta vez lo he hecho de El Fantasma del Lhanda, porque sí, porque puedo que para algo es mi historia. Espero que os guste :D Cualquier cosita, comentario ^^


WWC. Día 2. Peleas de bolas de nieve.

Pocos años había nevado tanto en Edrev. O bueno, así decían las noticias. Yo nunca había vivido ahí antes durante el invierno. Aún andaba adaptándome al clima. Durante días apenas pudimos salir de casa, la chimenea siempre estaba encendida y tenía que plantarme varias veces frente a ella, colocar un tocón el el fuego, y formular unas cuantas palabras mágicas para devolverle la fuerza al fuego. Me cubría en varias capas de ropa, y bueno, me acurrucaba al lado de la perra a ver si conseguía coger calor. En esos días ninguna de las dos salía a mirar el horizonte.
Por suerte la ola de frío era tal, que no demasiados se atrevían a salir de sus casas. Cuando me aparecí (hacía demasiado frío para caminar.) frente a la puerta de la carnicería, el somnoliento hombre me dijo que llevaba dos días sin cortar la carne, que hacía demasiado frío para ello. Tardé un buen rato en convencerle y al final tuve que pringarme las manos y ayudarle a trocear la carne antes de que se pudriera. Por lo menos me llevé un gran saco a casa, y huesos para la perra. No perdí mis días de trabajo, nadie pareció molestarse, y continuamos el ritmo de nuestra vida, solo que de interior. Acurrucados frente a un crepitante fuego, aspirando el aroma de las castañas asándose, o de la carne en el horno, o del chocolate caliente...
Claro que, aquella mañana, la cosa cambió. Amaneció con sol. Todo estaba cubierto de nieve y el clima era frío, pero hacía sol y el viento no era tan frío como otras veces. Al menos se podía pasear, dentro de lo que cabe.
Como la perra llevaba varios días acurrucada en casa, me suplicó salir. Con una sonrisa, cedí, y pude ver como corría para tirarse sobre un montículo de nieve. Su cabello negro se cubrió de blanco mientras yo reía, aunque por desgracia luego se sacudió y me cubrió del todo. Me miró con sus ojos claros, juguetona.
- Pero si no tienes palo, ¿qué quieres ir a buscar?- Pregunté. Aunque no me entendiera (cosa que es mentira, me entendía todo lo que ella quería y más, pero se hacía la sueca) fue corriendo alrededor en busca de algún palo, una piña o similares. Me reí mientras la observaba.
- No te rías de nuestra perra.- Me giré, Daimen estaba envuelto en más pieles que yo, casi incapaz de moverse. Tuve que aguantarme para no reír, y pareció darse cuenta. El sonrojo apareció en sus ya rojas mejillas. Casi me dolían los labios de mantener aquella sonrisa.
- Pero la pobre no tiene qué perseguir, y quiere jugar. ¿Tú que harías?
- Hum...- Se detuvo a una distancia prudencial de mí, investigando alrededor. Yo fui acercándome a uno de los árboles de nuestro jardín en busca de una rama que lanzar.
Todo pasó demasiado rápido.
Un proyectil impactó contra mi espalda, haciéndome tropezar y cayendo al suelo. El frío empezó a apoderarse de mí, pero, antes de poder hacer nada, una nueva bola de nieve se me vino encima.
Alcé la vista, protegiéndome con una mano. Daimen estaba preparando una tercera bola.
- ¿Eso has querido?
La perra empezó a ladrar entre ambos. Le gustaba la idea de perseguir las bolas de nieve, o eso pareció darme a entender. Corrí a hacer una pequeña barrera con nieve y preparé una bola.
Por desgracia, Daimen había hecho lo mismo, y estaba cubierto tras un arbusto. Esperé un descuido suyo para lanzar la bola, que le impactó de refilón. Resoplé con disgusto, y el vaho se escapó de mis labios.
Volví a coger otra esfera fría, pero, en vez de lanzarlas, cree mi pequeño arsenal.
Luego, poco a poco, fui lanzando esferas, viendo como Daimen intentaba protegerse y contrarrestar. Ambos estábamos calados, seamos sinceros, para cuando la horda de bolas de nieve flotantes alcanzó de frente a Daimen. Con un gruñido, abandonó su escondite, y lancé un par más de mi arsenal. Una de ellas fue interceptada por la perra, quien saltó grácilmente para cogerla y acabó destrozando la esfera. Un ladrido de satisfacción resonó unos segundos en el ambiente.
- ¡Tramposa!
- ¡No haberle declarado la guerra a una bruja!
- ¡Creí que eras una bruja inútil!- Sin miramientos, alcé una montaña de nieve sobre él, que lo aprisionó hasta la altura del cuello. Cuando me acerqué, tenía los ojos cerrados de miedo.
- Eso ha dolido.
- No por eso deja de ser cierto.- Otra bola acabó en su cabeza, sus cabellos castaños empezaron a apelmazarse sobre su rostro, completamente calados, e hice una pausa para apartarle un par de mechones.- ¿Cómo lo has hecho? No tienes el grimorio.
- Estar tantos días en casa me ha hecho practicar hechizos, por si no te has dado cuenta.- Musité, con una sonrisa en mis labios.- Debería hacerme un libro de hechizos de bolsillo para ganarte en las peleas de bolas de nieve.
- Tramposa.
- Habló, el que me atacó por la espalda.
La perra quiso interponerse en nuestra discusión, abalanzándose sobre un Daimen atrapado por la nieve y empezando a lamerle el rostro. Me reí, mientras la bajaba y ayudaba a Daimen a salir del montículo de nieve.
- ¿Te duchas conmigo?- Preguntó, sonreí de medio lado.
- Claro, necesitas que alguien te caliente el agua, no me digas más.
- Un poco.
- Pero yo solo soy una bruja inútil...- Me quejé, poniendo mi mejor tono sarcástico mientras entraba a la casa.
- Y cocino yo.- Me rodeó la cintura con cariño, y la sonrisa se ensanchó en mis labios. Me giré, todavía sin decir nada, hacia él.- Y preparo la cena, venga.
- ¿Y? Seguramente acabemos cenando castañas asadas al fuego mientras dormitamos los tres en el salón, quiero algo más, eso podría hacerlo hasta yo. Es más, el fuego lo controlo yo.- Me quejé. Daimen bufó.
- Bueno, ¿y si acabo de convencerte en la bañera?
Me hizo girar, colocándonos uno frente al otro, y me atrajo hacia él. Me dejé seducir unos segundos por sus labios húmedos y fríos, por su mano recorriendo mi espalda y por las hermosas expectativas de la ducha. Me separé, no sin antes darle un mordisco cariñoso a su labio inferior.
- Bueno, yo también necesito entrar en calor...

WWC. Dia 1. Suéter

viernes, 19 de julio de 2013

Hola! Bueno, voy a empezar un reto de escritura, el winter writing challenge (en pleno verano, sí, para evitar el calor). En rigor empezaré 3, pero no sé si los escribiré todos todos los días, ni sobre qué los haré, si será original, si serán fics... qué serán. ¿Qué más da? Básicamente es para fomentar la escritura, presionarme para escribir un poco día a día. A ver si lo consigo :D Es básicamente lo mismo que los drabbles de ask, una o unas pocas palabras para sacar una idea. Ya veremos como va. (por cierto, si quereis que el siguiente sea de una pareja en concreto, o algo, lo podeis decir).

Así que nada, ya empiezo.

WWC. Día 1- Suéter.

La ciudad estaba iluminada con tantos adornos navideños que parecía que siempre era de día. Pasearse por aquellos escaparates llenos de juguetes y suéteres de punto hechos con tanto amor siempre había sido uno de sus pasatiempos favoritos. Luego, por desgracia, no compraba nada, o mucho menos de lo que en realidad quería. Tenía una carta llena de deseos que nunca se cumplirían.
Por desgracia, la magia de las navidades terminaba casi tras empezar.
Abandonó la calle principal en busca de alguna tienda más modesta, como las de antigüedades con objetos antiguos que guardaban hermosas historias. Siempre había deseado poder llevar una de esas tiendas, pero la vida sigue sus propias directrices, y parecía haberse quedado por el camino. Concretamente en un camino lleno de desempleo, desamor y falta de dinero. Además ahora era un camino frío, que olía a dulces que no podía permitirse y tenía la textura de los suéteres de algodón que solo podía acariciar en las tiendas.
Ojalá, aunque solo fuera por un día, pudiera vivir en el mundo de sus sueños.
Como caminaba perdida en sus pensamientos, no llegó a fijarse en que un bloque de nieve se había condensado y convertido en hielo y, al pisarlo, tropezó y empezó a deslizarse calle abajo. Si no hubiera sido porque un hombre con abrigo negro se cruzó en su camino, seguamente habría sido atropellada por un coche y, lo peor de todo, seguramente habría sobrevivido pero no se habría podido costear la operación, y estaría coja para siempre.
Y ahí acabo, tirada en el suelo encima de un hombre que, con su suerte, iría a denunciarla. Sin embargo no quiso levantarse, no de momento. Era cálido, y olía a chocolate caliente. Seguro que acababa de tomarse uno y lo tenía por encima. Esa idea hizo que se incorporara corriendo.
- ¡Lo siento! ¡Dios, lo siento muchísimo!- Murmuró, corriendo a tenderle la mano mientras lo inspeccionaba. No había rastro de manchas de chocolate caliente. Lo que si vio fueron unos ojos verdes como el árbol de navidad de su utópica casa, con unos hermosos cabellos negros que la nieve parecía adornar de manera premeditada. Y lo bien que le sentaban los vaqueros, entallados, con su jersey oscuro y aquel abrigo...
Seguro que iba a demandarla, pero al menos disfrutaría de las vistas en el juicio.
- No, no, tranquila, al menos he evitado tu muerte.- Sonrió él.- ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
No, aquello no entraba en sus planes, la gente no era buena con ella, la miraban por encima del hombro mientras vivían su vida feliz. Captaba el desdén cuando preguntaba el precio de un objeto, sabiendo que no podría permitírselo ni en un millón de años. Y ni siquiera era un vagabundo, a ellos, directamente, ni los miraban. Era ella, que tenía poco, la que compartía el resto con ella.
- ¿Te acabas de quedar muda?- Bromeó el joven.
- Lo siento, es que... me has sorprendido. Creí que te pondrías como una moto.
- ¿Por qué iba a hacerlo? Te has hecho más daño que yo.
- Pero si caí sobre ti...
- Digo en general.
Llevaba todo el rato mirando a sus pies, casi nerviosa de ver su propio reflejo en su mirada. Pero entonces alzó la vista, y vio la compasión en sus ojos. Se había acostumbrado tanto al desdén, que ese nuevo sentimiento la sorprendió más que el anterior.
- Yo no...
- Si hasta tenías miedo de que te denunciara, no mientas.
La sonrisa se atisbó en sus labios, sincera por primera vez. Aquel brote de amabilidad hacia su persona había conseguido que la semilla de la alegría empezara a crecer de nuevo.
- Venga, déjame invitarte al menos a un chocolate caliente.
"Déjame saborearlo de ti" Oh, Dios mío, ¿acababa de pensar eso? ¿En serio? Se sintió traicionada por su mente. Solo pudo asentir, siguiendo al joven.
La tomó de la mano mientras avanzaban, y la calidez de sus dedos se fue pasando a los suyos, trazando pequeños círculos en el dorso de su mano. ¿Lo haría a posta, o sería un acto inconsciente? Prefería no preguntar, aquello parecía nuevo para ella.
Entraron a una pequeña cafeteria, con apenas un par de clientes y una señora mayor encargada de servirles. Él la indicó que se sentara y fue a la barra. El aroma a dulce la abrióel apetito, preguntándose si él cambiaría de idea y tendría que terminar pagando el chocolate. No le quedaba demasiado dinero, y prefería gastarselo en comprar regalos para la poca familia que le quedaba.
- Ya está, toma.- Le tendió una taza de chocolate llena hasta arriba, con dos malvaviscos que flotaban a duras penas entre tanto chocolate.- Si quieres puedo pedir churros.
Su boca dijo no, pero su estómago sí. Riendo, el joven volvió a la barra.
- ¿Cómo te llamas?- Dejó el plato de churros entre ambos. Ella se resistía a probar bocado.
- Mara - Contestó, sorbiendo lentamente el chocolate. Una fina capa se pegó en sus labios cuando posó el vaso y, con cuidado, se pasó la lengua por los labios. Al rato se dio cuenta de la intensa mirada de su compañero y, sonrojada, cogió una servilleta.
- Es un placer, Mara. Me llamo Grant.
- Creí que eso era un apellido.
- Es un poco de todo.- La sonrisa se formó en sus labios, y Mara tuvo que apretar la mano contra su pantalón para contenerse. Era adorable.- Bueno, cuéntale algo al hombre que indirectamente ha impedido que mueras... ¿estudiaste algo?
- No, bueno, sí. Empecé a estudiar literatura, pero por desgracia, antes de terminar la carrera, mi padre, el único de la familia que trabajaba, sufrió un terrible accidente y murió.- El recuerdo todavía la abrumaba por las noches, aunque hubieran pasado más de cinco años desde entonces. Evitó que Grant se disculpara al seguir hablando.- Mi madre no podía llevarme a la universidad con el poco dinero de la pensión, así que busqué empleo. Pero no me fue muy bien, he sido camarera en varios restaurantes, y he ahorrado un poco por si decido finalizar la carrera algún día. Pero lo veo difícil...
- ¿Y eso?
- Bueno, ahora estoy resistiendo a base de esos ahorros universitarios.
- Oh, vaya.
- ¿Y tú?- Bastante que ya había hablado. Con un poco más de confianza, decidió atacar los churros. El azúcar se quedó pegada a sus dedos.
- Bueno, yo aún intento sacarme la carrera de medicina.- Claro, rico, iba para médico.- Mis padres me obligaron, aunque preferiría mil veces algo más modesto.
- ¿Qué querías hacer?- ¿Por qué se molestaba? Solo estaba siendo amable con ella por eduación, estaba segura.
- No lo sé, bellas artes, puede, siempre he sido bueno dibujando. Pero claro, no hay demasiados artistas que vivan de ello.
- Yo me basto con ser bibliotecaria, si te sirve de consuelo.- Bromeó ella. El chocolate parecía estar cambiándole el humor.- O trabajar en una tienda de antigüedades. En una librería antigua o simplemente en una tienda de segunda mano. Conocer la historia a base de objetos corrientes y...
Estaba hablando demasiado, seguro que la tomaba por un bicho raro. Calló, sujetando la taza de chocolate con las dos manos, ya casi vacía.
- Me parece una vida apasionante.
- No bromees, tu vida como médico, o como artista, seguro que es mil veces mejor.
- Pues no lo creo. Si quieres hacemos la prueba.
- ¿Qué propones?
- Vamos a ir a una tienda de antigüedades o a una librería, y vamos a conseguirte ese trabajo que tanto ansías. En una semana veremos quién es más feliz, si tú o yo.
- Eso implicaría volver a vernos.
- ¿Acaso es malo?
- No, solo... Sorprendente.- Cuando decía que no tenía muchos amigos iba en serio. La gente parecía apartarse de ella por su estatus social. Y bueno, su vida a la caza y captura de un trabajo tampoco la volvían la persona más sociable.
- Bueno, pues vamos a empezar.- Salieron de la cafetería, y de nuevo fue llevándola de la mano. El contacto ya no se le hacía tan raro, aunque ahora empezaba a ruborizarse. En parte era bueno, hacía mucho frío en la calle y, por lo que parecía, empezaba a nevar.
De golpe pararon frente a una tienda de antigüedades. Estaba en un callejón, no demasiado a la vista, con las ventanas cubiertas de vaho. Seguro que dentro hacía mucho calor. Abrieron la puerta y escucharon, aparte de las campanitas que indicaban clientela, el crepitar de un fuego. El aroma de la madera ardiendo impregnó su nariz, y el aire cálido le aclaró las mejillas un poco. Despegó sus labios, con una sonrisa.
- Buenos días.- Escucharon al fondo. Un hombre de mediana edad se acercó a ellos. Llevaba un cartel de "se busca empleado" entre las manos.
Aquello tenía que ser un sueño o algo. Seguro que se había partido la crisma al pisar el hielo.
- Mira qué suerte, Mara.- Sonrió Grant.- Justo íbamos a preguntarle si no le importaría contratar a mi amiga.
El hombre la inspeccionó. La verdad es que iba bien vestida, con un cálido suéter de cuello alto, azul claro, que resaltaba su cabello pelirrojo. Éste estaba hecho un desastre, apelmazado por la nieve que empezaba a derretirse. Y su abrigo estaba destrozado por la caída. No iban a contratarla así, estaba segura.
El hombre empezó a hacer las preguntas básicas. Nombre, edad, estudios, otros empleos... Contestó con algo de timidez, nerviosa. Era el trabajo de sus sueños, en una tienda llena de objetos antigüos y librerías que empapelaban la pared. No había una tienda que se adecuara más a sus deseos. Aquello era un sueño. Debía serlo.
- Abrimos a las ocho, así que ven a las 7 y media. Y cerramos a las nueve de la noche, excepto casos especiales. Por supuesto, tienes un descanso de 3 horas para comer.
Asintió. Si era un sueño, que nadie la despertara. Grant dio las gracias por ella, que parecía haberse quedado muda de la sorpresa, y ambos se despidieron y salieron de la tienda.
- Estoy muerta, no hay otra razón.
- ¿Acaso no crees en los cambios de suerte?- Bromeó él.
- Con mi experiencia, no, no creo.
Un silencio incómodo se hizo entre ambos. Grant miró el reloj, nervioso.
- Bueno, pues  entonces, vuelve a hablarme de aquí a 3 días, a las ocho treinta y siete de la noche. A ver si cambias de opinión.
- ¿Y si para entonces he salido del coma en el que me dejó el coche que me atropelló, y desaparezco?
- ¿Hay alguna forma de convencerte que no estás en coma o algo?
- No sé, ¿algo que sea real? El desdén de siempre, las miradas por encima del hombro... Esto no es normal.
Grant sonrió, sacando una tarjeta de su bolsillo.
- Cuando decidas que no estás soñando, vuelve a llamarme.
Mara cogió el trozo de cartón, con su nombre, dirección y apellidos, y se quedó observándolo. Grant se despidió de ella y continuó caminando hacia su casa. Miró al cielo.
- Sé que dije de vivir un día en el mundo de mis sueños, pero preferiría si pudiera alargar el plazo al menos a tres.

Cambio de papeles ~Microcuento~

miércoles, 17 de julio de 2013


Dejo un relato recién salido del horno, ha sido basado en hechos reales después de ser por un día la madre en esta familia, jajaja. Sigo escribiendo historias, pero estas cositas son más fáciles de escribir que el Lhanda, por ejemplo.
Y nada, espero que estéis disfrutando del verano los del hemisferio norte, y del invierno los del Sur. A mi se me están derritiendo las ideas, con este calor no hay quien pare.
Un besín!

Cambio de papeles

Llevaba varios días quejándose de gusto. Después de un año fuera, la joven por fin volvió a casa, donde su padre la mimaba como no estaba escrito. Siempre había sido un poco niña de papá, siempre le había gustado que la cuidaran, y muchas veces era un poco culo de sofá a la hora de hacer la cena.
Estaban a punto de dar las once y su padre seguía sin aparecer. Empezaba a preocuparse. No es que tuviera hambre, había cenado bastante. Pero por mucho que muchas veces se quedara sentada, o esperara a que le pidiera ayuda para acudir a la cocina, o por lo poco que parara en casa, no por ello estaba menos preocupada.
La puerta se abrió y la figura del hombre cansado avanzó hacia el salón, básicamente para decir que iba a lavarse. Ni una palabra de la cena, eran ya las once y diez y nada. Salió de la ducha y se desplomó en el sofá. Agotado, sin siquiera haberse duchado y oliendo a sudor.  Se le escuchaba resoplar cada poco, y su día distaba mucho de acabar.
Ella era la hija, la niña mimada y la culo de sofá.
Se levantó, dirigiéndose a la cocina. Sacó un paquete de salchichas de la nevera mientras iba hacia el lavavajillas. El aire cálido que escapó nada más abrir la puerta le hizo saber que había que sacar toda la cubertería. Olvidándose momentáneamente de ello, sacó únicamente la sartén y un par de platos pequeños. Echó aceite y encendió la vitrocerámica.
El sonido de los platos siendo colocados se iba alternando con el de rellenar las jarras de agua, o con el crepitar del aceite. Cuando estuvo caliente echó las salchichas y siguió guardando vasos; cuando acabó con los vasos, giró las salchichas y fue con las tazas. De nuevo giró, y de nuevo fue guardando la cubertería. Cuando estaba acabando, apagó la vitrocerámica y dejó que las salchichas se hicieran lentamente mientras guardaba y tiraba la basura.
Al terminar, llevó al salón en una mano los dos platos con sus cubiertos, y en otro el kétchup y la bebida. Por suerte, los vasos ya estaban ahí.

Su padre sonrió, cogiendo uno de los platos y dándole un beso en la mejilla. Le hizo cosquillas con su barba, aunque ya casi estaba acostumbrada. Ambos comieron en silencio y, al finalizar, la chica recogió mientras su padre se iba a la cama, aún sabiendo que no iba a dormir.

Ella era la hija, la niña mimada, y l culo de sofá.
Pero, a veces, sabía cambiar los papeles, y convertirse en la madre.

Sin que la luna pueda verlo ~Microcuento~

martes, 9 de julio de 2013



Os dejo con un microcuento introductorio para una historia-sueño que tuve. Ayer me tocó tarde escritora tras un examen bien hecho y una buena noticia. ¡Aprobé bioquímica! Me he quitado una asignatura mortalmente complicada y eso me ha ilusionado. No os olvidéis que, si te propones algo, siempre serás capaz de conseguirlo.
Y dejo la parte filosófica optimista para mostrar esta introducción. Si gusta, seguramente acabe poniendo más extractos de las historias que vaya escribiendo y de las que no sabéis nada, para ver qué aceptación tienen.

~Sin que la luna pueda verlo.~


Avanzaba veloz, dejando atrás los aromas del pino, el eucalipto, y todas las flores silvestres que se encontraban al linde del camino. Seguía un rastro, algo que no sabía qué era. Reconocía el aroma del frío mientras avanzaba, pero no era capa de discernir a qué se enfretaba.
Alzó la vista. La luna en el cielo se encontraba brillante en su cénit. Redonda y argéntea, iluminando su camino.
Aunque, sabía, pronto ni la luna sería capaz de seguir sus pasos.
En su mente seguía dándole vueltas a las palabras de su compañero antes de irse. “No puedes irte, no me dejes solo…” Su respuesta no había sido demasiado acertada, decirle que no podía ponerse así por un día fue como si hubiera activado algún tipo de alarma interna, las lágrimas asomaron en sus ojos verdes, y frunció el ceño. “Temo que no vuelvas” No debería sentir miedo por cosas así, había salido más veces…
Aunque él también lo sentía.
Un viento frío recorrió su lomo. Su cabello se erizó mientras cambiaba su dirección, siguiendo la del viento. Poco a poco fue adentrándose en sendas más oscuras, las copas de los árboles cubrían casi por completo la silueta de la luna. Los olores fueron apagándose, como si desaparecieran a medida que avanzaba. Como si el olfato se negara a seguir adelante.
Pronto la vista también se volvió inútil, las sombras bailaban a su alrededor y el aire se volvió más denso. El vaho se formaba con cada respiración acelerada que realizaba, mientras intentaba otear. No se veía capa de avistar la figura que buscaba. Era como estar persiguiendo fantasmas.
Una mano lo atrapó de una pata, mientras se debatía por avanzar. Era fuerte, firme, y fría. Se apretaba y era como si poco a poco perdiera una parte de sí mismo.
Poco a poco, las manos fueron encerrándose más y más, cubriéndola. Se enredaban entre el pelo y desgarraban la piel, haciendo que quejidos lastimeros escaparan de su garganta. No era una batalla, no era equitativa. Las sombras eran inalcanzables, poco a poco cubrieron su cuerpo, la sangre escapó de todas sus heridas y, con un último lamento, alzó la vista hacia los pocos resquicios de la luna que se vislumbraban entre las copas de los árboles.
Y aulló.

Nominada :3

viernes, 5 de julio de 2013

He sido nominada por Magic Words a una encuesta (mira que disfruto con las preguntas :D) super sencilla. Tengo que decir, antes que nada, que esta mujer me mata de amor con sus historias y sí o sí deberíais leerla en wattpad  porque es lo mínimo que se merece.



Nombrar y agradecer el premio a la persona/ blog que ha concedido la nominación.
-Hacerte seguidor de alguna manera del blog.
-Responder a las 11 preguntas que te hace.
-Conceder el premio a 11 blogs que te gusten, que acaben de empezar, que tengan pocos seguidores… 
-Hacer 11 nuevas preguntas a quienes son premiados.
-Informar del premio a cada uno de los blogs que nomines.


1-¿Por qué creaste un blog? ¿Y cuáles son tus expectativas? 
 Mi primer blog, Delirios a  Máquina, surgió de un concurso de clase en el que teníamos que escribir noticias. Yo lo usé como una especie de diario hasta que me cansé y al empezar a publicar las historias en internet, creé el blog que uso ahora. Beyond a Writer's Mind. Delirios a Máquina, si soy sincera, me gustaría usarlo, porque adoro el nombre, pero no sé con qué, así que, de momento, aunque con un cambio de cara similar a este, no tiene demasiado.
Mis expectativas no las tengo claras, me gusta publicar microcuentos aquí, y cosas sobre las historias, porque siempre tengo mucha información que me viene a la cabeza y a veces no puedo incluir, y muchas historias que andan a medias. Supongo que es para publicar un poco lo que me entra en la cabeza, y mejorar la información sobre mis personajes.
2-¿Cuántos libros lees por mes?
 Depende, últimamente pocos por la universidad, y porque leer Canción de Hielo y Fuego es demasiado denso como para fusilarlo en un mes. En un mes y libro normales, de vacaciones, pueden caer 2 o 3 según la situación.
3-¿Separas de tu presupuesto mensual o anual, dinero para libros?
No. Admito que el ebook también me ha hecho un poco ratera, me planteo comprar libros en formato pdf pero no me parece lógico que el precio sea solo 2 euros más barato que el libro en papel. Hasta que no sea rentable, vivo en la franja pirata de los libros, quitando algunos como los de nosolorol que sus librojuegos son majos y asequibles, y siempre tienen una oferta.
4-¿Con qué personaje de algún libro te identificarías?
Ay, no puedes preguntarme esto, es muy difícil escoger. Aunque un poco como Harold Winslow, de The Dream of Perpetual Motion (que creo que no está en castellano). También me gustó mucho Vin de Nacidos de la bruma.
5- Los tres peores libros que leíste en tu vida.
Melibea no quiere ser mujer, un libro que me mandaron leer en el instituto, basado en la celestina y que ni fui capaz de acabar.
Crepúsculo, pero porque no me gusta ese género. No me disgustaba demasiado como estaba escrito, pero muy edulcoradamente cursi para mi gusto.
Y Nada, de Carmen Laforet. Sigo pensando que lo peor que pueden hacer en el instituto es hacernos leer libros que no nos gustan, y ese además era muy extraño, el principio entraba bien, pero el final era muy apelmazado y ni siquiera sabías por donde tomarlo.
6- Los tres mejores.
Nacidos de la bruma, la saga entera, me encantaron hasta otro nivel. Brandon Sanderson FTW
The Dream of Perpetual Motion. Ese libro es Dios y quien me diga lo contrario miente.
Los Juegos del Hambre por todo lo que me hicieron llorar y lo preciosos que son.
7-¿Prefieres clásicos o incursionas en cosas nuevas y aún no conocidas?
Tiro muy poco hacia los clásicos, me gusta leer cosas nuevas, cosas que me recomienda mi madre. Ella tiene más experiencia que yo por estos lares. De todos modos, clásicos clásicos, he cogido pocos. (Algún día, en verano mientras ando tumbada en la playa :3)
8- Es verdad que quien no sabe escribir crítica. 
Seguramente los que sepan también. Supongo que es un poco de envidia para esas personas, que quieren frustrarte un sueño que tú sigues persiguiendo y ellos tal vez han dejado de lado. O simplemente porque estás disfrutando haciendo algo que te gusta, como si eso fuera a pararte. Pero bueno, a palabras necias, oídos sordos.
9-Género al que le tienes ganas, pero aún no te animas a encarar. 
(Supongo que te refirieras a escribir y no a leer, porque he contestado basándome en eso)
Buena pregunta, siempre me he movido en lo fantástico, me siento muy cómoda en ello, y casi ni he tocado la ciencia ficción. Otra cosa que me gustaría es algo del tipo misterio, más bien el género detectivesco, tenía una idea muy buena en mente sobre ese tema, pero es algo complicada y me da miedo hacerlo mal. Eso sí, la idea sigue rondando por mi cabeza. (Mirando la pregunta de abajo, también me gustaría probar a escribir algo erótico, aunque a saber cómo serían los resultados :P)
10-¿Crees que lo erótico es lectura solo para mujeres? 
No, para nada. Que los libros que han salido están más dedicados al público femenino, seguro. Que un hombre no pueda disfrutarlos, no creo. Si existen fanfics eróticos escritos por hombres y que, evidentemente, leen hombres, solo hay que esperar que haya un libro que abra el mercado.
11- Recomiéndame una pregunta y responde como te guste, hasta diez pienso… once es demasiado para mí
Qué maja eres, chica, ahora me toca pensar a mí... Bueno, allá va.
¿Qué haces cuando te bloqueas escribiendo?
Sinceramente, lloriquear, pasar a otra cosa o incluso olvidarme de ello. Cuando logro recuperar la compostura, sigo con la historia, a veces con algún cambio o añadiendo alguna cosa. La verdad es que mi bloqueo suele venir asociado al estrés de las clases, y cuando acaban se me pasa.

No voy a nominar a nadie porque básicamente sigo pocos blogs activos y por lo que vi ya habían preguntado a todos, (vale y porque no quiero hacer las preguntas). Espero que nadie se sienta ofendido por esto :P
Y bueno, esperemos que algún día vuelva a escribir Lhanda, o a publicarlo mejor dicho, seguramente cuando acabe los exámenes. Os veo pronto, espero! Un besín =)