Nuevas esperanzas ~Drabble~

sábado, 29 de marzo de 2014

¡Buenos días!
Y lo logré, four by flash finalizado. Con este último relato he logrado escribir los 16 que me tocaban para este mes, y creo que ahora voy a ponerme a tope a revisar Lhanda y escribir la molécula de la discordia (e historietas cortas de Prejuicios Orgullosos, que he decidido ubicarlas en el mismo universo), que me lo merezco.
Y estudiar, pero bueno, hay tiempo para todo.
Y he finalizado de nuevo con Lethan y Lenne, un relato corto posterior a los dos que había escrito a principios del four by flash. La verdad es que ya estaba sin ideas y cuando me puse, salió solo. Así que no me quejo.
(Algún día debería escribir su historia, pero para eso queda todavía mucha preparación.)
Espero que os guste :)


- ¿Crees que volverás a volar?
Giré la cabeza, observando a Lenne sentada sobre el tejado de la casa, observando la puesta de sol. Le había explicado que me iría cuando viera que al comenzar las clases iba a estar a salvo. Necesitaba dejar el nido, o lo que fuera aquella ciudad cobijo para mí, y buscar una solución a mis problemas. Sobre todo ahora que ella volvía a ser una persona decente y social.
- Algún día, supongo.- Murmuré, observando las nubes sobrevolar el cielo, cubriéndose de rojo a medida que se acercaban al bajo sol. No estaba muy convencido, pero tampoco quería darle falsas esperanzas. Bajé la mirada y vi que llevaba un rato mirándome, con los ojos entrecerrados. Me encogí de hombros, preguntándome cuándo acabaría el escrutinio que me estaba poniendo nervioso. Ella suspiró y volvió a mirar al cielo.
- Pues yo creo que sí.- Sonrió, contagiándome al instante. Resultaba irónico que ahora ella fuera la positiva, pero las tornas cambiaron mucho en el verano, y cuanto más salía y ella más aprendía, notaba el ambiente de la casa cambiando, el sol entrando en todas las habitaciones y dejando atrás la oscuridad en la que habíamos vivido. Había sido un verano duro para ella, pero me alegraba ver que estaba mejor.
- ¿Y cómo es que lo crees?- Me atreví a preguntar, sonriéndole de lado.- Puede que no pueda volar nunca más.
Ella no contestó al instante, no sé si porque estaba buscando las palabras adecuadas o porque las últimas luces del día habían habían terminado por conquistarla del todo. Me quedé esperando, viendo los últimos resquicios de luz desaparecer por el oeste y, cuando seguí sin escuchar nada, decidí bajar. Estaría bien comer algo.
- Sé que vas a volar porque tengo esperanza en ello.- Comentó, me giré para mirarla con curiosidad, exigiéndole una explicación más precisa.- Has logrado que recupere todo, claro que tengo esperanzas puestas en ti. Yo era un caso perdido.
- No, solo eras un tanto exagerada.- Bromeé, ganándome un merecido empujón. Salté antes de perder el equilibrio, cayendo en la terraza.
- Además, si necesitas ayuda… puede que tenga algo para ti.
- ¿Algo?- De golpe me sentí incómodo. Sabía que Earlenne solía tener ideas descabelladas y sentía que esa sería una de ellas. Pero al mismo tiempo me dejé vencer por la emoción y esperé con ansias su solución. Lenne lo notó y ensanchó su sonrisa. Sí, había ganado. Pensaba aceptar cualquier propuesta que saliera de sus labios, por muy descabellada que fuera.
- Sí, tengo… un hechizo. Si funciona, creo que podrías tener alas.- Admitió, mordiéndose el labio inferior.- Tal vez sea descabellado, pero…
- Lenne.- La callé, algo serio.- No necesito que me lo expliques.
Ella me miró, preocupada. Aproveché los cinco segundos de silencio para preguntarme si podía aceptar su ayuda y merecía la pena arriesgarme tanto por volver a dejar mis pies lejos del suelo.
Acabé por convencerme.
- Confío en ti. En cuanto estés preparada, hazlo.

Quince años de frialdad ~Microcuento~

jueves, 27 de marzo de 2014

Irónicamente, es el relato número 15 del four by flash, y el anteúltimo de este mes del four by flash (por fin). Lo siento, pero me estoy quedando sin ideas y es frustrante.
Este microcuento sale de una pregunta en mi ask, que puse esta tarde en twitter y me dieron una serie de palabras para utilizar en el relato. En rigor me habían dicho que al menos tres, pero como estoy así de loca, usé todas las palabras que me habían dado.
 Recuerdo que si queréis podéis proponer un relato corto en mi ask, ya sea con una palabra, frase o lo que sea, que sobre todo ahora me son necesarios, aunque solo me quede un relato para acabar.
Y sin más miramientos, dejo el microcuento.



Habían pasado quince años desde aquella noche, aunque la recordaba a la perfección. Cuando el profesor de tenis y la doncella asfixiaron a su madre, llevándose gran parte de su herencia, ella había estado allí, escondida en un armario. Era pequeña, pero supo que era mejor callar. Su felicidad se había desvanecido con el ultimo aliento de la mujer, y el recuerdo la perseguiría por toda la eternidad.
Y nunca olvidó. Observó a través de la ventana la tormentosa noche, no era fácil distinguir nada, excepto cuando los truenos iluminaban las copas del bosque de abetos que rodeaba la casa, esperando con paciencia. El reflejo de la ventana le devolvió una mirada que emanaba la sabiduría de los búhos, de años de observación y conocimiento. Sin embargo, la curva excesiva de su sonrisa desfiguraba su rostro, demostrando que hacía tiempo que aquella joven había perdido la razón.
Y entonces lo vio, un fuerte rayo mostró las siluetas de ambos individuos colgando del bosque, sus inertes cuerpos ondeando al viento. Ensanchó su sonrisa y volvió al comedor.
Ella se había molestado en no dejar pruebas, en poco a poco reducir la moral de ambos individuos, en reducir sus esperanzas a una soga colgando de un abeto. Habían dejado la comida sin tocar, corriendo al comedor como si la vida los estuviera persiguiendo. Años como su doncella, pero al fin había saldado sus cuentas.
Se sentó, cogiendo uno de los trozos de pizza que estaban intactos sobre la mesa.
La venganza se servía fría, pero la pizza no.

La importancia del prólogo

miércoles, 26 de marzo de 2014


Va venga, me he despertado con ganas de otro writetip (aunque de ahí a que lo publique...) y es que ayer hablando con una amiga me dijo que normalmente sus primeros capítulos eran raros, cuando yo le comenté que me había quedado un tanto perdida al leer su primer capítulo (a ver, que también puede ser porque vivo dormida hasta que me vuelvo a meter a la cama).

Pero es que, pensando en lo que me dijo... ¿De verdad está contenta?

Porque a ver, yo soy la primera en leer algo y, si el primer capítulo no me convence, dejo de leer.
Y no debo ser la única (stats en wattpad de El fantasma del Lhanda -dadle una oportunidad que ayer me dijeron que los últimos caps ya son algo que perfectamente se leería en un libro.-)

Bueno, es un ejemplo básico. Los primeros capítulos tienen que atraerte, así como la sinopsis, y si no dejas de leer.
Básico, ¿verdad?
Entonces, ¿qué tiene que tener un prólogo? ¿Y por qué deberíais confiar en mi teniendo esa gráfica de mierda?
Respondiendo primero a la segunda pregunta, aparte de porque deberíais ver cómo está el prólogo, porque está escrito hace 4 años y se nota mucho la diferencia en el estilo. Pero creo que si luego una media de 200 personas visitan la página, algo deberé estar haciendo bien... Al menos supongo. Podría estar mejor, pero también he visto cosas peores (además de que mucha gente se cansa de mi inconstancia, pero eso es otra cosa).

Y ahora, vamos a lo importante.

¿Qué tiene que tener un prólogo para atraer a los lectores?

Fuente
Yo lo que siempre he intentado es atraer la acción al principio. Presentar los personajes al mismo tiempo que comienza la acción. Por ejemplo, el despertador sobresalta a la dormida Clarya y la tengo corriendo a esconderse para no ser vista. Y al mismo tiempo que voy describiendo (poco, porque yo siempre describo poco aunque lo intente) tanto a Daimen como el ambiente, intento mantener un dinamismo. Una charla para intentar llamar su atención, un intento de escape... Simplemente atraelos con algo más que una descripción y una presentación de personajes, algo que te diga "oye, pues me quedo con las ganas de saber qué es lo que pasa...".

Por otro lado, La molécula de la discordia, una especie de noveluca que ando escribiendo ahora, comienza más tranquila, pero intento al mismo tiempo sembrar una pizca de curiosidad y añadir un toque cómico para seguir atrayendo. (cuidado, es un first draft y estará mal no, lo siguiente, pero supongo que aun así comprendais que intento darle un toque de humor)


Los libros se acumulaban a un lado del microscopio, superando en altura el aparato. El joven de cabello castaño rizado levantó la vista de los binoculares para echarle un último vistazo a los cuatro tomos abiertos al tiempo y cubriendo por completo la superficie a su alrededor, antes de volver a observar satisfecho el microscopio y cerrar los libros.
Sí, sin duda alguna, las setas alucinógenas que había comprado tenían esporas de sobra para volver a crecer. Y de buenísima calidad.
 Y, dejando de casos prácticos sobre mi. ¿Qué hacen los grandes escritores?

Patrick Rothfuss te cuenta tres tipos de silencio, y lo hace con tanto detalle, tan minuciosamente contado, que no te dice nada y te lo dice todo. Y pese a que no te muestra una acción, no te muestra un pasado y te muestra poco más que tres silencios, te sigue enganchando. ¿Por qué? Joder, es Patrick Rothfuss, en serio...
Y ahora pongámonos en serio un instante. No es solo porque sea Patrick Rothfuss, ese hombre escribe como los dioses y lo hace todo interesante, además de ser algo original y poco visto. Y bueno, también tiene su rutina, que debe ser algo como esto:
  1. Escribe
  2. Revisa y edita.
  3. Se lo hace leer a alguien.
  4. Revisa de nuevo y vuelve a editar.
  5. Lo vuelve a hacer leer
  6. Sigue inseguro
  7. Revisa y edita
  8. Ahora parece convencerle... pero...
  9. Revisa y edita
  10.  Lo envía
  11. Lo publican
  12. Se hace rico.
Y así estamos, esperando la continuación a su novela. (Aunque creo que sale pronto, yo aún tengo para un ratín con la de El temor de un hombre sabio)

Sin embargo, pensad un segundo, pensad en los libros que habéis leido (y leed alguno si no os acordáis), pensad en el fanfic que leisteis la semana pasada. ¿Qué os hizo seguir leyéndolo? Porque si os deja mal sabor de boca, no creo que lo volvierais a leer. Es por eso que es importante captar la atención al principio, como si de un pez se tratara, como si pescáramos al lector con nuestra narración. Y sin el como, justo de eso se trata.

Aunque, por supuesto, eso no significa que debamos dejar de mejorar después. Pero los primeros capítulos son importantes, porque nos introducen en la historia, tienes que presentar bien a los personajes y la trama, crear problemas que parece que no tienen solución y acabar formando el libro perfecto.

Claro que, antes que eso, hay que escribir mucho.

Y antes de despedirme, voy a dejaros con otra lista sobre cómo comenzar un texto que atraiga al lector :)

Fuente

¿Y vosotros? ¿Qué le añadiríais a un prólogo como "cebo" para vuestros lectores?

Salvada por un monstruo. ~Drabble~

martes, 25 de marzo de 2014

¡Buf! Ponerme con el segundo relato de esta semana me ha costado demasiado, si os soy sincera. El primero salió casi solo, también porque ya lo tenía medio pensado, pero cada vez me quedo con menos ideas y se nota, es como si se me fuera la inspiración.
Por suerte recurrí a una writing prompt que tenía guardada en pinterest, y me sirvió para escribir un Drabble. Espero que os guste :)
Gracias por inspirarme :)

Salvada por un Monstruo

El general llegó a la linde del bosque con calma, como si le importaran poco los rumores que circulaban acerca de él. Se fijó en las ramas de las coníferas, escrutando cada afilada aguja con los ojos entrecerrados, antes de volver a observar a la única mujer que se había dignado a explicarle el camino. El resto de tanto viandantes como pueblerinos le habían dado largas, algunos rezando a dioses que sin duda alguna no iban a prestar atención a su auxilio.  
E ignoraban a quien sí. Por la mente del general se le cruzó la idea de volver. No merecían ser ayudados.
Pero, sin embargo, habló con la joven.
- ¿Dice usted que aquí habita esa malévola especie?
- Sí… Se llama Lobisome, por cierto.- Murmuró la joven, algo inquieta, mientras se acariciaba el brazo.
El general asintió, ignorando la corrección. No estaba ahí para aprenderse nombres, estaba ahí para matar a la criatura. Los nombres eran lo de menos.
- ¿Y dice usted que con fuego se mata a esa criatura?
- Claro, el fuego la purifica, y no puede transformarse, solo puede…- Desvió la vista. Ella era débil de mente, y la idea de hablar de la muerte le causaba escrúpulo. Pero había tenido el coraje para acompañarle hasta su destino, así que no se lo tendría en cuenta.
- Muchas gracias por su aclaración.- Comentó, serio, para que dejara de mirarse nerviosa los pies.- Ha sido usted de gran ayuda.
No dijo nada más para despedirla. Y se sorprendió de que ella no se fuera. Se giró para observarla.
- ¿Necesita ayuda con algo más?- Se ofreció la joven, haciendo que el general parpadeara de la sorpresa. Meditó durante unos segundos, para acabar asintiendo.
- Recoge madera y haz un fuego, lo más grande que puedas, pero salva algunas ramas secas y follaje.- Ella asintió, acercándose al bosque y adentrándose apenas unos metros, estando siempre a menos de cien metros del general. Él sonrió y se acercó con ella.
- ¿Cuál es su plan? ¿Piensa quemarle?- Se atrevió a preguntar la mujer cuando el fuego tenía un diámetro de dos metros.
- Pienso hacer arder el bosque.
Las ramas crepitaron con fuerza, pero la mujer no dijo nada. El general volvió a mirarla y observó con sorpresa su expresión horrorizada. Ella se incorporó, acercándose unos pasos a él.
- Pero en el pueblo habitan más criaturas. Criaturas buenas que nos ayudan. Una de ellas salvó al hijo de mi vecina una vez. Y las dríadas ayudan al bosque… No todas las criaturas nos hacen daño…
- Es un mal menor.- Sentenció el hombre, acercándose a la hoguera algo incómodo. No le gustaba que le cuestionasen sus acciones, él tenía que solucionar el problema, y lo haría arrancándolo de raíz.- Puedes irte, el fuego es suficiente.
La mujer volvió a contemplar horrorizada al hombre, y lanzó una mirada de disculpa hacia el bosque, queriendo alertarles del peligro que se avecinaba. Sin embargo, aspiró hondo y corrió de vuelta al pueblo.
El general la observó, negando con la cabeza. La había juzgado mal, no era una mujer valiente, no entendía que él se había enfrentado a muchos monstruos en su vida y sabía atajar por la raíz. Había sufrido incontables heridas y había visto la muerte de muchos hombres inocentes. Por eso mismo era mejor arrancar los problemas de raíz.
O quemarlos.

La mujer volvió a su hogar, todavía con la expresión horrorizada. Miró hacia atrás para ver el bosque arder, y sintió lástima por todas y cada una de las vidas de ese bosque. Sin embargo, mucha gente observaba con alivio el bosque ardiente, sabiendo que habían matado al monstruo que tanto habían temido.
Sin embargo, ella sabía más. Habían sido salvados, sí…
Pero por un monstruo.

 

Vía de Escape ~Relato Corto~

lunes, 24 de marzo de 2014

¡Buenos días! Comenzamos la última semana de relatos cortos del Four By Flash con otro de El Fantasma del Lhanda. Sí, no se me va de la cabeza. ¿Qué le voy a hacer? Son mis niños, y revisando Lhanda (voy por el cap 9, lo que me queda todavía :P) me vino esa idea a la cabeza. Claro que Clarya había podido bajar del Lhanda, seguramente más de una vez podía haber burlado la seguridad. Y una vez lo hizo.




La verdad es que Surina siempre me insistía que bajase, que la dejase sola en el dirigible y ya escaparía ella más adelante, que yo me buscase mi vida. Y siempre decía que no podía, que como iba a dejarla sola, que me quedaría con ella para siempre.
En realidad, mentía.
Lo hacía por una razón más cruel, una sensación de vacío en mi interior.
Tenía miedo.
Ya había intentado escapar una vez, justo después de abandonar Minabi la segunda vez. Había estado asustada pensando que llamarían a los soldados, y en rigor hasta me planteé bajarme directamente en la capital y buscar algún buque mercante en el que colarme y escapar. Pero la amenaza de acusar a Surina de ocultarme era demasiado fuerte y me lo planteé mejor, dejando que pasara una semana mientras calculaba mis posibilidades de escapar en cada ciudad en la que nos deteníamos.
Al final no le di más vueltas. Dejé que se suavizara mi búsqueda y, cuando al pisar tierra vi que habían dejado la entrada sin vigilancia, no me lo pensé dos veces y corrí hacia abajo. Primero me entró algo de preocupación por Surina. Podrían echarle la culpa y ser encarcelada, podría acabar muerta por mi culpa. Pero algo me dijo que no sería así, que ella estaría a salvo si me iba.
Así que, simplemente, huí. Corrí hasta una parte poco transitada y me metí en un callejón vacío. Necesitaba aparecerme, no podía pasearme toda la vida por ahí como una persona invisible. Cuando revisé que las ventanas estaban cerradas y que nadie podía verme, deshice el hechizo y me miré en el reflejo de uno de los cristales. No me había peinado esa mañana, y debería parecer un poco presentable no fueran a acordarse de mi. Salí con cierto temor a la calle, recuerdo todavía que el corazón me latía con tanta fuerza que creí que se escucharía desde el Lhanda y vendrían a por mi.
Pero no pasó nada, salí al paseo del muelle como si nunca me hubieran visto y, cuando pude adentrarme en el mercado, me sentí a salvo. Nadie me miraba y mucho menos me reconocían. Respiré hondo, con una sonrisa de alivio, mientras buscaba alguna posada en la que pasar la noche.
- ¡Brujería!- Aquella palabra me puso tensa, como si hubieran accionado un resorte. Intenté disimular, pero el corazón había vuelto a latirme con tanta fuerza que me dolían las costillas. Intenté buscar la fuente de la voz mientras corría, pensando si pronunciar o no las palabras del hechizo de invisibilidad podrían beneficiarme.
Sin embargo, cuando por fin localicé a los soldados que habían hecho saltar la alarma, vi que no venían a por mí, sino que habían cogido a un hombre de unos treinta años. Miró alrededor con temor y, cuando nuestras miradas se cruzaron apenas un instante, pareció decirme que huyera.
Tampoco le hice caso. Seguí a una distancia prudencial a los soldados y cuando se metieron en la comisaría me quedé esperando a que salieran. Aproveché para mirar alredededor distraída, como si me hubiera perdido, y dar unos cuantos y largos paseos. Cuando salieron, me acerqué preocupada.
- Disculpe señor… Antes he pedido ayuda pero nadie me ha hecho caso, parecían solo interesados en que comprara.- Comenté, apretando los labios mientras extendía un brazo y señalaba al mercado. Seguramente Surina habría preparado una excusa mejor, pero lo que me faltaba era tiempo.- Ando buscando una posada, un lugar no demasiado peligroso. Justo hace nada he tenido que apartarme de un hombre que intentaba manosearme y quitar la mano de otro de mi bolsa, y vuestra actuación ha sido tan valiente, enfrentaros a un mago…- Hice una pausa, mordiéndome el labio inferior y preguntándome si sería capaz de ruborizarme para mejorar mi actuación. Acabé descartándolo, si me ponía roja, solo sería de rabia.- ¿Sería posible que me dierais indicaciones de dónde pasar la noche?
El soldado sonrió, escrutándome con la mirada. Me sacaba diez años perfectamente, pero le importó poco y me guiñó un ojo, pícaro.
- Querida, si necesitas alojarte unos días, encantado te ofrecería mi casa.- Ahí creo que sí que me sonrojé de verdad, y retrocedí algo nerviosa. Lo notó y cambió el gesto.- O bueno, puedo ofrecerte un lugar seguro y escoltarte hasta él.
Sonreí, asintiendo, y me llevó a la posada rodeándome del brazo. Entré, me invitó a comer y me dejó alegando que había acabado su descanso. Me levanté con él y fui hacia los aseos. Tras comprobar que no había nadie, me hice invisible y salí por un ventanuco a la calle. Ahora tenía información sobre la comisaría y la llave de los calabozos en mi bolsillo.
Entrar a la comisaría me resultó difícil pese a tener las llaves. Cuando lo intenté, me di cuenta que la puerta estaba cerrada y no podía fingir que alguien la había abierto sin más. La siguiente hora la pasé buscando una ventana abierta, sin éxito, y al final me decidí a llamar a la puerta. Me abrió un hombre algo más mayor que miró alrededor e incluso salió a la calle a buscar al rufián que le había hecho perder el tiempo. Entré en la comisaría sorprendida por mi suerte me dejé guiar por mi instinto hacia los calabozos.
Cuando lo hice era tarde, y una luz ambarina cubría la estancia. Fui mirando uno a uno los calabozos hasta dar con el del hombre al que habían capturado. Golpeé con sumo cuidado la puerta para llamar su atención. Él alzó su morena cabeza y me miró como quien mira a un fantasma. Sonreí.
- Tranquilo, no pueden verme, es un hechizo de invisibilidad…
- Será mejor que te vayas antes de que vuelvan.
Fruncí el ceño.
- No me iré sola. Tengo las llaves.- Intenté que comprendiera, pero él negó de nuevo.
- Vendrán y te notarán, pese a no verte. Tienen sensores.
- Pues nos iremos antes.
- ¿Cómo? Solo hay una salida, y yo no tengo la magia ya.
Volví a fruncir el ceño, ahora mordiéndome la cara interna de la mejilla mientras intentaba comprender.
- Ellos me han hecho algo, me dieron algo de beber y no consigo hacer nada. Vete, será lo mejor. Al menos podrás estar a salvo.
Negué y abrí la puerta. No estaba débil, por lo que ni siquiera lo dudé y le tomé la mano. Ya lo sabía, podía hacer invisible lo que tocaba. Hacía invisible mi ropa, podría hacerle invisible a él.
Pero el sol seguía dándonos y, pese a estar tocándole y concentrándome, la sombra se reflejaba en el suelo. Me aparté, insegura.
- Yo… no puedo dejarte aquí.- Comenté, el corazón me latía rápido y el estómago se me había encogido. Noté que me temblaba la voz cuando hablé, y no sé si llegué a llorar. No podía creerme que había intentado todo eso para nada.
Me sonrió, intentando tranquilizarme.
- No pasa nada, tranquila…- Lo abracé con fuerza, intentando ver si así funcionaba, y también porque, después de lo que había intentado, no quería despedirme. Miré la sombra y cada vez sentí más dolor en el pecho.- No te quedes, huye, no sea tarde.
- Escapa, podría intentar distraerlos…- Se me ocurrió. Ya lo había logrado con uno, podría repetir la jugada. Él volvió a negar.
- No sé qué haría si escapase. Llevo meses viviendo alerta, saltando al menor grito. Era lo inevitable, vi los guardias y mi instinto me hizo actuar. Solo acabaría repitiéndose… Es un final inevitable.
- Hay una nave que sale de la frontera…- No podía creerme que le estuviera hablando del Lhanda. No era posible que le estuviera hablando de mi celda particular, que esa fuera de verdad mi única esperanza. Pero sabía que estaba en lo cierto. No podría bajarme en Elaika. Acabaría como él.
- Cógela. Huye.- Escuchamos pasos a lo lejos y me aparté a regañadientes. Él me empujó hacia el pasillo y volvió a cerrar su celda.- Lo siento. Para mí es demasiado tarde.
Sequé mis lágrimas con dificultad y no dejé de mirarle a los ojos, grises y profundos, por si cambiaba de idea. Él negó de nuevo, cerrando los ojos, y supe que no podía hacer nada más. Ambos nos habíamos resignado a aceptar las consecuencias.
No deshice el hechizo y salí de la comisaría, sin saber a dónde dirigirme. Había tenido un ligero contacto con el sensor y, aunque efímero, me dolía todavía el pecho de recordarlo, y la boca me sabía a sangre de cuando contuve el grito que quiso escapar de mis labios. Busqué de nuevo un callejón vacío, ahora además oscuro, y pensé en volver a la posada que me había indicado el soldado.
Sin embargo el miedo me asaltaba a cada paso que daba. Miraba con recelo a cada comerciante y, cuando había un soldado cerca, lo único que me impedía realizar el hechizo de invisibilidad eran las palabras del mago al que había abandonado. Me planteé la posibilidad de viajar al bosque y dormir a la intemperie, pero casi la descarté igual de rápido. No solo levantaría más sospechas, sino que había ladrones en los caminos, y la frontera con Edrev, aparte de custodiada, quedaba muy lejos. Todavía me sabía la boca a sangre y lágrimas cuando me encontré realizando el hechizo para entrar en el Lhanda de nuevo, como si todo aquel incidente no hubiera pasado nunca.
Pero no era así, y cada vez que aterrizábamos y sentía que podía ser mi oportunidad para escapar, el recuerdo de aquel hombre en el calabozo, mirándome con gesto cansado y resignación, me hacía dar la vuelta, suspirar y volver al Lhanda.
Era mi vía de escape.
Aunque no pudiera escapar de él.

Insomnio ~Drabble~

viernes, 21 de marzo de 2014

El último relato del four by flash de esta semana no es el último. Pero bueno, en rigor el primero tampoco fue el primero, sino el segundo que escribí. Digamos que la pestaña de "programar" y yo esta semana hemos tenido muchas discrepancias y nos hemos odiado mutuamente. Y bueno, también está mi improvisado relato sobre el día del padre, que se coló en la programación, aunque no me arrepienta ;)
Así que aquí finalizamos, con una pizca de humor y un relato un poco subidito de tono por decir algo, la tercera semana del four by flash. ¡Espero que os guste!
PD. A todo esto, ¿habéis visto ya los iconos sociales tan chachis que he puesto en el lateral? Están sacados de Lireth's Notebook, aunque cambiado el tamaño y resubido a Tumblr. Si queréis usarlos, están aquí.




Va, venga, es hora de dormir junto a esta belleza que es mi novia. Lo mejor será cerrar los ojos y dejar de pensar. Aprovecho para tirar un poco de la sábana hacia mí, siempre tira de las sábanas para sí por la noche y me quedo sin nada.
Joder, no puedo dormirme… Me remuevo inquieto y me doy la vuelta. Ella se gira también, no sé si despierta o dormida, pero me abraza por la espalda, a pesar de que tiene unos bracitos demasiado pequeños como para rodearme bien con ellos… Es un cielo de mujer, pero se nota que no está cómoda. Aparto su brazo hasta mi cintura y vuelvo a cerrar los ojo.
No me vengas ahora con estas… Se ha pegado más a mí y ya no tengo espacio, pero… ¿Cómo voy a despertarla? Será mejor intentar moverla con suaves golpecitos para recuperar mi espacio.
Vale, esto no funciona, probemos un poco más fuerte…
- Gñeeeeh.- ¿Qué cojones ha sido eso? Ojalá pudiera repetirlo para grabarla… Pero claro, la luz del teléfono la despertaría. Tendré que conformarme con que este recuerdo no se borre por la mañana. Ale, ahora a dormir, que ya vuelvo a tener algo de espacio para mi.
¿Me he tomado un café de manera inconsciente? ¿Por qué sigo sin dormirme? Yo creo que ya ha pasado tranquilamente una hora desde que me dispuse a ir a dormir. ¿Alguien me explica qué le pasa a mi cuerpo? Tal vez sea la emoción porque llegue la primavera, pero digamos que lo dudo.
Bueno, voy a ponerme boca arriba, tal vez sea que así me duele la espalda…
No, cielo, te quiero mucho, pero no era una invitación a que te subieras encima mío. Le doy un beso en la frente con cariño mientras vuelvo a intentar apartarla, pero no hay manera. Parece que mi novia por las noches se transforma en una lapa. En una lapa que tirita a todo esto. Será mejor cederle un poco de las sábanas.
Me niego a contar ovejas. Seguro que hay otro método para dormirme…
Acaricio con suavidad la parte baja del cuerpo de mi novia, pensativo. Seguramente si intento eso también la despertaría, y como que no es plan. Vuelve a removerse, se da la vuelta y tira de mí, pero intento que no logre acercarme. Al menos hasta que deje de pensar en lo rápido que me dormiría con un poco menos de ropa y un poco más de acción, lo mejor será mantener las distancias.
Bah, reniego, voy a no pensar en nada un rato.
No pensar.
No pensar…
Mierda, así no funciona.
Voy a estirarme. Uy, qué gusto, al parecer mi espalda agradece la idea. Ahora a relajar los músculos mientras se me escapa un bostezo. Volveré a cerrar los ojos y…
Ahora tengo una sábana enredada en mi pie. Contengo las maldiciones que me vienen a la cabeza por el bien de mi novia, que si no…
A todo esto, es un poco marmota. No puedo creerme que no se despierte con todo el ruido que estoy haciendo.
Vale, ya vuelvo a estar tranquilo y con el pie fuera de la sábana. Vamos a dormir.

El despertador… ¡Eso significa que pude dormir! Me desperezo para apagarlo mientras escucho a mi preciosa novia gruñir y removerse en la cama. Cama que, por cierto, está destrozada. Ni que hubiéramos hecho el amor antes de dormir.
- ¿Pero qué ha pasado en la cama?- Pregunta ella. No puedo delatarme, seguro que me echa la bronca. Jugaré un poco con ella, es una mentira piadosa.
- Anoche diste más vueltas que el demonio de Tasmania, querida.
- ¿Yo? Si me dormí enseguida.- Se defiende. Normal, la pobre no tiene culpa, solo de hacer ruidos raros antes. Intento mantener mi mejor cara de seriedad, añado una pizca de molestia y vuelvo a enfrentarme a sus ojos. Por suerte sigue dormida, porque se me escapa una sonrisa.
- Pues a saber qué soñarías.- Bromeo. Ella bufa y se levanta, intentando no deshacer más la cama.
- Si quieres te lo explico en la ducha.- Alzo las cejas, divertido, mientras la sigo al baño.
Al final me va a salir bien la jugada y todo.

Sala de Espera ~Drabble~

miércoles, 19 de marzo de 2014

 ¡Feliz día del padre! Os dejo un relato recién salido del horno, pero tan tan salido del horno que ni revisado está, ni foto promocional tiene. Lo acabo de escribir dejándome la piel de gallina y con lágrimas en los ojos, así que supongo que esté bien escrito. A saber lo que digo en unos días.
De todos modos yo hoy no confío en mí misma, mis hormonas me están jugando una mala pasada. Primero en clase me planteé la ligadura de trompas por cosas de estudiar ecología, y luego fuimos a dar una vuelta y ¡Dios! ¡Me enamoraba de cada niño que veía :3! Estoy enferma jaja.
Y bueno, sin más os dejo con este relato corto :)


Sala de espera

Feliz día del padre, Papi

-Buen día para dar a luz, ¿verdad?- Escuchó a una mujer mayor, sacándolo de sus ensimismamiento. El hombre alzó la cabeza, dejando de morderse las uñas, para mirar a su interlocutora. Tal vez esperaba a que su hija saliera del paritorio. Lo único que sabía era que ahí estaba, con una sonrisa sincera de las que solo la edad puede otorgarle, y tan buena intención que se sintió mal al sentir que su labio temblaba de nerviosismo.
La mujer volvió a mirarle, ahora con gesto preocupado. Tardó unos segundos en comprender que lo que ella había considerado expectación se trataba en realidad de una preocupación tal como el pobre nunca había llegado a vivir. Y la preocupación en un paritorio no era signo de alegría.
Sin pensárselo dos veces, la mujer se levantó, sentándose a su lado y pasando, con inseguridad, una mano por la espalda del hombre. Fue acariciándole con suavidad, intentando aliviar su presión a base de la fricción de la gruesa sudadera que llevaba. Inclinó la cabeza, viendo el rostro del hombre compungido por la tristeza.
- Es demasiado joven…- Logró susurrar.- No llega a los siete meses. ¿Cómo va a sobrevivir?
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la mujer, quien no pudo evitar tragar saliva. Se quedó sin habla unos minutos, sin siquiera saber cómo aliviar el peso que llevaban los hombros de aquel joven. No se merecía estar pasando por algo así.
Pero… ¿Y qué podía decirle?
- Va a sobrevivir.- Logró decir, sin siquiera haber pedido a sus palabras escapar de su garganta. No era médico, no era quién para darle falsas esperanzas. ¿Cómo podía decirle que estaba bien? Sin embargo, su cuerpo le había exigido hablar, y había logrado que, durante unos segundos, el hombre alzase la vista, preguntándose cómo podía estar tan convencida.
Y ahí es cuando ella volvió a cerrar la boca. No estaba convencida. ¿qué iba a decir ahora?
Volvió a tragar saliva, ganando unos valiosos segundos para pensar. Pero, sin saber qué decir, suspiró y dejó que su cuerpo hablara con toda la sinceridad que era capaz de obtener.
- Es fuerte como su padre, que no se ha rendido. Y seguro que como su madre, seguro que escogiste a alguien para levantarte cuando no podías más.- Sonrió, incitando a su interlocutor a imitar el gesto, y se sintió aliviada al ver una ligera curva esbozarse en sus labios.- Será más difícil, es lo único que tiene que preocuparos.
- ¿Y si no?- El optimismo se desvaneció con la misma velocidad con la que había llegado, dejando paso a la realidad.- ¿Cómo podré mirar a mi mujer a la cara sin recordar el dolor?
La mayor pensó. No tenía palabras bonitas, ni siquiera en el fondo de su alma. Un tenso suspiro resonó en las paredes de la sala de espera, y volvió a mirarle.
- ¿La amas?
Aquello pareció pillar desprevenido al hombre, pero asintió con seguridad.
- Más que a mi mismo.
- Entonces lo superarás. No voy a mentirte, cielo, será duro. Seguramente os costará miraros a la cara sin llorar, a veces os echaréis la culpa, puede que ella podría haber estado sentada más tiempo, puede que podríais haber tomado precauciones… Pero con el tiempo esas preguntas dejarán de tener importancia. Volveréis a intentarlo, y seréis unos padres maravillosos.
Se hizo el silencio de nuevo. La mujer no se había dado cuenta, pero las lágrimas bajaban por sus mejillas. Lo notó al relamerse los labios y sentirlos salados, y un poco avergonzada, cogió su pañuelo para secarse. Le tendió uno también al hombre, el cual, riendo, se secó la cara.
- No te rindas por una piedra en el camino, querido.- Susurró, acariciando su espalda de nuevo. Tragó saliva en un vano intento de contener las lágrimas y sonrió, dejando que el silencio reinase en la sala.
Las puertas se abrieron diez tensos minutos después, y ambos alzaron la cabeza. La enfermera, mirando al joven, sonrió y le invitó a entrar.
-Enhorabuena, es un niño precioso.- Sonrió.
El hombre dejó escapar todo el aire de sus pulmones, dejó que se vaciaran y trató de aguantar ahí, en el vacío, asimilando la información. Inspiró de nuevo, con los ojos brillando por las lágrimas, y miró a la mujer que había aliviado su pesar, quien se secaba las lágrimas de los ojos.
- Feliz día del padre.

Cosas que no hacer cuando escribes

martes, 18 de marzo de 2014

¡Buenas! Tengo en el tintero esta especie de tutorial desde hace un par de semanas, la cosa es que hay veces que me he encontrado de todo, ya no solo al ver las historias de otras personas, sino mías antiguas. Y, como a veces cuesta darse cuenta de cómo hacerlo mejor, al menos podemos comenzar por evitar hacer aquello que detectamos como malo.
Y, como a veces esto también es difícil, me he dispuesto a hacer esta especie de lista/tutorial para buscar los fallos en las redacciones. Aquí van una lista de cosas que no hacer al escribir:


  • Asínteton y polisínteton: el arma de doble filo.

Esta sobre todo la he visto a la hora de rolear por twitter, dado que, evidentemente, la falta de caracteres hace que no te compas mucho la cabeza y decidas simplemente, ennumerar acciones a base de "y esto y lo otros y luego esto y esto". Lo cual, como ya comenté presa de la frustración en twitter, hace que se ralentice la acción. Lo contrario ocurre con el asínteton, puesto que acelera en exceso la acción si se usa desmedidamente. Hay que tener cuidado al utilizar estas armas, que pueden ser buenas en ciertas situaciones, como cuando alguien está siendo secuestrado, por poner un ejemplo, en el que patalea, araña, chilla, muerde... todo ello tiene un lapso de tiempo nulo o muy pequeño. Si por ejemplo estuviéramos en el caso opuesto, una persona revisando algo por ejemplo "y revisó, y fue a por más libros y repasó una y otra vez todo lo que hizo y dio un nuevo repaso"... suena más tedioso. Sirven muy bien para medir el paso del tiempo, pero al mismo tiempo, todo en su justa medida, si usas mucho el polisínteton perderás al lector, mientras que si te dedicas a poner comas a mansalva, seguramente acabes haciendo que el lector se pierda algo.

Fuente

  • Apártate de la monotonía: 

No, no me refiero a que sea exactamente lo mismo todo el rato (que también), sino más bien a cambiar el ritmo. Uno de mis posts favoritos de tumblr intenta explicar el tema y, para mi gusto, lo hace muy bien. Porque si pones una frase larga, sin comas, cuando sabes que alguien aún no ha sido enganchado por la historia, va a acabar cansando al lector. Sin embargo, si el lector está muy metido en la historia, bien puedes ponerle una parrafada de gran tamaño que no le causará queja alguna. Ya está demasiado interesado como para molestarse. Cambiar el ritmo en la escritura es la clave. En inglés es más necesario, puesto que tienden a poner menos comas y siempre finalizar una frase en un punto. De todos modos sí que es cierto que los cambios de ritmo son importantes en toda lengua.
    • Redundancia:

    Ahora sí que me refiero a que sea lo mismo todo el rato. Intenta mantener una fluidez y que tu historia o lo que quieras contar no repita nada, lo mínimo posible, incluso palabras. Este seguramente sea el lugar en el que más fallo. Buscar sinónimos, no repetir un concepto (no repetir un concepto en el mismo párrafo...).
    Tal vez sea duro al principio, y muchas veces queremos engordar nuestro número de palabras y sentir que hemos escrito mucho, pero es mejor escribir con cabeza que escribir al tuntun. Creedme, he hecho el NaNo. Doy fe de que esto es más que necesario.
    (El año que viene alguien me llamará masoquista cuando vuelva a apuntarme, y tendrá razón)

      • Conocimiento sobre el tema: 

      si quieres escribir sobre algo, la información es poder, y el realismo el mejor arma de un escritor. Está muy bien ir a lo loco, y es divertido, pero es inconexo cuando revisas. De nuevo, el NaNo aquí instruye mucho. La documentación básica, o aunque solo sea el tener un esquema sobre el que comenzar a escribir son muy importantes. Y si hay algo que no sepas y te surge la duda cuando estás escribiendo... BUSCA, que google es gratis.
        Y hasta aquí la pequeña colección de "cosas que no hacer cuando escribes". Digamos que es una mezcla de tutorial y experiencia personal, aparte de datos que he ido recopilando. No te digo que solo con esto seas un mejor escritor, o que te vayas a comer el mundo, pero grano a grano...

        Fuente


          Cuando comenzamos a Soñar ~Drabble~

          lunes, 17 de marzo de 2014

          Comenzamos la semaña con un nuevo relato, para variar :) Este viene de una pregunta que me dejaron en el ask y que pensaba haber hecho la primera semana del four by flash, pero como soy así y se me ocurrieron más cosas (y esta estaba apuntada), decidí que pasaba de arriesgarme a olvidar otras. Además, hasta 3 segundos antes de comenzar a escribir, tampoco tenía muy claro como continuar la frase que me habían dejado.
          Aprovecho que es una de las ideas que me habéis hecho via ask para decir que no, ya no tengo el gadget en la esquina como antes. Con el cambio de diseño lo he quitado, pero pondré un link para que sepáis donde encontrarme :) De momento, podéis acceder desde aquí.



          ¿Que qué habría hecho? ¿Que qué habría hecho hasta las cinco de la mañana? Y se me di cuenta de que había estado haciendo lo que le mundo occidental no concibe tiempo para llevar a cabo; soñar. Porque, sí, que sí tanto porcentaje de tiempo en clase, tanto para culturizarte, estudiar, vida social. Pero Y pensar... ¿Y soñar?
           
          Parecía que a eso nadie le dedicaba tiempo, como si fuera una maldición, como si no pudiera dejar que mi valiosísimo tiempo se escapara de mis manos en tal vanalidad.
          Sin embargo, a mí poco me importaba lo que dijeran. Solo sonreía, asentía cuando me reprochaban malgastar así el tiempo, y me disponía a pasar un aburrido día sin nada que hacer.
          La monotonía es lo que reina cuando sale el sol. Repito las mismas acciones como si de un robot se tratara: ir al trabajo en el transporte público. Esquivar todo intento de acercamiento por parte de borrachos que vuelven a su casa cuando entro en la empresa. Llamar, llamar constantemente intentando convencer a la gente de que mi producto era el mejor, que nunca necesitarán pelar una patata de nuevo, que el CookPro 3000 es lo que necesitan en su vida, que con ello, hasta su marido podrá cocinar…
          Y luego esta el momento en el que el sol desaparece, y una suave y plateada luz cubre todo.
          Es entonces cuando me permito soñar, dejar el trabajo con una sonrisa y correr a la calle, desaparecer en callejones por los que nadie tan joven debería estar, seguir el rumor de una música lejana hasta una tienda descolorida, con el letrero de madera roído y a punto de soltarse de los eslabones que lo mantienen ondeando al viento. Es entonces cuando doy tres simples golpes en la puerta, tarareando una canción mientras espero, y me sumerjo en un mundo tan distinto al que yo conozco, que ni siquiera sabría por dónde empezar. Existe el color, existe la calidez y el aroma a chocolate. Existe la música. Pero ese no es mi placer secreto.
          Porque entonces, todos los presentes nos sentamos en un coro, y entonces uno de nosotros se acerca y señala el tesoro más extenso con el que ninguno de nosotros habíamos soñado hasta toparnos con aquella tienda abandonada.
          Una estantería llena de libros. Pero no libros de economía ni de física, no era nada divulgativo. Era ficción.
          Apenas unos minutos después, y con uno de los viejos libros en su mano, es cuando comienza la magia, cuando empezamos a soñar.
          Cuando comenzamos a leer.


          Batalla costal ~Drabble~

          domingo, 16 de marzo de 2014

          Publicada la primera entrada (por error, yo que la había programado...) de esta semana de Four by Flash, aunque la temática de aventura era de la anterior jaja.
          ¿Recordáis hace mil y un años, que escribí un ensayo sobre combates? En ese momento dije que seguramente no tendría continuación, simplemente quería ver qué tal me defendía al hacer un relato que se centrara en la acción, en un duelo de espadas...
          Pues bueno, como quería repetirlo, he rescatado los personajes del baúl y han vuelto a encontrarse. Pobre soldado, si es que esa mujer le va a traer por la calle de la amargura...



          Unos pasos le alertaron justo a tiempo, el joven se giró y observó la esbelta figura de la ladrona. Le era extrañamente familiar. Intentó contener la rabia cuando ella se rió, señalándole.
          - ¿De verdad te volvieron a contratar? - Murmuró, divertida, mientras miraba alrededor. Ya no estaban en una ciudad forestal, sino que se encontraban en la costa, y esta vez la casa no era tan ostentosa.- Bueno, habrás tenido que bajar tu precio.
          Sí, definitivamente era ella. La ladrona que le había robado todo lo que tenía y lo había dejado sin trabajo. Había recorrido unas quince ciudades antes de poder encontrar un sitio en el que trabajar. Y sí, el sueldo se había reducido considerablemente.
          Sin embargo, se permitió sonreír. Ella le había enseñado una lección muy importante, y era a nunca bajar la guardia. La última vez había perdido un trabajo, las botas, su espada y su cinto. En cualquier otra situación, perfectamente podría haber sido la vida.
          - No es como la última vez.- Se permitió decir. Era cierto a fin de cuentas. Sacó su espada y apuntó hacia ella, dándole tiempo para esgrimir su espada. Podía ser un guardia, pero había sido un caballero, y no podía luchar a mano desnuda contra alguien. Al ver que ella también se colocaba en posición, sonrió.- Te doy la oportunidad de irte sin avisar a nadie. La última vez me perdonaste la vida.
          - No, te dije que acabaría con ella y lo hice.- Comentó. Era de noche, pero la luz de la luna le permitió distinguir el floreo de su mano, luego se atrevía a llamarle a él melodramático.- Te quité el trabajo y te obligué a huir. ¿Qué te queda de antes de aquella noche?
          - Los recuerdos- Sonrió, avanzando y dando una estocada alta sobre ella, que paró sin ninguna dificultad pese a todo el impulso que había puesto. Intentó mantener la fuerza, pero la espada se deslizó sobre la suya, chirriando y reflejando el brillo de la luna sobre la superficie marina. Al ver que la fuerza disminuía, la joven se agachó y encaró el pecho del soldado con un fuerte placaje que lo hizo retroceder un par de pasos, lo suficiente para que, mientras él se recomponía, ella lanzara un ataque.
          Lo esquivó por los pelos, deslizándose a un lado justo a tiempo, y apartando la espada de la trayectoria con su antebrazo. Sintió que se desequilibraba y, a la desperada para evitar que le atacara mientras intentaba recomponerse, lanzó una estocada a sus piernas. Ella saltó, sorprendida, se recompuso y fue a contraatacar, esperando verlo en el suelo. Sin embargo, debió haber hecho una pirueta, o simplemente había perdido más tiempo del debido en esquivar el golpe. El caso es que volvía a estar de pie frente a ella.
          Lo dicho. Ya no iba a pillarle desprevenido.
          Siguieron lanzándose ataques. Estoque, bloqueo, finta, esquivar, correr, perseguirse, estocada de nuevo. Ni siquiera se dejaban tiempo para pensar, y tampoco volvieron a hablar. Ella no dejaba de seguir sus labios, intentando delatar la mas mínima señal de cansancio. Pero no ocurrió, y ella notaba la diferencia de humedad en el ambiente. Estaba asándose y pronto sudaría, se le pegarían las finas ropas al cuerpo y no podría moverse bien.
          Seguía contando con la velocidad. Podría irse y no ser alcanzada. Pero se quedaría sin su premio, y si había una cualidad que la describiera mejor que veloz, era orgullosa. Tenía que tener algún punto débil, ahora que había ganado resistencia.
          Entonces se dio cuenta de la pesada armadura de metal que seguía llevando. Sonrió y corrió al muelle.
          Aquello pilló desprevenido al joven, que se preguntó si estaba huyendo. Se planteó dejarla huir, pero rechazó la idea y comenzó a perseguirla. Las tablas de madera resonaban con cada pisada, y seguramente habrían llamado la atención de los ciudadanos de no ser una hora tan intempestiva. La vio mirando insegura la orilla del muelle, preguntándose qué esperaba que hubiera allí en vez de mar. No le dio más vueltas y, espada en mano, se abalanzó sobre ella.
          Solo para verla apartarse en el último segundo, ponerle la zancadilla y reír. Él maldijo para sus adentros. Se había vuelto a dejar ganar por ella. No tenía espacio para detenerse, y vio como poco a poco las frías aguas del mar lo rodeaban. Intentó nadar y alcanzar la superficie, cuando, horrorizado, se dio cuenta de que la pesada armadura lo arrastraba al fondo. Soltó la espada sin pensárselo y buscó los enganches de cuero que había sobre los hombros, sus manos iban demasiado rápido y la resistencia del agua parecía dificultarle la acción. Cerró los ojos e intentó serenarse, pero comenzaba a quedarse sin aire. Cuando ya se veía en el fondo del agua, sintió que parte de la armadura se soltaba. Era un espacio pequeño, pero hizo fuerza y comenzó a patalear, tirando de la armadura hacia abajo.
          Dio un último golpe con su pie y comenzó a ascender. Coger la primera bocanada le ofreció una sensación de alivio como nunca había conocido, y poco a poco volvió a tranquilizarse.
          Escuchó pasos en el muelle, y vio la espalda de la joven ladrona mientras corría hacia la casa que con tanta insistencia había protegido. Suspiró.
          Había vuelto a ganarle.


          ¿Qué os ha parecido? ¿Cómo ha sido el combate? ¿Os han gustado los personajes? Agradecería algún comentario, las batallas para nada son mi punto fuerte.

          Fin del Viaje ~Relato Corto: tercera parte~

          viernes, 14 de marzo de 2014

          Y tercera parte y final del relato sobre El Fantasma del Lhanda, se notaba que echaba de menos escribir sobre ellos, me he ventilado esta semana del four by flash en tres días. Si no te has leído las partes anteriores, está aquí la primera y aquí la segunda. Y, si no sabes por qué me desvivo por El Fantasma del Lhanda, aquí esta la novela en wattpad.
          Parece que por fin voy a volver a juntar a Daimen y a Clarya :)

          Fin del viaje.


          Sentí la sombra poco antes de ver la nave. De golpe se había perdido el sol y, cuando alcé la vista, preguntándome si encontraría una nube, vi una cubierta que habría reconocido a leguas de distancia. Se me aparecía en sueños los días pares, por explicarlo de algún modo. El Lhanda había vuelto a mi vida.
          Me dio un vuelco al corazón y me detuve, incapaz de seguir avanzando. Todo mi cuerpo había decidido dejar de funcionar, como si hubiera perdido toda la energía, y solo podía ver descender la nave hacia el puerto aéreo de la ciudad.
          Y eso quedaba muy lejos.
          Aquello me puso alerta. Me desvié del camino principal y fui avanzando por callejones, menos atestados de gente, siguiendo la silueta en el cielo. Tal vez zigzagueaba un poco más que en la calle principal, pero el hecho de poder correr era suficiente como para saber que merecía la pena. En la calle principal, en día de mercado, no habría podido dar tres pasos seguidos sin tropezar con alguien.
          Me costó aproximadamente diez minutos alcanzar el puerto, y el Lhanda…
          No podía creerlo.
          El Lhanda se estaba desinflando.
          Temí que hubieran atacado la nave y, con el corazón en un puño, avancé todo lo rápido que mis piernas me permitían, sobre todo después de tanto esfuerzo, hacia la nave. No me fijaba en nada más que en el hermoso globo de helio del dirigible cada vez perdiendo más fuerza. Cuando estuve lo suficientemente cerca, dejé de mirar a la nave para buscar al causante de haberle hecho eso al objeto inanimado que más apreciaba, a una parte de mi.
          Y vi a Daimen.
          En ese instante, lo olvidé todo y corrí hacia él. Salté a sus brazos, lo rodeé con los míos, besé su mejilla, su frente, sus labios, sostuve su rostro con ambas manos, como temiendo que fuera a irse para siempre. Él sonrió, y yo reí.
          - ¿Qué haces aquí? ¿Qué ha pasado con el Lhanda? ¿Cómo ha llegado?- Pregunté, sin pausa para que me respondiera.Mi preguntas intercalaban emoción con preocupación, miedo y en parte, enfado.- ¿Y el resto de la tripulación? ¿Cómo se te ocurre venir? ¿Y si te llegan a atacar?
          Cuando dejé de preguntar tan de seguido y paré para tomar aire, Daimen aprovechó y besó mis labios con suavidad, intentando que mis preocupaciones fluyeran con ese. Sonreí, olvidándome de todo y abrazándole con fuerza. Sí, las preguntas podían esperar.
          - Digamos que los vientos me han arrastrado hasta aquí.- Bromeó él. Quería reprocharle el que no se tomara en serio mis preguntas, pero era difícil cuando no podía quitarme la sonrisa del rostro.- He venido solo, y he venido para quedarme… El Lhanda está bien. He pedido que lo desinflen y ya lo trasladaré a algún sitio hasta que pueda volver a usarlo… Respecto a la tripulación, cada cual ha cogido sus honorarios y han buscado un lugar donde trabajar, no sin antes deseándome suerte para encontrarte.
          - Sabías dónde buscarme.- Apreté los labios, no había sido difícil descubrirlo.
          - Lo más cerca de la frontera posible.
          - Lamento decirte que no en la casa. Los ahorros aún no me han dado para tanto.- Él sonrió, negando, mientras me tomaba de la cintura.
          - Supongo que el sueldo del capitán de una aeronave tenga que dar.- Bromeó, besando mi mejilla.- Aunque creo que, contigo, cualquier lugar es perfecto.
          Me giré para besarle, sonriendo. Llevaba meses deseando su vuelta, y tenerlo al fin ahí, a mi lado, era algo que solo había pensado que podía ocurrir en sueños. Sentir la calidez de su cuerpo a mi lado se me hacía tan irrisorio…
          - Además, me comentaron unos hombres que hay un zoológico maravilloso en esta zona.
          Entreabrí la boca, dispuesta a matar a Gaide por no decirme nada. No tenía claro cómo se habían puesto en contacto, pero sabía que algo raro había cuando me preguntó sutilmente en qué nave había viajado y cuando me comentó de unos amigos que habían decidido visitar Elaika. Me lo tenía que haber olido.
          - Está bien, dejaré las preguntas de momento y verás el zoo…- Refunfuñe, volviendo a sonreír.- Además, las crías de dragón están muy juguetonas, seguro que te encantan.
          - Clarya, lo de que era el último viaje del Lhanda era metafórico, me gustaría vivir para volver a volar en esa nave.
          Me reí, besándole con suavidad de nuevo en los labios, y entrelazando los dedos de nuestras manos al andar.
          - Algún día volveremos a casa. Te lo prometo.
          Y no mentía.

          Antes de partir ~Relato corto: parte 2~

          jueves, 13 de marzo de 2014

          Y continuamos con el mini-relatillo de El Fantasma del Lhanda. Ah, a todo esto, es un spoileraco de la leche de la novela en sí. En rigor me quedan 4 caps para llegar a esta parte en wattpad, pero es que tenía que escribirlo (además, que no es un spoileraco spoileraco porque es un secreto a voces).
          Daimen va a tomarse algo justo antes de partir. Lleva meses esperando, pero ha decidido que una hora es demasiado para él.
          Y, por si acaso no leísteis la parte anterior, está aquí

          Antes de partir



          - Vaya… es una noticia genial.- Sonrió Tao, tras unos segundos de duda. Cuanto más hablaba con él, menos miedo tenía a que me castrase, pese a que sabía que tenía que andarme con cuidado. Cuidaba a su hermana con la misma intensidad con la que un perro protege una casa. Mejor tomárselo con calma- ¿Así que dejas el Lhanda?
          Negué.
          - El Lhanda viene conmigo, no pienso dejar que lo convirtáis en un arma.
          - Lo cuidaría y lo sabes.- Sonrió Tao.- ¿Cuándo sales?
          Miré lo que me quedaba de la cerveza con gesto pensativo. Arqueé una ceja y le di un largo trago.
          - Calculo que una media hora, depende de lo rápido que bebas.- La sorpresa se plasmó en el rostro de Tao, el cual volvió a mirarme.
          - La echas mucho de menos, ¿eh?- Asentí, volviendo a mirar la espuma que se formaba en la superficie de la jarra.- Te comprendo, yo también.
          - ¿Por qué te quedas?- Me atreví a preguntar. Muchas veces le había ofrecido, a él y a sus padres, acercarles a la frontera y vivir con ella. Sin embargo, nunca aceptaron mi oferta.
          - Renunciar al ejército no es una tarea fácil.- Suspiró él, reclinándose en su asiento- Incluso contando con la ayuda que me pudieran otorgar Owen o Ida, estaría jodido si quisiera cruzar la frontera. Podría considerarse un acto de alta traición y, como comprenderás, no quiero eso.
          Asentí, lo peor que podía pasar es que aparecieran soldados en la casa de una bruja en otro país. Las alarmas saltarían y la guerra se expandiría todo lo posible.
          - Simplemente tengo que esperar a la tregua, o a las vacaciones, para verla.- Se lo intentaba tomar del mejor modo posible, de eso no había duda. Pero a mi no me bastaba. El piloto de aeronave no tiene vacaciones.
          Me acabé la cerveza de un trago y posé la jarra vacía en la mesa. Tao me observó, llevándose su propia jarra a los labios.
          - ¿Y ya has pensado cómo vas a encontrarla? Edrev es grande.
          - No si sabes dónde buscar.- Concluí. No sabía dónde habían dejado a Clarya ni qué había sido de ella. Owen se había negado a informarme y convenció a Ida para que tampoco hablara. Pero sin embargo sí que sabía a dónde se había dirigido Clarya.- Hablé con ella sobre Edrev una vez. Sobre lo poco que conocía de la ciudad… Ella está allí.
          En la casa que la mencioné. En donde mi padre siempre había deseado estar.
          Aunque no supiera exactamente dónde me refería, Tao asíntió. Tal vez sabía más de su hermana de lo que quería hacerme creer, o simplemente comprendía que yo también tenía mis medios para encontrarla. Entre otros, ciertos pasajeros de Edrev a los que supe preguntarles las preguntas justas: como que había una joven bruja trabajando en un precario zoológico de la ciudad.
          Pero me guardé aquel dato para mi. Levantándome al ver que Tao había acabado, le estreché la mano.
          - ¿Cuidarás de ella por mi?- Preguntó, apretándome con fuerza.
          - Lo haría aunque no me lo pidieras.- Apreté su mano y le miré a los ojos. Es extraño, se parecían a los de Clarya, podía verla en ellos… Pero al mismo tiempo, faltaba esa chispa que los volvía especiales. Estaba mirando a Clarya, y al tiempo no.- Tu simplemente ayúdame a llegar.
          No necesité explicarle cómo. Tao asintió y se alejó. Mientras me subía al Lhanda, le vi retener a un par de controladores aéreos. Accioné la nave con gran dificultad, estando solo, y me dirigí a Edrev.

          - Clarya, nos estamos quedando sin hepática de las fuentes. ¿Puedes ir al mercado?- La pregunta me pilló por sorpresa mientras revisaba la plantación. Dirigí una mirada alrededor, intentando localizar la planta que me había pedido. Estaba segura de haberla plantado, y la habría reconocido rápido. Crecía cerca de los ríos en los que me crié de pequeña.- No cielo, no hay, he tenido que tratar de úlceras a un par de animales y acabé con la producción.
          Miré a Gaide. Había algo en su mirada que me decía que no me lo estaba contando todo. Sonreía como si me estuviera ocultando algo. Me recordó en parte a Surina, siempre guardándose algo para ella.
          - ¿Quieres que me lleve a Nieves?- Tal vez es que tenía visita. Sabía que prefería que la niña no se cruzara con sus parejas, como si quisiera alejarlas de ese ritmo de vida. Sin embargo, negó, empujándome en dirección al pueblo.
          - Ve, anda, no seas boba. Necesitamos esas vermífugas.
          Me detuve, arqueando una ceja.
          - ¿No dijiste Hepática?
          Hubo una pausa que apenas duró medio segundo, pero pareció hacerse eterna.
          - Necesitamos ambas. Anda, ¡corre!
          Me encogí de hombros. No era quién para juzgarla.
          Caminé hacia el mercado con soltura. Llevaba ya el tiempo suficiente para no perderme por las calles. Podía caminar mirando al suelo, con los ojos cerrados o mirando al cielo. Mi favorito era este último. Siempre que podía, alzaba la vista, deseando ver llegar un dirigible desde Elaika. No cualquiera, por supuesto…
          Quería ver el Lhanda.
          Pero, aunque no podía dejar de mirar, sabía que era un imposible.
          Qué equivocada estaba.

          ¿Quieres presenciar el reencuentro? Leelo aquí