Un parpadeo sí, dos parpadeos no. {Drabble}

viernes, 27 de junio de 2014

Con esto de estar esparciendo más las entradas del four by flash (para que no os acostumbréis a 16 entradas en un mes, porque no), finalizo el mes con el relato 11 de 16 de este mes. Supongo que siga subiendo relatos, y volveré a pensar también tutoriales y mierdadas varias que se me vayan ocurriendo. Así como volver a escribir algo en el diario, que va siendo hora de ser constante de nuevo y todo eso.
Bueno, y hacer el Camp nano, así, porque con el NaNo normal no es suficiente.
Bueno, y ahora a explicar un poco este relato. Ha sido escrito un poco rápido en base a una idea que tenía guardada en pinterest  y al que le tenía ganas. Me he quedado hasta yo con ganas de conocer mejor a los personajes y saber cuál es el favor que le van a pedir, así que no prometo que no ponga nada más sobre ellos.
Y sin más, os dejo con la historia :)

Un parpadeo sí, dos parpadeos no.





Los párpados pesaban como si fueran de hierro, cada respiración era profundamente dolorosa, acuchillando su tráquea como si quisiera atravesar sus pulmones y cubrir todo el cuerpo.
Pero, al final, era lo que le estaba ocurriendo.
Sus claros ojos parecían estar borrosos, y comenzaba a preguntarse qué sentido tenía mantener los ojos abiertos, bajó la vista y se dejó, durante unos segundos, vivir en la oscuridad. Era reconfortante, comenzaba a dejar que le abrazara como si fuera un manto de oscuridad, haciéndose a algo con lo que tendría que convivir cuando acabara su vida.
Pensar en la muerte le hacía apretar los labios con la poca fuerza que le quedaba y tragar saliva pese a lo mucho que le dolía cuando el agua llegaba a su estómago. No quería morir, no había superado la adolescencia y la muerte no era lo que tendría que esperarle, sino una novia, un partido o una fiesta en la que emborracharse. Esa era la vida que tendría que esperarse, y no vivir a base de pulsar un botón para apaciguar el dolor.
Abrió los ojos sin ganas. ¿Qué iba a observar? ¿Qué podría haber ahí distinto a las dos sillas, las cortinas y el jarrón vacío que lo habían acompañado durante los últimos meses? Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz y, cuando al fin sus pupilas recordaron cómo enfocar, vio a una joven frente a él.
Lo primero que pensó era en una enfermera, pero no se parecía en nada a las mujeres amargadas que se acercaban a darle sus pastillas. Vestía de calle, con un abrigo negro que se entallaba a un cuerpo que en cualquier otra ocasión habría llenado la sala de piropos. Pero ni siquiera era capaz de respirar con propiedad, como para malgastar el aire de sus pulmones en mover las cuerdas vocales.
Entreabrió la boca al ver que ella no hablaba, preguntándose qué podría decirle. ¿Qué sus rizos castaños eran la cosa más bonita que vería hasta que muriera? ¿Que seguramente eso ocurriría antes de que hubiera salido por la puerta? No, no podría decir eso.
- ¿Qué… aquí?
Suerte que pensó decir algo más suave, puesto que había perdido fuerza y práctica.
Ella rió con voz melodiosa, tanto que sus oídos no parecían seguros de estar escuchando algo humano. Hacía tanto que no escuchaba la risa…
- Vengo a proponerte un pacto.- Sonrió, sentándose en el borde de la cama y acariciando con suavidad su pierna.- Sé que no te queda poco tiempo y que temes la muerte.- Hizo una pausa y él quiso hablar, o asentir. Pero su cuerpo estaba agotado y no pudo hacer nada. Al notarlo, la joven sonrió, mostrando una sonrisa blanca perfecta.- Un parpadeo es que sí, dos que no.
Parpadeó una vez. Ella sonrió y se pegó más a su pierna.
- Sé que es duro… Acabas de empezar a vivir y ya estás al final de tu historia. Solo quieres poder escribir otro capítulo, volver a empezar y borrarlo todo…
Parpadeó.
- Bueno, yo podría ayudarte, ¿sabes?- Susurró, acercándose a él y haciendo oscilar su mano. Debía ser cosa de la luz, o de la poca costumbre de sus ojos a algo tan bello, puesto que le pareció ver su mano brillar.- Tengo más poder del que te imaginas. Podría hacerte volver a empezar desde el principio, solo si tu quieres.
Quería parpadear, pero no entendía nada. Enfocó a la joven y procuró darle a entender solo con sus ojos que necesitaba saber por qué. Qué ganaba ella con todo eso.
- ¿Te parece que hay trampa? Puede ser- Se encogió de hombros, haciendo que sus bucles ondearan como si fueran muelles.- Sin embargo, te estoy proponiendo una nueva oportunidad. Volver a empezar. No te queda mucho tiempo y puedes vivir de nuevo todo. Cambiar lo que quieras, repetir. Todo esto, a cambio de un mísero favor.
El dolor de sus pulmones era capaz de acuchillarle el alma. Claro que sabía que le quedaba poco tiempo. Pero no sabía si seguir las directrices de esa joven sería buena idea. ¿Merecería la pena repetir todo aquel dolor? ¿Podría cambiarlo?
¿A quién quería engañar? Claro que quería volver a empezar. Vivir su vida de verdad, disfrutar del tiempo de verdad y no discutir con sus padres para que cuando se fuera estuviera cargado de remordimiento. Volvió la vista a la joven, quien no dejaba de mirarle en busca de una respuesta.
Parpadeó.

Diario: Fanfics, el mito de cincuenta sombras de Grey.

jueves, 26 de junio de 2014

Hace unos días me llegó un mensaje a wattpad en el que me decían que publicar en fanfic podría ayudarme a publicar mis historias en la vida real porque eso era lo que había hecho la mujer de 50 sombras de Grey.
Y bueno, digamos que me da un poquito de risa.
Será una tontería, pero claro que he soñado con que me descubran mientras publico en wattpad para ser editada por una editorial de prestigio (o una editorial, me contento con poco). Pero sé que es difícil, y mucho más cuando publico en una página por lo general inglesa.
La cosa es que, por mucho que existiera conexión por fanfiction.net, no, 50 sombras de Grey no fue descubierta ahí y por tanto publicada. Ahora comenzaremos a contar la verdadera historia de 50 sombras de Grey.

Canis kerveros {Relato Corto}

miércoles, 25 de junio de 2014

Lo prometido es deuda y cambiamos Angie y Nir por Lyreth y Theren.
Estaba hablando mucho de ellos pero seguro que no sabéis quiénes son. Bueno, Lyreth y Theren son los personajes de "Uno de los dos tenía que ser el héroe", el relato que escribí hará casi un mes, que era más largo pero no lo puse todo (porque soy malvada y no me apetecía). Sin embargo no os perdéis mucho porque todo lo ocurrido lo he comentado también en ese relato corto.
Y sin nada más que decir, ¡espero que os guste!




El aire era muy denso cuanto más se adentraban en la cueva. Theren, el científico, no hacía más que olfatear con tanta fuerza que habría alertado a todos los habitantes de la cueva de su presencia. Ella también lo notaba, la humedad cargaba el ambiente y venían unos olores fuertes, a moho, a descomposición y a estancamiento. Era normal, era una cueva. Lyreth estaba acostumbrada a ese tipo de olores. Vivía en zonas así muy a menudo.
Pero comprendía que el científico necesitara investigar. Lo que no le gustaba era que se detuviera a coger muestras, o que encendiera un fuego para anotar cosas en su cuaderno.
Cuando aceptó viajar con él, había accedido bajo la condición de que no fuera una molestia. Y era cierto que podía ser bueno encontrando plantas medicinales, o bayas, y advertirle de cosas que ella nunca habría observado de otro modo. Pero en las misiones…
- Theren, por favor, ¿quieres ser un poco más discreto? Ese perro tiene tres cabezas así que olerá el humo el triple de bien.
El castaño la miró con esa mirada, y supo que no debería haber hablado. Llevaba todo el camino haciendo preguntas sobre el can que cualquier otra persona no se habría llegado a preguntar nunca, sobre su anatomía, su metabolismo… ¿No podía ser como el resto de aldeanos que corrían en el sentido opuesto cuando mencionaba al monstruo?
- ¿Y si no es así? Necesitaría coordinar sus tres cerebros para ubicar el humo, podría dar mayor error… ¿O tiene cuatro cerebros y la información se transmite hasta un cerebro central?
Ella aspiró hondo. Cuando comenzaba a pensar en la anatomía interna del animal, ella tenía ganas de estudiar la de su compañero de viaje.
- Ya lo descubriremos. Ahora acabemos de una vez con esto.
Dio un paso y sintió el suelo temblar bajo sus pies. Se detuvo, sujetando de la camisa a su compañero. Theren estuvo a punto de decir algo y bromear, como solía hacer, pero cuando entreabrió la boca, Lyreth apretó más su camisa hasta que no se le ocurrió decir nada. El silencio había vuelto a inundar la cueva, y ella aprovechó para mirar alrededor y escuchar.
Retumbaban en el suelo, pisadas rápidas e irregulares. Escuchó jadeos alejados que no podía ubicar a causa del eco, pero que sí supo que estaban acercándose.
Theren reaccionó más rápido que ella, cuando se quiso dar cuenta había empujado a la joven hacia un lateral, haciendo que se golpeara contra la pared de la cueva. No entendía nada, no estaba cerca, estaba vigilando los pasillos de la cueva.
El can cayó del techo. Cada cabeza mirando a un lado con sus fauces cubiertas de espuma y ladrando de manera descontrolada. Fue a acercarse a Theren, pero Lyreth se adelantó, volviendo a tirar de su camisa para apartarlo de las mandíbulas del animal.
- Canis kerberos…- Murmuró Theren, casi sin inmutarse del hecho de que la criatura tuviera cinco metros y tres cabezas. Parecía demasiado absorto como para ver lo obvio.- ¿Podrá reproducirse con los perros comunes?
- ¿Qué?- Preguntó Lyreth, tan desconcertada por aquella pregunta que a punto estuvo de ser devorada por la criatura. Rodó por el suelo, situándose bajo el negro cuerpo del animal y fuera del alcance de sus mordiscos. Por suerte o por desgracia, la criatura no le prestaba la más mínima atención a su compañero, o seguramente éste, tan entretenido como estaba con su cuaderno de dibujo, habría acabado siendo el alimento del can.
- Bueno, son de la misma familia, y el perro y el lobo ya han demostrado que pueden mezclarse… Tal vez con un huargo, por el tamaño.
“¿Como ese cachorro con el que no pudiste la otra vez?” estuvo a punto de decir la joven, pero justo el animal había abierto sus patas delanteras y acercado una de sus cabezas hacia ella, por lo que consideró que en vez de bromear, debía pensar en un modo de derrotarlo.
- ¿Y tendrían tres o una cabeza? ¿O dos?
- O cuatro, no te jode…- Murmuró Lyreth, preguntándose por qué el perro no estaba para nada interesado en su compañero. Logró golpear una de sus fauces y hacer que la sangre fluyera entre los colmillos del animal, pero más bien parecía haber enfurecido más a la criatura. La cabeza central ahora goteaba sangre.
Y parecía más intimidante.
Retrocedió y golpeó su muslo trasero, pensando que podría cortarle el ligamento y dejarlo cojo. Sin embargo, no solo la criatura se movió como si supiera lo que iba a pasar, sino que su cola fue directa a golpearla. Lyreth se sujetó, procurando que el golpe no fuera muy fuerte, mientras veía a Theren pasearse tan tranquilo estudiando al animal.
- ¡Es hembra!- Comentó ilusionado. Lyreth aún no comprendía como podía ser tan torpe durante todo el camino, pero cuando se trataba de acercarse y descubrir el sexo del animal, podía moverse con tanta gracia.
Se arrastró, agarrada a los pelos de la cola, mientras iba subiendo hacia el lomo del animal. La cabeza izquierda se acercó rauda hacia ella y no le quedó más remedio que saltar al suelo, girando por pura inercia y poniéndose en pie con habilidad. Necesitaba algo de tiempo, y ella sola no podría conseguirlo.
- ¡Theren! ¡Déjate de especulaciones y haz algo!- Murmuró, acorralada contra la pared de la cueva.
El científico, para su sorpresa, comenzó a mirar en su bolsa de viaje sin decir nada más. Lyreth no podía ni verlo, estaba demasiado ocupada manteniendo a raya al animal como para poder concentrarse en él.
Se mordió el labio inferior, intentando concentrarse. No podía seguir levantando la espada sin sentir que no valía para nada y solo lograba unos pocos rasguños en la dura piel del animal. Extendió su mano, pensando en un hechizo para hacerlo retroceder.
Y entonces, algo ocurrió que hizo al can, alarmado, apartarse, sus tres cabezas entrechocándose mientras sus patas arañaban el suelo de la cueva en un intento por alejarse. La pared retumbaba con los ladridos de la criatura, y Lyreth no sabía si moverse o quedarse quieta. Optó por lo segundo y vio como al final la criatura desaparecía por uno de los túneles de la cueva, dejando la estancia en silencio.
Excepto por un ligero soplido.
Theren se apartó del silbato y volvió hacia Lyreth, quien no dejaba de observarle con sorpresa. Guardó de nuevo el cilindro de metal en su bolsa y sonrió.
- ¿Ves? A veces solo hace falta conocer y no dar golpes a lo loco.- Sonrió, acercándose a ella. Era una sonrisa contagiosa y, pese a tener todavía el pulso acelerado, la joven rubia correspondió curvando sus labios.
- Pero teníamos que acabar con él.
- Ella.- Corrigió él.- Además, no veo el motivo. Si te han pedido que busques un modo de controlar al can, ya lo tenemos. Puede vivir y hacer su vida, podemos co-existir con ella.
Pese a que no era lo convencional, estaba en lo cierto. Aquel silbato bastaría para detener al can en caso de que abandonase su cueva y amenazara al pueblo.
- Creí que no te importaba matar.- Comentó Lyreth, limpiando la sangre de la espada antes de volver a enfundarla. Theren sacudió la cabeza.- No vas a poder estudiar el número de cerebro que tiene el animal.
Theren se encogió de hombros, caminando de vuelta a la cueva.
- Me vale con haber estudiado su comportamiento. Y ha dejado muchas muestras desperdigadas por el suelo…
- Blandengue.
- Inútil. Te he salvado la vida.
Lyreth rió, agachándose para guardar viscosas muestras de saliva junto a su compañero.

La Hija del Diablo {Relato Corto}

domingo, 22 de junio de 2014




¡Hola!
De momento acabamos los relatos de Angie y Nir...
De momento. Se me va mucho la pinza así que puede que pronto vuelva con ellos. Además, parece que han tenido buena aceptación.
Por otro lado, cuando entre en fase editora (creo que voy a intentar dejar la fase editora durante el curso, aunque siempre digo estas cosas y luego no), aparte de Lhanda, puede que edite la primera parte de Angie y Nir y, si logro ubicar una historia, tal vez Angie y Nir vayan al NaNo.
Claro, que será por ideas que tengo. También quería escribir Donde Habite el Olvido y al mismo tiempo quiero escribir Llama Oscura. Pero tengo que centrarme así que van en orden, y primero va el Camp Nano. Del que por cierto tendréis noticias pronto cuando comience a escribir sobre cómo van las cosas.
Os recuerdo, como siempre que aquí están el relato anterior y aquí el primer relato de esta serie.
Y sin más dilación, el relato.

La hija del Diablo.


Seguía sin tener muy claro qué era lo que querían de mí, o como me probarían. La verdad es que ni siquiera salí mucho de mi celda los primeros días. En primer lugar, porque sí que podía sentir dolor y… Dioses, me dolía cada fibra de mi cuerpo. Era como si al principio hubiera estado anestesiada pero de golpe hubiese remitido todo su efecto, y comenzaron a dolerme los brazos, el pecho, las caderas, los muslos…
Y las alas.
Me dolía aquello que no tenía, sentía su hueco en los omóplatos pese a que al mirarme al espejo no estaban.
A veces, me preguntaba qué pasaría si intentaba sacarlas, pero decidía no pensar en ello. La verdad es que creía que me dolería más, y seguía preguntándome cómo era que mis sábanas no aparecían cubiertas de sangre, con todo lo que me dolían ya.
Tras aproximadamente una semana en la que me había dedicado a releer mi pasado, y cuando el dolor hubo remitido un poco, una chica de la edad de mi hermano apareció a la puerta, golpeando sus nudillos en el marco con tanta fuerza que escuché el estallido de la madera desde la cama. Abrí los ojos y lo primero que hice fue comprobar que el cuaderno no andaba a la vista, pero por suerte tenía la costumbre de guardarlo bajo el colchón cuando me iba a dormir.
- ¿Ya estás preparada?- Preguntó, girándose y mirándome. Yo me incorporé despacio, sintiendo todavía la tensión de los músculos de mi espalda, pidiendo un respiro. Pero sin duda alguna había descansado más de la cuenta. Y por eso estaba ella ahí. Asentí, observándola.
Era rubia, con el cabello a la altura del hombro y un flequillo recto. Era bajita y con los brazos bien formados, seguramente por el ejercicio, y cuando se apoyó en el marco de la puerta pude darme cuenta de que intimidaba más de lo que su altura podía llegar a mostrar. Corrí a levantarme.
-Bien, veo que te mueves rápido…- Susurró, girándose.- Sígueme, es hora de ver de lo que eres capaz.

Preguntas en la sombra {Relato Corto}

viernes, 20 de junio de 2014

Una semanita más, y otro relato.
Hoy me voy de cumpleaños a casa, pero tranquilos, que dejo programada la entrada del domingo con la que finalizan los relatos de Angie y Nir hasta nuevo aviso. Espero que os hayan gustado y si me presionáis mucho puede que escriba algo más. Pero a saber cómo va la cosa que yo soy muy impulsiva con esto de escribir jajaja.
Sin decir mucho más, os dejo con Angie y Nir. Recordad que el capítulo anterior esta aquí y el primer relato lo podéis encontrar aquí.


Preguntas en la sombra


Me fueron a buscar de nuevo dos soldados, pero no eran los mismos. En primer lugar, uno de ellos era una mujer. Su armadura no se distinguía mucho de la otra, si no hubiera sido porque su silueta la delataba, tal vez ni me habría dado cuenta. Levanté la vista de mis manos, todavía cubiertas por sangre, y los miré.
Creo que se sorprendieron de encontrarme tan calmada. O tal vez con las manos todavía manchadas de sangre. Admito que me había olvidado de ello hasta hacía posiblemente diez minutos atrás, pero solo me había quedado mirándolas con sorpresa. ¿Sería mi propia sangre? ¿Qué pasaba si analizaban mis alas? No sabía ni qué decir cuando entré, y menos sabía qué decirles ahora.
Me quedé mirándoles hasta que el hombre se sintió tan incómodo por el silencio que carraspeó y se acercó. Me puse en pie como un resorte, y pude verle retroceder con una pizca de miedo en sus ojos. Me costó, mi cerebro me dijo que en esa situación una sonrisa divertida lo pondría más nervioso, y tuve que forzarla en mi cara. En parte, creo que eso lo asustó más.
- Ven con nosotros.- Comentó la mujer, mucho más seria y cansada del extraño juego que había entre el soldado y yo.
Obedecí en silencio, aunque al haber salido de mi habitación, escoltada por ambos, se me ocurrió que era un buen momento para preguntar. Seguramente yo ni siquiera habría salido de esa habitación sin preguntar antes.
- ¿A dónde vamos?
- Con los jefes. Quieren hacerte unas cuantas preguntas.
Asentí. Creo que debería haberme puesto nerviosa, porque seguía sin saber muy bien qué decir. Pero es lo bueno de las cabezas frías. Comencé a meditar mis palabras muy despacio a medida que andaba, sin siquiera detenerme a observar el camino que estaba recorriendo, o las paredes. Solo mis pies, y las armas enfundadas de los soldados que me guiaban.
Llegamos hasta una sala muy amplia, con una media docena de asientos en el medio y nada más. Algo muy tópico, la verdad. Sin embargo, venía muy bien en esta situación. Ni una posible salida, una iluminación tenue para no ver quién más podía haber en la sala, solo el centro de la sala, con los asientos y nada más. No me quedaba más remedio que acertar sus respuestas, porque dudaba que tuviera otra alternativa. Si hubiese sido un ángel podría haber salido. Era lo único que podía pensar en aquel instante, en la mala idea que podía haber sido entrar sin ayuda.
Nos detuvimos a unos aproximados tres metros de la hilera de asientos, ocupados, pero incapaz de distinguir por quién. Esperé pacientemente mientras comenzaba a sentir sequedad en la nariz. Es extraño que un sitio tan amplio no tenga humedad, pero así era. Arrugué el ceño en un intento de aliviar el picor sin moverme, por si acaso.
- Mis hombres me han dicho que apareciste esta mañana en la entrada.- Comentó una voz grave, que resonó en la sala, ni siquiera sabía de dónde procedía. Asentí, sin desviar la mirada de los asientos.- Y que entregaste como ofrenda las alas de un ángel. Alas negras.
- ¿Importa el color?- Pregunté, entrecerrando los ojos.
Hubo un ligero murmullo antes de continuar. Ni siquiera pude entenderlo, el eco de la sala me impedía escuchar con claridad.
- Se dice que los ángeles negros son más peligrosos.
- También se dice que esa teoría es una estupidez.- Debí haberme callado, haberme labrado un respeto, pero el color de las alas no demostraba nada. Mis alas eran negras por el estrés, las de mi madre, por odio.
- Entonces, ¿no fue una lucha difícil?
- No dije eso. Fue difícil, y me costó lograrlo.- Mentí con rapidez, sin siquiera duda.- Pero eso no quita que dependa del ángel más que del color de sus alas.
- Es bueno saberlo.- Si no me equivocaba, denotaba orgullo en su voz.- ¿Por qué lo hiciste?
Aquello sí que me pilló por sorpresa. Parpadeé y miré indistintamente a todas las sillas.
- ¿Perdón?- Necesitaba tiempo para pensarlo bien.
- ¿Qué te mueve a destruir a los ángeles? ¿O no son solo los ángeles? ¿Por qué quieres matar? ¿Por qué quieres unirte a nosotros?
Respiré hondo. ¿Qué motivo podía tener? ¿Por qué estaba ahí?
- Porque cada día que salía de casa, vivía preocupada. Porque han hecho daño y tienen que pagar por ello.
No puede decirse que mintiera, no estaba hablando de los ángeles ni los seres mágicos cuando hablé. Yo antes exterminaba indiscriminadamente, cuando alguien hacía daño… Yo lo devolvía. Era lo normal. Luego cambié…
Pero esa es una vieja historia.
- Está bien, tengo entendido que te llamas Angie.
- Sí, Angeline.- Confirmé.
Uno de los hombres se levantó de las sillas hasta colocarse a mi lado. Debía tener unos treinta años, aunque no era mucho más alto que yo. Me extendió la mano.
- Bienvenida a la guarida.
Estreché su mano.
- Gracias.
- Espero poder contar contigo al cien por cien dentro de poco.- Murmuró, apartando mi mano y mirándose la sangre. Sin miramientos, se lamió los dedos.- Te llamaremos dentro de poco.
Volví a mi habitación, acompañada por los soldados de antes, y volví a quedarme sentada sin nada que hacer.
Excepto por una diferencia.
El diario estaba bajo la almohada.
Supongo que solo puedo hacer una cosa.
Gracias, Nir.
¿Quieres saber qué aventuras le esperan a Angie en su nuevo "hogar"? Lee aquí

Ofrenda {Relato corto}

miércoles, 18 de junio de 2014



¡Buenas tardes! Comenzamos una semana durilla, que además me iba a librar mañana de las prácticas y no va a poder ser, nuestra "jefa" no ha podido cogerse vacaciones hasta la semana que viene. Tras empezar los exámenes finales hay que cruzar los dedos y esperar que todo salga bien. Pero bueno, no hay que perder la esperanza. (y menos cuando haces un examen que no te has estudiado y tienes más idea que cuando lo hiciste en mayo...)
Esta semana voy a subir 3 relatos para acabar con esta minihistoria de Angie y Nir. Por lo menos por un tiempo voy a dejarlos en paz, pero no prometo nada para cuando me quede sin ideas en el four by flash jajaja.
Antes de ponerme con el relato y los "recordad que la primera entrada está aquí y blablabla" quería comentar que me sumo a una "iniciativa" o club más. Es la de "adopta un blog" de Yurika Sekai. Había visto mucho el otro club pero sin embargo cuando quise entrar vi que estaba cerrado. Será una tontería y tal vez no sirva de nada, pero creo que viene bien para darme a conocer por el mundo blogger así que voy a probar suerte y a ver quién me toca como madrina :3
En fin, ahora sí dejo de enrollarme, recordad que la primera entrada de Angie y Nir está aquí y el capítulo anterior aquí.

Ofrenda


Perder el alma no dolió tanto como había esperado, aunque sí que perdí la consciencia. Tal vez eso fue lo que más me dolió… bueno, no doler precisamente. Es cierto que pierdes todas tus emociones y te vuelves un robot. Pero eso no quita que siga recordando lo que sentía anteriormente. Era como un recordatorio de lo que había pasado: “deberías sentirte triste, seguro que ahora estarías llorando”. Ni siquiera era capaz de enfadarme conmigo misma por aquellas acusaciones. Solo sabía lo que tenía que hacer, y punto.
Por eso, cuando aparecí en la puerta de la sede y llamé, sin una pizca de miedo a la puerta, tampoco me alarmé. No me moví, y esperé.

De Concursos y Campamentos.

lunes, 16 de junio de 2014

Supongo que si alguna vez os ha dado por comprar libros en Amazon, ya hayáis leído lo que voy a mostraros. O puede que no, si sois de los que se borran de todos los newsletters de lo que sea que hayáis comprado y os hayan pedido el correo. Sea cual sea el caso, puede que esta noticia os venga bien.
Amazon saca su primer concurso literario para autores Indie (click) (Y yo gracias a ellos la sección noticias literarias (?))
Y no sé si me apuntaré. Por suerte tengo tiempo para decidirme, porque he visto que el Camp NaNoWriMo es en julio.
Sí, ese mes en el que tengo prácticas pero no exámenes.
Sí, podéis pegarme. Debéis pegarme. No me hagáis hacerlo porque sabéis que haré click y no quiero.
Pero claro, luego me entra la duda de qué escribir, porque en el concurso viene claro los géneros: ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura. Y yo no tengo nada parecido. Que es cosa de mirar, por supuesto, seguro que algo encuentro (en primer lugar ficción, la molécula de la discordia, pero bueno, que la cosa es ponerle pegas porque en este instante tengo ya abierta la página del camp nano, y temo que para cuando haya terminado de escribir esta entrada ya me haya registrado).

Agua {Drabble/Una Palabra, Una Historia}

domingo, 15 de junio de 2014

http://tobeornottobelilith.blogspot.com.es/p/una-palabra-una-historia.html¡Hola!
Hoy voy a juntar dos retos de escritura. En primer lugar, el four by flash, que todo el mundo ya conoce porque no hago más que subir relatos de Angie y Nir (eh, que pararé pronto, I promise).
En segundo lugar, y este reto es nuevo, me inicio en el reto de Una palabra, una Historia, propuesto por Lilith de To Be or not To Be. Hubo una temporada en la que me dediqué a buscar iniciativas para el blog, y di con la suya. Y creo que ha quedado bastante claro que yo en temas de escribir me apunto a un bombardeo (NaNo, 4xF... El WWC que a ver si sigo escribiendo...). Así que al verlo no dudé en apuntarme.
Las directrices son claras, cuando nos da una palabra, escribimos un relato basado en esa palabra, o que al menos la contenga. Yo creo que he logrado el objetivo.
Hoy he rescatado a mi alter-ego de una vieja historia que tenía ganas de recuperar. Siempre os traigo personajes con una historia avanzada, pero bueno, es que ya comenté que ando con ganas de escribir cosas poco fructíferas.
También participo con esta entrada en la link party de Lireth's Notebook, por si esta entrada participaba en pocas cosas...
Imagen original
Hizo oscilar sus manos con gracia a ambos lados de su cuerpo. Era un movimiento fluido, que llevaba practicando varios meses y que cada vez se le hacía más natural. Para ser una joven que nunca había dado clases de baile, sus movimientos eran perfectos, precisos, sin alzarse una milésima más de lo debido, siguiendo un ritmo que solo ella parecía escuchar.
Pero no era el baile lo más llamativo de la escena, sino las gotas de agua que flotaban a su alrededor y oscilaban con cada pirueta, con cada giro de muñeca o con un movimiento tan simple como podía ser extender sus palmas frente a ella.
Nunca me había sentido más orgulloso de alguien, y sobre todo de ella. Cualquier mago podría haber hecho eso, cualquier persona que hubiera nacido con el poder habría logado aquellos movimientos sin tanto esfuerzo, sin tanto cuidado. Pero alguien de este mundo tan ausente de magia con esa habilidad… Por mucho que el agua fuese su elemento, aquella obra de arte se merecía toda la admiración que estaba recibiendo. Aunque fuera tan inofensiva como un riachuelo.
Ella abrió los ojos, sonriendo con fascinación. Todavía recuerdo la primera vez que vi esa sonrisa en un restaurante chino mientras se peleaba por congelar un vaso de agua sin ser vista. Un poco impulsiva, pero sin duda alguna trabajaba rápido. Me sorprendió mucho porque era tenaz y sabía lo que quería. Tal vez no debería por tanto sentirme tan orgulloso de aquella muestra de poder. Pero dicen que los profesores siempre están orgullosos de sus alumnos.
Su vista se clavó en mi. Estaba al otro lado del parque, sentado en un banco. Sus músculos se tensaron como si fuera un resorte y por un segundo creí que el agua que flotaba con tanta gracia caería inevitablemente al suelo. Pero sin embargo, tras vibrar y alterar su superficie, volvieron a calmarse y giraron mientras se acercaba con calma. Sin embargo, sabía que algo había cambiado con solo mirarla.
Supongo que fuera el hecho de ser su enemigo. De haberla vendido y traicionado a sus amigos. Supongo que en parte tenía la culpa de su mirada asesina y de la oleada de poder que se dirigía hacia mi.
Sonreí, cerrando los puños. El inocente riachuelo acababa de convertirse en un tsunami.

Antes de perder las alas. {Relato Corto}

viernes, 13 de junio de 2014



¡Esta es la entrada número 100 del blog! La verdad es que nunca creí que llegaría tan lejos, y la mayoría se resumen a mi vuelta directa al blog, se nota que lo retomé con ganas.
Hoy os muestro el último relato que escribí la semana pasada. Sí, sigo con capitulitos sobre Angie y Nir, no pude evitarlo.  En rigor creo que pronto me quedaré sin trama sobre ellos así que tendréis un descanso, seguramente vuelva a escribir sobre Lireth y Theren, aunque puede que no, todo será una sorpresa.
Bueno, al caso. Os recuerdo que la primera parte está aquí, y el capítulo anterior aquí.

Antes de perder las alas.



Cuando lo único que tienes son tus alas, cuando lo que te define es un poder que nace en lo más profundo de tu ser, la idea de perderlo te abruma. Muchos ángeles caídos acababan vagando perdidos los primeros meses de su vida, y había sabido de casos que nunca recuperaban su esencia. Perder tu alma es algo más que un simple trámite, pierdes extremidades, poder, sentido…
Eres alguien distinto.
Y, desde luego, yo no lo propondría a la ligera.
Pero sin embargo, me sigue pareciendo la única opción.
Como es natural, cuando lo propuse mi hermano y Nir montaron un escándalo. Comenzaron a hablar al tiempo y a tirar de mi brazo como si las sacudidas fueran a hacerme cambiar de opinión. La verdad es que creo que el único que pareció comprender lo serio que era el asunto fue Satán. Y coincidir con el demonio posiblemente fuera lo más raro que me ha pasado nunca.
Tras dejar que se desahogaran sin prestarles la más mínima atención, volví la vista hacia Nir y alcé las cejas, invitándole a que me convenciera de forma sensata. ¿Para qué decir más? Había hablado él por los dos, había gritado por los dos…
Y en parte, temía que se me notara nerviosa. Claro que tenía miedo, pero no era momento para decirlo.
- ¿Sabes lo arriesgado que es entrar ahí sin un arma para protegerte?- Murmuró, acercándose con un paso tan lento que casi ni parecía que se moviera.- Podrían descubrirte y estarías indefensa. Nosotros no podríamos ayudarte, sería muy difícil acabar con todo un ejército en estado de alerta.
Aspiré hondo y parpadeé despacio. Quería disfrutar de los pocos momentos en los que era consciente de mis actos.
- Y él podría usarte para lo que quisiera.- Apuntó Sean, sin dejarme hablar, señalando al diablo. Éste fingió sentirse ofendido y se señaló con dolor en su mirada.
- ¿Yo? ¿Dañar a un alma inocente como tu hermana? No soy tan cruel.- Rió, girando el rostro todavía con aquella fingida ofensa.
- Él no tendría mi alma.- Comenté, volviendo a llamar la atención de los tres hombres. Esta vez todos parecían sorprenderse de mis palabras.- No soy tan ingenua como para entregarme al enemigo sin ninguna promesa de volver a ser yo misma. Mi alma estará al cuidado de Nir.

Último Recurso {Relato Corto}

miércoles, 11 de junio de 2014

Tercera parte de esta serie de relatos cortos, tras haber dejado el otro día a Angie y Nir charlando con el demonio, hoy toca idear un plan para rescatar a la hija del diablo, parece que no aceptará un no por respuesta.
Por otro lado, y como ya avisé, he suavizado mi nivel de entradas durante el 4xF, porque además ando en las prácticas externas y hasta ya he decidido ampliar las prácticas. ¡Voy a pasarme cuatro días en un barco! Esperemos que todo vaya bien.
Y sin más preámbulos, el relato de esta semana :)
(Recuerda que la primera parte está aquí, y la segunda aquí)
Participo con esta entrada en la link party de Lireth Notebook

Imagen original
Admito que cabrear al diablo puede que haya sido la peor idea que he tenido en mi vida. Seguramente sin el puede. Definitivamente sin el puede. Tras unos tensos segundos en los que creí que me asfixiaba, Satán se calmó y me soltó, empujándome de nuevo contra Nir. Sus brazos me infundieron bastante más calidez de la que me esperaba y me sentí con fuerzas de nuevo, aunque casi ni hubiera recuperado el aliento. Por suerte, decidí bajar con él, no estoy tan loca como para plantearme el descenso al infierno yo sola.
- Bueno, querida… Muéstrame tus cartas. No creo que hayas bajado a pedirle ayuda al dios del infierno sin una sola idea en tu cabeza.
Apreté los labios, intentando que no se notara mi ausencia de plan. Claro, conocía la sede de los cazadores, y sabía cosas sobre ellos, pero mi intención tal vez había sido más alertar que buscar apoyo.
Ni siquiera era muy hábil como ángel. Seguramente cualquier intento de acercarme resultaría en mi captura.
Desvié la vista hacia Nir, quien llevaba un rato de brazos cruzados apoyado contra la pared. El diablo se dedicaba a pasar su vista sobre ambos con curiosidad, hasta que de golpe corrió hacia la puerta con unas fuertes pisadas que opacaron todo el ruido de la sala. De golpe sentí mi corazón acelerarse en el pecho, tal vez sabiendo lo que había escuchado, y corriendo hacia él pese a que los tacones se me comenzaban a clavar en el talón.
- ¿Así que tenéis a un espía vigilando a través de la puerta?- Satán ni siquiera se molestó en abrirla, su mano cruzó la madera como si no hubiera nada a su alrededor y arrastró a mi hermano hacia la sala en la que nos encontrábamos. Fulminé con la mirada a Sean, incapaz de creerme que estuviera espiando a través de la puerta.
- Solo me asusté al verla entrar con aquella mirada…
Sin quererlo, me fijé en Nir. Sabíamos que para atraer la atención del diablo debíamos hacer algo drástico. Y nos pareció correcto dejarnos llevar por la lujuria, que él creyera que iba a caer en sus garras era una delicia y sin duda alguna la parte del plan que más me llamó.
Y no, no porque estuviera pegada a él. Ese debería haber sido un pormenor. Pero supongo que ya es muy tarde para engañarme a mí misma en esos asuntos.
El demonio pelirrojo me sonrió, algo pícaro, y comprendí que el miedo se le estaba pasando y mi hermano no intimidaba al lado del señor del infierno. Suspiré y me pegué al joven, dejando que me rodeara con su brazo.
- Es mi hermano, es normal que no le guste la idea de verme rodeada de demonios. No debes preocuparte por él. No es ninguna trampa.- Expliqué, pasando una mano por la espalda de Nir. La suavidad de su traje me distrajo un poco de mi hermano maldiciendo por lo bajo.- Vino contra su voluntad, pero bueno. Eso ya es historia pasada.
Sean se removió, acercándose a nuestro lado, pero sin decirme nada.
- Sobre esa sede… - Comenzó, rascándose el cuello.- He visto a gente entrar. Sin tener ningún tipo de calificación, sin necesitar nombres. Los mueve el odio.
- Pues podríamos infiltrarnos.- Propuso Nir. Sean sacudió la cabeza sin casi haberle dejado decir aquellas palabras. Estaba segura que la pausa de mi hermano solo había sido para que alguien hiciera un comentario así, y poder dar un poco de drama al asunto.
- Así solo acabarías en una celda siendo sujeto de experimentos. Ellos pueden reconocernos e identificarnos. Si decidimos poner un pie en aquel lugar, les habremos entregado nuestra cabeza en bandeja.
Me mordí el labio inferior, porque había una forma y lo sabía. Nir y Sean comenzaron a discutir sobre posibles pormenores, mientras el diablo se quedaba sentado y escuchaba. Cada plan era más absurdo que el anterior, o tal vez yo pensaba así porque acababa de tener lo que yo consideraba la idea definitiva.
Satán me miró de refilón y, aunque yo no estaba atenta, pude sentir sus ojos negros atravesándome y me dirigí hacia él. Sonreía, y de algún modo comprendí que se había enterado de mi plan.
- Hay una forma distinta. Sin tanta parafernalia, ni tanto riesgo. Se puede entrar desde dentro…- Me detuve, porque las palabras no querían salir de mis labios. Era algo que había que hacer. No solo por Nyla, ni por todos los que estaban dentro en aquel instante, sino para evitar que nadie más tuviera que sufrir lo que ellos estaban sintiendo. Y si tenía que hacer un sacrificio, podría hacerlo. Miré al diablo, sabiendo que él ya sabía lo que iba a decir.- Podría perder mi poder.
Si quieres ver cómo sigue, haz click aquí

Ladridos y mordiscos. {Relato Corto}

domingo, 8 de junio de 2014




 Sí, ahora aligero las entradas durante el four by flash, y no voy a poner los 4 relatos por semana. Puede que algunos ni los suba, puede que los suba en mucho tiempo... en fin, que este fin de semana vais a tener nada más dos relatos cortos de esta historieta.
Me he metido caña porque así tengo más tiempo para las prácticas y para los estudios, así que escribo tras comer un rato y otro durante la cena, aunque admito que a veces es difícil porque siento la presión de Martín sobre mi hombro leyendo lo que escribo y... ¡me da tanta vergüenza! ¿A vosotros no os pasa que sois incapaces de escribir cuando alguien os espía por encima del hombro?
Bueno, voy a dejar de enrollarme, pasemos directamente al relato.
Por cierto, por si no lo has visto, aquí el enlace al relato anterior ;)

Ladridos y Mordiscos



Tras un tenso silencio entre los tres, Nir y yo intercambiamos miradas y comprendimos que tendríamos que cambiar nuestros planes e incluir a Sean en ellos. No me hacía nada de gracia, es más, el plan era arriesgado y aunque sabía que podía confiar en él… ¿cómo iba a hacerlo? Ya me había echado la bronca nada más conocer mi pacto con Nir, estaba segura de que me arrastraría de los pelos de vuelta a casa nada más saber mi plan.
Cogí las llaves de un cuenco en el recibidor y caminé hacia la entrada. Por detrás del eco de mis tacones pude escuchar el paso seguro de Sean y uno más titubeante que logré reconocer como Nir incapaz de saber si debia acercarse a mi lado o si era mejor quedar en la retaguardia de nuestro extraño grupo. Sin duda alguna iba a ser un viaje muy largo.
- Angie, ¿no vas a decir nada?- Preguntó mi hermano. Como si no supiera la respuesta. Suspiré y giré la cabeza para mirarle, sin siquiera detenerme.
- No sé si querías detenerme, o hacer de hermano mayor y fastidiarme la cita.- Nir entreabrió la boca sin saber cómo comportarse, así que desvié la vista hacia él para que callara. Se detuvo, patidifuso, pero pareció que no iba a hablar ni replicar, así que volví a centrarme en mi hermano metomentodo.- Pero tenemos planes, y no tenemos tiempo para fastidiarlo todo. Así que vienes con nosotros, fin de la historia.

Tres para el descenso {Relato Corto}

viernes, 6 de junio de 2014

Y comenzamos el segundo mes del four by flash. Hoy os presento a Angie y Nir, personajes de la secuela de mi primera historia acabada (que por favor ignoremos que existe). La verdad es que los echaba de menos y una noche con semi-imnsomnio me puse a pensar en ellos y surgió esta serie de relatos cortos. Espero que os gusten :D


 Tres para el descenso.



Siempre dije y repetí que yo, como ángel, no bajaría al infierno por distintos motivos. El primero y más importante no era el orgullo, sino el mareo que me producía teletransportarme hasta el lugar decidido. El segundo, por ser imposible pasar desapercibida ahí abajo. Ser hija de una cazadora de demonios no iba a conseguirme muchas amistades en el infierno, más bien todo lo contrario.
El tercer motivo era porque tenía que formar un plan con Nir, el demonio de mi clase. Y ya tenía suficiente con esa especie de simbiosis en la que ambos nos protegíamos, como para encima tener que depender completamente de su ayuda.
Habíamos elegido el día de la tierra para bajar, por ser el momento en el que el acceso era más fácil. Los Dioses confinados en la Tierra eran más fuertes cuanto más se acercaba el solsticio de primavera, y eso hacía que los demonios no pudieran invocar tormentas, huracanes y otras catástrofes naturales. Tras años de intentos habían decidido que lo mejor era no malgastar sus fuerzas, y dedicaban aquel día a celebrar un gran baile para todos aquellos que estuvieran dispuestos a descender hasta las profundidades terrestres por un par de copas y canapés.
Y claro, estaba nerviosa.

Esa clase de Miradas {Microcuento}

miércoles, 4 de junio de 2014

A pesar de la fecha de la entrada, este microcuento es de antes del four by flash y por tanto no forma parte de éste. Es más, lo publiqué en notegraphy nada más terminar, pero como andaba con una semana ajetreada decidí prevenirme y programarlo para ahora, jajaja. Surgió, como no, de una prompt de writeworld y me decidí a escribir este microcuento.


Esa clase de miradas

Tenía esa clase de ojos con los que evitas cruzarte. Aquellos que te atraviesan como una sacudida eléctrica y te hacen quedarte paralizada mientras sientes el cosquilleo en los dedos. Aquellos ojos que te cortan la respiración y hacen que el corazón se detenga y el tiempo comience a ir más despacio. Era una de esas miradas que te congelan el alma y te hacen posar los pies en el suelo. 
Esa clase de miradas que nunca traen buenas noticias.
Y no fue la excepción.