Difíciles Decisiones {Relato Corto/ Cuéntame tu historia}

viernes, 28 de noviembre de 2014

¡Hola!
Llevo desde el miércoles pensando qué subir hoy, y al final lo he escrito aprisa y corriendo para ponerme al día con la iniciativa cuéntame tu historia. Ya es la cuarta que se crea y seguro que para la semana que viene tengo otra, que esta semana suben nuevo personaje.
Hoy nos traían a una chica sin nombre a la que yo cambié varias veces de nombre jajaja Es una joven algo deprimida con pintas de vagabunda y... bueno, esta es su historia.
¡Espero que os guste!
Ah, el domingo me tiño con henna, si queréis fotos podréis verlas en twitter seguro, pero si queréis las subo al blog también.

Físico: estatura pequeña, ropa vieja, desgastada y rota (sudaderas grises, vaqueros negros, camisetas monocolor)
Personalidad: sumisa, callada, silenciosa, deprimida
Edad: 15 años
Shirley discutía con el jefe de policía. Seguramente se repetían que era la quinta vez que venía en lo que iba de semana, y era martes. La verdad es que había sido una semana muy mala para mi. Soy una chiquilla pequeña, de las que no miras dos veces, con harapos en vez de ropa. Si quiero, no hago ruido. Pero claro…
La puerta se abrió, entrando tanto el jefe como Shirley.
- ¡Esa chiquilla tiene que acabar de delinquir! ¡Puede ser una menor, pero está constantemente malgastando el tiempo de mis agentes!
Shirley no se inmutaba por los gritos, aunque eran tan estridentes que me retumbaban los tímpanos y tenía que hacer esfuerzos para entender sus palabras. Los gritos siempre me habían molestado, desde que era pequeña, y los ojos se me empañaron, sintiéndome culpable.
Sin embargo, Shirley me sonrió. Fue una sonrisa efímera, de apenas medio segundo, antes de que volviera a mirar a su interlocutor, con la cara roja de rabia.
- Pero si no ha hecho nada- Me señaló con la palma abierta- Obsérvela. Si quisiera robar, ya llevaría mejor ropa. Habéis comprobado que no tiene ninguna joya. Lo único que quiere es un lugar donde estar a solas, agente. Ya le he dicho que no quiere robar, sólo busca un sitio donde sentirse cómoda.
Aquello pareció compadecer un poco al agente. Al menos lo suficiente para que cerrara la boca y me observara con ojo crítico. Al final, siempre era lo mismo. Me echaban la bronca, me decían que no hiciera algo, y yo no lo hacía. Solo buscaba algo un poco distinto para hacer sin sentirme culpable. Llevaba así años, desde que el orfanato se me venía encima, desde que poco a poco todos mis amigos se fueron.
Desde que era la última.
Bueno, no la última última, pero sí la mayor. Nadie me recogería nunca.
Tras otros gritos a un nivel más bajo, añadía el jardín de los Lovejoy como otro de mis sitios vetados y salía junto a Shirley. Mi sudadera gris se removió al andar. Allí dentro, con todos los gritos, nadie se había percatado, sobre todo porque procuraba volverla más amplia mientras estaba sentada. Pero afuera, en la tranquilidad de la calle, se escuchó un maullido
Shirley rió.
- No puedo creerme que todo sea por los gatos, Kayle. ¿Qué piensas hacer con todos ellos?
Me encogí de hombros. Sólo quería salvarlos. Siempre había distinguido sus maullidos, y aquellos estaban perdidos, como yo. Llevaba observándolos días, motivo por el cual me habían pillado varias veces. Su madre no aparecía y los gatitos estaban solos y hambrientos. No podía permitir que se quedaran allí, por lo que me colé en la propiedad, recogí a los pequeños y ahora descansaban en el doble bolsillo de mi sudadera, comenzando a removerse y soltar chillidos agudos.
- Salvarlos, como siempre- Respondí. Shirley sacudió la cabeza y sus rizos rubios ondearon a su alrededor, como unos muelles. Me rodeó con su brazo libre mientras volvíamos hacia el orfanato.
- Si no gastásemos tanto en leche, tal vez podríamos ponerte guapa.- Siempre me lo decía. Como si la belleza me importase ya, como si el estar un poco más guapa o con la ropa más limpia me fuera a dar un hogar. Sacudí la cabeza. Hay cosas que acabas asumiendo con el tiempo. Bajé la vista al bolsillo, por el cual asomaba la cabeza de un gatito con un ojo de cada color. Apenas había abierto los ojos, era demasiado joven. Me maulló y comencé a notar que todo el bolso vibraba con el ronroneo de los gatitos. Sonreí. Ellos no sabían lo que era estar sola. 
Yo sí.
- Prefiero salvarles la vida- Respondí.

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Otra cosa que se me da bien {Relato Corto}

miércoles, 26 de noviembre de 2014

¡Buenos y fríos días!
Estoy agotada y eso que acabo de volver de un puente. La verdad es que ayer me pasó de nuevo lo de no poder conciliar el sueño bien, así que me puse Welcome To Night Vale para dormir. No sé si os suena, es un podcast inglés con temática sobrenatural y con un narrador con una voz muy suave. Os lo recomiendo tanto por divertido como por su habilidad para dejarme grogui.
Hoy os dejo con un nuevo capítulo de Daphne y su pasado. Sí. La cita. Os dejo por aquí el capítulo anterior para que no os perdáis nada. Y ya sabéis, esta entrada participa en la Iniciativa Dioses del Olimpo dando puntos a Hermes.
Por cierto, he vuelto a la revisión de Lhanda. Ya voy por el capítulo 15 de 30. Ya solo me queda reescribir.




Intentar confiar puede ser lo últimpo que haga un mestizo. Se presentan buenas oportunidades, muy buenas, perosiempre hay gato encerrado. Es como si la bondad no existiera, como si todo aquello que pudiera llegar a considerarse bueno, todo lo que acabe siendo positivo para un mestizo estuviera íntimamente vinculado con una amenaza de muerte.
Eso pensaba yo mientras me vestía para quedar con Ian.
Había elegido un vestido bonito pero informal, florido y con un tono rosa pálido. Por suerte el verano parecía no querer irse y podía seguir vistiendolo, porque era uno de mis favoritos. Y no solo porque me hiciera unas tetas de impresión, que también.
Mientras me maquillaba, la puerta se abrió, entrando Lauren. Me había costado, pero al fin sabia su nombre. Mi compañera se hizo una coleta nada más entrar, apartando su cabello rubio de la cara. Al verme, saludó con una sonrisa.
- Hay un chico fuera mirando el reloj cada 5 segundos. Creo que tu cita está impaciente.
- Ha llegado pronto- Comenté yo, mirando el reflejo del reloj a través del espejo. Al dejar el pincel del colorete observé el pasador de pelo con forma de sirena que tenía en el neceser. Era una aguja afilada, de bronce celestial. Un arma fina para emergencias. Nadie reparaba nunca en el método con el que me sostenía el pelo hasta que era demasiado tarde.
Fue un arrebato, me pongo a pensarlo y no sé cómo se me ocurrió, pero me hice un moño suelto con ella, procurando que la sirena quedara a la vista. No podía evitarlo, necesitaba saber si Ian era mortal, si no era una trampa. Necesitaba saber que podía confiar en él.
- Bueno, ya estoy.- Dije, saliendo del baño mientras me colocaba unos pendientes.- No me esperes despierta y no me hagas spoiler de las series que veas.
- Si quieres te spoileo cómo acabará la noche- Le lancé un cojín, tal vez demasiado fuerte o tal vez fue una exagerada, pero mientras cerraba la puerta lloriqueaba y me profería amenazas.- ¡Te voy a pinchar los condones! - Fue su último grito, tan elevado que se escuchó en el pasillo.
Ian alzó la vista, entre sonrojado y divertido. Yo aguanté la respiración, sonrojada, mientras veía cómo reaccionar ante eso. Sacudí la cabeza.
- No le hagas caso.
- Tranquila, yo también tengo.- Me sonrió. Inspiré hondo, conteniendo la vergüenza.
- Tengo ya el trabajo acabado justo aquí.- Dije, cambiando de tema. Hundí la cabeza en mi bolso para sacar los folios encuadernados, aprovechando el momento para serenarme. Es un poco triste, pero era mi primera cita. El campamento no es precisamente el mejor lugar para tener relaciones duraderas. Tu pareja puede no volver.
- Vaya, qué recogedor tan bonito.
Sonreí, tendiéndole los apuntes con una mano mientras me quitaba el pincho. Lo desplacé con gracilidad en mi mano y fingí un tropiezo para lanzarlo directamente a un costado del cuerpo de Ian, que se sobresaltó y procuró esquivarlo. Sin embargo la aguja lo atravesó sin problema, como si no fuera más que un espejismo. Ian creyó que en realidad había pasado por su lado, pero yo había visto lo que quería ver.
- ¡Perdona!- Dije, casi sollozando. En realidad me acababa de quitar un peso de encima. Corrí a coger la aguja y volver a colocarla.- Mejor te la enseño desde aquí, es una sirena.
- Es cierto, eres una friki de la mitología.
- Algún día me gustaría conocer tus frikismos, solo para meterme contigo.- Bromeé, dándole un suave codazo. Caminábamos casi sin distancia entre ambos, recorriendo los pasillos de la universidad como si el caos alrededor nuestro no existiera.- ¿Y dónde vamos a comer?
- A Tutti.
Arqueé una ceja, Tutti era un restaurante italiano. No muy caro, pero un italiano. Italiano. Creo que no lo entendéis. No tengo mucha idea de salir, pero, ¿italiano? Sonaba a cita, a cita muy formal. A demasiado formal.
A demasiado formal para una primera cita. A demasiado formal para una primera primera cita. Ahogué un chillido mezcla de emoción y de nerviosismo mientras avanzábamos hacia el restaurante.
- Bueno, me gustaría igualar un poco las cosas, Ian Camplight.- Dije, intentando no pensar en la cita que se avecinaba.- Sabes mucho de mí, cuéntame algo sobre ti.
- No sé, mi vida no es tan emocionante. No escalo paredes ni hago cosas así.
- Pero estás en la universidad de Pasadena de física cuántica. Algo bueno tendrás.
- Estudio mucho. ¿Y tú?
“Colé mi nombre en el archivo” Quise decirle, quise explicarle que no tenía expediente de notas y que había falsificado todo el expediente para estudiar en la mejor universidad. Quería explicarle que era brillante y se me daba bien, pero que un campamento y miles de monstruos me habían impedido sacar mis notas como una persona normal. Quise explicarle que era una mestiza. Pero claramente no podía.
- No sé, ¿tú qué crees? No tengo una beca de deportes, aunque pueda parecerlo. Saqué buenas notas en Michigan, y logré ser aceptada aquí.
- Vaya, es un gran cambio.
- No te haces a la idea.- Sonreí.- ¿Vives aquí?
- Qué va. Vivo en casa de mi tío. Mis padres son de Arizona. No está tan lejos pero es un buen viaje.
- ¿Y estáis solos tu tío y tu?
- Bueno, y mi tía y el pequeño que está en camino.
- Oh, qué monada.
- Seguramente sea el padrino.
- ¿Se te dan bien los niños?- En ese momento estaba intentando ignorar la parte de mi cabeza que me decía que podía ser un buen padre, mordiéndome el labio inferior y solo centrada en su perfil. Él me sonrió.
- Sí, bueno, siempre me ha gustado jugar con ellos y cuidarlos cuando son más pequeños. Lo malo es que tendré que buscarme la vida cuando crezca, porque dudo que puedan mantenerme teniendo al churumbel, y mis padres tampoco están para traerme dinero.
Fruncí el ceño. Yo no tenía problemas de dinero. Vamos, y aunque los tuviera, mi padre era el dios de los dedos largos, los prejuicios no venían conmigo. Intentando animar el tema, le di un codazo.
- Tranquilo, que a la cena invito yo.- Sonreí, adentrándome en el recinto. El cálido olor de la pizza y la pasta fresca nos envolvió, y fue como transportarse a italia en un instante. El camarero nos indicó una mesa interior, pegada a una pared. Dejé mi chaqueta en una esquina de la silla y me senté frente a él.- A fin de cuentas, te debo una, por mucho que me hayas acorralado para esto.
- ¿Te molesta?
Negué, me importaba muy poco estar en esa cita con él. Estaba nerviosa por la idea, pero al mismo tiempo impaciente. Y creo que me latía tanto el corazón que cualquiera podría haberse dado cuenta. Aproveché que nos traían la carta para esconder la mirada tras los menús, intentando serenarme. ¿Sabéis eso de haberte enfrentado a una Furia y no poder soportar la mirada de un chico? ¿no? Joder, pues qué suerte. Porque a mí me estaba pasando y era horrible. Ojalá pudiera, pero solo de pensar en lo que podía ocurrir si la cita me iba bien, y tenía mariposas en el estómago. Es tan cliché.
Tras pedir (tiempo que se me pasó escondida tras la carta y procurando no alzar la vista), no tuve más remedio que volver a enfrentarme a sus ojos y a sonreír como boba. Ian también me sonrió, y estuvimos en silencio hasta que trajeron la pasta para ambos.
- ¿Qué tal tus raviolis?- Pregunté, enrollando mis tallarines.
- Muy ricos, la salsa es muy fuerte y… buf. Ya verás.- Antes de poder darme cuenta me estaba tendiendo su tenedor con un par pinchados.- Abre la boca.
- No, ni de coña.- Noté que se me subían los colores, extendiendo la mano para coger el tenedor. Alzó la mano para evitarme y yo fruncí el ceño.- Iaaaan
- Déjame.
Bufé, pero cedí y abrí la boca. Esperaba sentirme rara, incómoda con él, pero fue natural y mágico. Y creedme, sé lo suficiente sobre magia como para distinguirlo. Saboreé la pasta como si fuera ambrosía, creyendo por un segundo que lo era y que Ian ardería por tomarla.
- Te lo cambio.- Dije, medio en broma medio en serio, intentando robarle su plato de pasta marrón. Ian rió, negando, aunque al final logré ir robándole poco a poco raviolis a cambio de mis tallarines con setas. Cuando hubimos terminado estábamos casi llenos, pero el camarero nos habló de tiramisú casero y yo puse ojitos.
- ¿Quieres compartirlo?- Asentí.- Un tiramisú y dos cucharas.- Pidió, el camarero nos sonrió.
- ¿Saben? Si quieren se lo llevo a la terraza superior. Es más íntima.
Mi primer arrebato fue de negar. Pero luego recordé el día en la cafetería con Ian, contándole mi aventura, y lo divertido que había sido. Me apetecía algo así. No tan separados por una mesa, sino algo más personal. Interrumpí a Ian diciendo que se equivocaba y me levanté.
- Claro, vamos.
Se quedó bloqueado. Más o menos como llevaba yo toda la noche, cohibido y sonrojado. Me gustó el cambio de tornas, tomándole de la muñeca para levantarlo.
-Cóbranos de aquí, Thomas.- Le dije al camarero, con total confianza, tendiéndole mi tarjeta de crédito- Y añádete la propina.- Él me sonrió, asintiendo y guiándonos hacia la terraza superior. No había nadie, por lo que pudimos escoger el sito, sentados en un banco al borde del tejado.
La ciudad estaba completamente iluminada, impidiendo verse las estrellas. Se me hacía raro, en el campamento había llegado a conocer cada constelación, a guiarme por las estrellas. Sin ellas estaba perdida.
- Me sorprende que hayas querido venir.- Confesó Ian, quien procuraba mantener un margen de distancia prudencial.
- Lo bueno de estar aquí es que no ocupamos una mesa, podemos tomar el postre y estar tranquilos. Y me recuerda a la cafetería, el día que nos conocimos.
- Cuando escalaste la pared.- Sonrió, tal vez nostálgico. Sus ojos brillaron y vi que se humedecía los labios.- Me alegra haberte abierto la ventana.
- A mí también.- Reí con suavidad, jugando con mi pelo.- Si no seguramente Felicity me habría matado.
- Eres tan dramática.- bufó, alzando la vista. Thomas venía con el tiramisú, mi tarjeta de crédito y unas copas a las que invitaba la casa. Le agradecimos el gesto y volvimos a centrarnos el uno en el otro.- Me encanta.
Me sonrojé, y por suerte ahí arriba no se veía tanto. Humedecí mis labios y fui a por el tiramisú, aunque Ian ya lo tenía entre sus manos, y las dos cucharas.
- Cierra los ojos y abre la boca.
- ¿otra vez?
- Por favor.
Puse los ojos en blanco, pero obedecí. Ahí arriba, en medio de una ciudad poblada y donde podía pasar cualquier cosa, cerré los ojos y quedé indefensa, a merced de Ian. La idea podía haberme aterrado y seguramente tendría que haberme puesto alerta, tal vez solo por respirarme podía haberle partido en dos, pero respiré calmada y esperé a que me tendiera el tiramisú como había hecho con los raviolis.
Pero no lo hizo.
Me besó.
El beso me pilló por sorpresa. Abrí los ojos alarmada, aunque luego sentir la suavidad de sus labios, el regusto dulce del tiramisú que él sí había tomado y la calidez de su lengua me hizo ralentizar el pulso de mi corazón hasta que fui consciente de que me estaba besando. Sin embargo no me aparte, subí las manos por su cuerpo y las enredé en la cabellera castaña, profundizando el beso. Sonreí, algo nerviosa y sonrojada cuando me aparté.
- Guau.
- ¿También beso bien?- Adiviné. Parecía que era su muletilla cuando algo le impresionaba. Él asintió. Me mordí el labio inferior, muerta de vergüenza.- Exagerado.
- No en serio, parecía que me ibas a robar el aliento o algo.
- No, los alientos no son rentables, no merece la pena robarlos.- Bromeé, dándole un suave beso antes de comer el tiramisú con calma. Me rodeó con su brazo y nos pegamos el uno al otro, disfrutando con más calma del resto de la velada.
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Final de "El Fantasma del Lhanda" en wattpad

lunes, 24 de noviembre de 2014

Creo que no hace falta decir que por el año pasado, en estas fechas, estaba escribiendo Lhanda como loca. Me quemaban los dedos de las palabras y hasta tuve un bloqueo final, casi llorando, en el que pensé que nunca acabaría la novela.
Pero acabó. Y una parte de mi quiso que no acabara para siempre, dejando quiensabecuanto tiempo el último capítulo sin colgar en Wattpad.
Hasta hoy. He decidido que es el momento de subirlo, y así cerrar por fin esa historia. Luego lo revisaré, lo editaré y acabará en amazon o en la editorial que lo quiera, si alguna lo quiere. Pero de momento he decidido subirlo a Wattpad.
El capítulo está en wattpad y la historia por fin finalizada. Menos para aquellos que me lean y sepa que me leen, que por favor se pongan en contacto conmigo si quieren leerse también el epílogo. Yo solo se lo voy a mandar a quien sé que lleva contigo toda la novela, Julia, que desde aquí le agradezco mucho todo el tiempo el esmero y el amor que siente por Lhanda, casi más que yo.
Espero tenerla revisada pronto, pero soy una vaga.
Por último dejaros una de las imágenes que me recuerdan muchísimo a Lhanda, Clarya y Daimen despidiéndose en la estación de tren, para no verse en mucho tiempo...
Jo, en serio, es verla y querer retomar esta novela. Necesito un empujón o algo.
¡Un besín, nos leemos el miércoles!

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Ni todos los hombres son buenos... {Relato Corto}

viernes, 21 de noviembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy os traigo la tercera entrega de cuéntame tu historia. Sí, el especial Halloween, a 21 de noviembre.
Lo normal.
Lo siento en primer lugar a mi Desdentao y a Devi por ser una tardona. Me coincidió con el NaNo y tenía que escoger.
Pero bueno, más vale tarde que nunca y aquí tenemos a varios personajes. Sí varios. Me daban una selección de 4 personajes y he escogido 3. Porque lo hago con 3 semanas de retraso así que cojo 3 personajes.
Vale, ya dejo de enrollarme. Ahora os dejo con el relato.
¡Nos leemos el lunes!

Nombre: Ayleen
Característica: bruja
Físico: pelo largo y moreno, ojos ámbar, complexión delgada, huesos marcados.
Situación: debido a ciertos acontecimientos relacionados con ella y que han ocurrido a su alrededor, la acusaciones de brujería han ido tomando peso.


Nombre: Kalen
Físico: alto, delgaducho, moreno Personalidad: solitario, emocional
Situación: en la noche de Halloween, pasea por el cementerio. Y ve algo que no debería haber visto.


Nombre: Suria
Característica: sirena
Físico:
           -Humana: a vuestra elección
       -Sirena: cabello entre verde y azul (podéis asemejarlo a las algas o algo parecido), ojos sin pupila, verdes. El resto de características las podéis elegir vosotros.
Situación: no te dejes engañar por su belleza. Estas criaturas no son lo que parece y en la noche de brujas, donde todo vale, su poder es más fuerte. Ten cuidado.


El viento soplaba con fuerza entre las ramas de los árboles, como si fuera un cántico frío que acompañaba a la noche de muertos. La luna era la única iluminando el cementerio, creando sombras onduladas que habrían puesto los pelos de punta a cualquiera.
Pero no a Kalen. Acompañado por una antorcha que hacía vibrar sus ojos azules, caminaba como si no tuviera nada que perder, revisando los nombres de las lápidas y tomándose su tiempo para lamentar la muerte de todos ellos. Sus pisadas eran suaves, lentas, como si no quisiera perturbar a los muertos. Y caminó despacio hasta la tumba que estaba buscando, arrodillándose frente a ella, incapaz de contener las lágrimas.
Allí yacía su madre, desde hacía tantos años que algunos se preguntarían cómo podía seguir echándola de menos. Pero lo hacía. Cada mañana se despertaba sintiendo un vacío en su pecho y recordando los chillidos del día en el que murió, intentando detener a su marido en vano. Ahora ese hombre se pudría en la prisión, pero eso no consolaba a Kalen. Porque ella ya no estaba.
- Hola Mamá- Susurró, como un hilo de voz por encima de su sollozo. Se sorbió la nariz antes de seguir hablando- Sigo echándote de menos, ojalá estuvieras aquí... La verdad es que intento ser como me dijiste, fuerte, valiente... Pero no valgo para nada- Depositó un pequeño ramo con lilas a sus pies, era su flor favorita- A veces me gustaría ser tu niño para siempre, y estar a tu lado... Si tuviera la fuerza...
Siempre lo pensaba, pero era tan cobarde que no podía cortarse, no veía el momento de morir para estar con ella pero no tenía fuerzas para hacerlo. Fue a explicarle cómo le había ido el año, las pocas cosas buenas y las muchas malas que le habían ocurrido. Sin embargo algo le detuvo.
Por encima de la música del viento, se escuchaba un canto. Era suave, sutil, casi ni era capaz de entender las palabras, pero reconocía la cadencia. La voz se hizo más fuerte mientras se ponía en pie, mirando alrededor en busca del emisor. Ella estaba al final del cementerio, cerca de un lago. Era una chica rubia de ojos azules, la hija del panadero. Le sonrió y se acercó al lago, sin dejar de cantar. Kalen no dejaba de preguntarse cómo era capaz de emitir esos sonidos, parecía un ángel.
Se puso en pie, incitado a seguirla, solo turbándose al ver cómo su vestido azul caía a plomo sobre la superficie del agua. Su corazón se aceleró y sus piernas tenían tanta ansia por avanzar que se quedaron quietas. La música seguía sonando en su cabeza, y poco a poco se volvió a poner en marcha.
Pero su celebro lo alertó. "Está bajo el agua y sigues escuchando su voz" Él intentó ignorarlo, aunque su cuerpo disminuyó la velocidad. "No es lo que crees". Sacudió la cabeza, observando su silueta en el agua. La chica emergió, su cabello verde por las algas, brillando por la luz de la luna. Tenía la piel verdosa, seguramente reflejando la superficie del agua.
No fue hasta que abrió sus ojos, verdes, sin pupila, que se le detuvo el corazón, aunque no dejó de caminar. "Es una sirena. HUYE"
Pero por mucho que su cabeza intentara ser sensata, su cuerpo no le hacía caso, movido por el deseo que el cántico de la sirena le inculcaba. Se arrodilló frente al lago, sintiendo el agua helada en las rodillas y sintiendo cómo ella alzaba su mano, con membranas entre los dedos y escamosa, para tomarle el rostro.
Y, de golpe, algo le empujó a un lado. La música se deshizo, el hechizo se rompió.
Kalen pensó en correr, se puso en pie torpemente cuando vio una llama azul ir directo a su cara. Se agachó a duras penas, aunque el cabello moreno se le chamuscó en las puntas. Giró la cabeza para ver qué estaba pasando.
La criatura del agua bufaba, mostrando sus dientes afilados. La magia se había desvanecido y no veía a la diosa que antes había creído observar, sino al monstruo que estuvo a punto de atravesarle el alma. Al principio creyó que le bufaba a él, pero luego vio a otra joven, raquítica, tan delgada que casi parecía un esqueleto, con el cabello moreno ondeando al viento y sus ojos ámbar llameando como si estuvieran hechos de fuego. Sus labios se movían con rapidez y de golpe alzó una mano al cielo. Un rayo cayó directamente sobre el lago y la sirena lanzó un último chillido lastimero antes de caer inerte sobre la orilla.
La joven trastabilló. Sin dudarlo un segundo, Kalen corrió a sostenerla en pie.
- Gracias...- Murmuró ella, apoyándose en su hombro para recomponerse- Aunque me las deberías dar tu a mí. Si no llego a estar aquí... ¿Cómo eres tan idiota de venir al cementerio cuando hay tantos rumores sobre monstruos y brujería?
- Pero es el día de muertos...- Murmuró, mirando un segundo a la colina donde estaba la tumba de su madre. La antorcha se había apagado y casi no la distinguía, pero sabía dónde estaba.
- También es el día de brujas. Y tú casi te conviertes en un muerto- Se sacudió el polvo de la ropa, sin dejar de mirarle.
- Pero tú eres una bruja...- De golpe supo quién era, Ayleen. La chica a la que siempre acusaban de brujería, aunque al parecer con motivo. Se habría apartado de no estar tan sorprendido.
- Sí, ¿y?
- Me has salvado...
- Y todavía no he oído un "gracias".
- Pero...- Kalen estaba intentando arrancarse de golpe todos los prejuicios que le habían inculcado sobre la brujería. Una parte de él le decía que debía sentir miedo. Su cerebro intentaba decirle que se calmara y diera las gracias.
- Mira, ni todos los hombres son buenos ni todos los monstruos son malos.- Lo cortó Ayleen, separándose bruscamente de él.- Pero si quieres seguir con esa mentalidad, puedes ir a hablar con el alcalde y acusarme de brujería. Total, no serías el primero.
Bajó la vista a sus pies, descalzos y cubiertos de barro. Kalen siguió su mirada.
- No.
- ¿No?- Ayleen volvió a mirarle, sus ojos brillando esperanzados.
- No voy a acusar a quien me ha salvado la vida- Sonrió- Por cierto, gracias...
Ayleen sonrió de vuelta.
- No es nada.- Caminó hacia una esquina, donde había un pequeño petate- Me alegra haberte salvado, ahora, si me disculpas, voy al bosque antes de que me quemen en una hoguera.
- ¿Puedo ir?- Preguntó él. Le salió solo, tan espontáneo que no se dio cuenta de lo que acababa de preguntar. Ayleen se giró tan bruscamente que creyó que había invocado a un vendaval, haciendo que se encogiese, intimidado.- De todos modos, no encajo aquí.
Ella lo escrutó con la mirada.
- ¿Eres el hijo del leñador preso, no?- Kalen apretó los dientes, asintiendo. Todo el mundo conocía su historia en el pueblo. Ayleen escupió al suelo- Que se pudra en su celda. Claro, puedes venir conmigo. Además, siempre podré hacerte engordar y asarte, y nadie te echará de menos.
- ¡Oye!- Murmuró él, ofendido. Ayleen rió.
- Era una broma... Las brujas tenemos un humor extraño, vete acostumbrando.
Kalen asintió, siguiéndola hacia la espesura del bosque, donde los cánticos de los árboles se atenuaban y ya nada daba tanto miedo.
A fin de cuentas, no todos los monstruos son malos.

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Ian me salva la vida {Relato corto}

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¡Buenos días!
Ya estamos a mitad de la semana, y yo con muchas ganas porque este finde voy a casa a ver a mi familia, que además el lunes es puente (ni idea de por qué, pero yo tengo fiesta). Además hoy me sacan la foto de la orla y ando algo nerviosa y con los rizos en el pelo. A ver qué tal salgo al final.
Hoy subo un relato de Daphne en el pasado. El capítulo anterior, el del día de la escalada, pareció tener buena aceptación y me emocioné, así que aquí tenéis la continuación. Solo os aviso, va a dar para largo.
Ah, y voy a crear una newsletter porque puedo, así que si queréis suscribiros tenéis el boton al final de la entrada.
Ya dejo de enrollarme, os dejo con Daphne. (recordad que esta entrada participa en la iniciativa dioses del olimpo para la cabaña Hermes. ¡Os robaremos la victoria y la cartera!)


Cuando al fin comprendí que la señora Felicity acabaría por matarme, decidí que al meno se lo tendría que poner difícil. Desde la biblioteca me descargué una audiowiki, una enciclopedia sobre monstruos de la mitología griega en formato de audio, y lo metí en el móvil. Vivía con los cascos puestos. Entrenaba con ellos en el gimnasio de la residencia y parecía que solo me las quitase para ducharme y atender en clase.
Sin embargo, parecía más fácil de lo que en realidad era. Cuando todavía iba por la C de Ceto, el primer monstruo marino que había aparecido en el mundo, me di cuenta que necesitaba hacer una criba. Muchas de esas criaturas no estaban vivas, otras, no podían ser por temas físicos.
Pero no puedes hacer una criba sin conocer a todas las criaturas, y hacer una selección tal vez requeriría de muchas horas de internet, aunque conociera ese mundo casi mejor que mi padre.
Apoyé con desesperación la cabeza sobre la mesa. No tenía tiempo para hacer una criba. No tenía tiempo en general.
alguien me quitó los cascos, sorprendiendome y haciendo que alzase la cabeza.Ian me sonrió al otro lado de la mesa, mientras se ponía a escuchar la terrible leyenda de Ceto y Perseo.
- ¿Cthulhu?- Me preguntó él, lo que me hizo sonreír. Ojalá se tratara del monstruo de Lovecraft. Negué, recuperando los cascos sin siquiera levantarme.- ¿y quién es?
-Es un monstruo de la mitología griega. Se llama ceto.- Le expliqué, mientras se sentaba a mi lado.- Muy poderoso en realidad.
Por suerte, era difícil de invocar con el nombre. era muy viejo y estaba cansado. Podías llamarlo, pero era muy improbable que apareciera.
- Así que eres una friki de la mitología. Y se te da bien la escalada. ¿Hay algo más?
¿Sabéis eso que se dice de que la mejor mentira es una verdad a medias? Pues, como hija de Hermes que soy, puedo confirmar la teoría.
- También robo.
- Claro, ahora todo cuadra.- Me sonrió con naturalodad de modo que yo no podía hacer otra cosa que no fuera imitarle. Olvidándome de la prima de todo mestizo: desconfiar de todo el que se presenta ante ti con buenas intenciones.
No sé cuánto tiempo estuvimos así, sin hablar, solo mirándonos. Tenía los ojos más vivos que había visto nunca, y llegué a pensar que cualquier cosa que se reflejase sobre ellos solo podría deslucirlos.
Sin embargo, la magia se disipó al ver a la profesora elicity entrando en el aula como si fuera un vendabal. Me giré, sorprendida, olvidando sus ojos para recordar lo que de verdad me importaba. Necesiaba ver más allá de su fachada, pero no sabía cómo hacerlo.
-Espero que hayáis traido vuestro trabajo sobre la relación de indeterminación de Heisenberg.- Indicó ella, todavía sobre el pupitre. Algo en mi interior comenzó a helarse, podría haberme quebrado en el asiento con el menor golpe.
- ¿Era para hoy?- Conseguí decir, en un murmullo. Ian asintió, mirándome preocupado.
- Claro, ¿qué pasa?
-Lo tengo en casa, pensé que era para mañana.
-Bueno, díselo.- Me giré. Era como si se hubiese olvidado del hecho de que me odiaba.
-Ian, me matará si le doy la oportunidad. No puedo permitirme estos fallos… soy idiota.
-Eres una dramática- Susurró, girándose para rebuscar en su bolsa. Yo me dediqué a mirar a la mujer, siguiendo sus pasos por la clase, recogiendo los trabajos uno a uno. Quería pillarme, quería ver el pánico en mi cara en el momento en el que viera el fin acercarse. Y lo peor es que lo vería.
Entonces escuché los folios posarse sobre la mesa, y el trabajo mecanografiado de Ian estaba ante mí, brillando como la salvación que sabía que era.
-¿qué haces?
-Ya me darás tu trabajo. Pon tu nombre.
- Eres idiota.
-No gana nada matándome.
Sabía que lo había dicho con burla, como si no me creyera (aunque no le juzgaba por ello). Sonreí, posando mi mano sobre la suya durante un efímero instante.
-Gracias- Susurré, cogiendo el bolígrafo y firmando el trabajo. Justo cuando posé el bolígrafo sobre la mesa, sentí la presencia de Felicity sobre mí.
-Señorita Miller- Susurró con frialdad, arrancándome el trabajo de las manos y realizando un escrutinio rápido por su contenido. Ian debía ser bueno en física cuántica, así que solo se giró hacia mi compañero, sin decir nada.
- Ian, cielo… ¿y tu trabajo?
-Lo siento mucho, profe.- Sonrió, intentando poner cara de circunstancias.- Tuve un pequeño contratiempo. Creí que la fecha de recepción era mañana.
Me fulminó con la mirada, tal vez sabiendo que había tenido algo que ver con el contratiempo de Ian, pero yo sonreí con inocencia.
-Bueno cielo, no pasa nada. si me lo traes mañana no te penalizaré.
-sí- Dijo, sonriendo y mirándome de refilón. ella volvió a dirigirme una de sus gélidas miradas, antes de girarse.
Suspiré aliviada.
-Espero que tu trabajo esté de doce, seguro que me penaliza aún así. Esta mujer es mucho de boquilla.- Me dijo, dándome un suave codazo bajo la mesa.
-Tranquilo que lo está. Soy la reina en términos de búsqueda de información.- Respondí.- Te debo una… dos, si contamos con que me abriste la ventana.- Me pasé un mechón tras la oreja, mirándole.-Podemos volver a quedar a tomar algo y te llevo tu trabajo, si te parece bien.
-Claro, podemos ir a cenar. Te recojo a las 8, ¿te parece?
-¿Una cita?- Me sorprendí, y admito que se  me aceleró el corazón y sentí unas ligeras mariposas en el estómago. Seguramente estaba sonrojada.
- Sí- Sonrió, travieso, como si tuviera planeado esto desde el principio. De nuevo, era una sonrisa contagiosa.
- Está bien, pero entonces estamos en paz.



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Los cuatro jinetes {Te robo una frase}

lunes, 17 de noviembre de 2014

No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella. —De Elbert Hubbard. —Propuesta por Frank Spoiler.




Los cascos de los caballos hacían retumbar el terreno fértil que cruzaban. Por cada galope, el suelo aplastado perdía su color, volviéndose una superficie yerma y falta de vida. Uno de los jinetes echó la vista atrás. Esa era su maldición. A cada paso, la muerte les seguía, cabalgaban sobre el mundo sin descanso. Cuatro jinetes, cuatro caballos. Y un sin fin de muertes a sus espaldas.
Había perdido la cuenta de las batallas que había librado, de todas las veces que había salido victorioso, había olvidado mirar a sus hermanos, a la muerte, al hambre, a la guerra. No había querido mirar a los ojos a las almas que estaban con ellos, aquellas que acompañaban hacia el fin del mundo, hacia el descanso. No quería, porque sabía lo que vería en sus ojos. El brillo del hambre, su rostro cargado de esperanzas perdidas, su piel lacia, falta de fuerza, cayendo sobre unos huesos de apariencia inerte. Muchas veces hablaban de él como si fuera la voz de la victoria, el único jinete al que ansiaban ver llegar a su hogar.
Sin embargo, a su espalda estaba la verdad. A la victoria uno no llega si no es por la destrucción, por la caída de imperios y la destrucción de los reinos. Con él llegaba la luz, tan intensa que ocultaba a las sombras que lo seguían y acechaban. Su maldición, eso eran. La verdad tras cada guerra. Una máscara cubría su rostro, la corona lo nublaba de poder ver, o se habría vuelto loco. Volvió a galopar, alzando la vista hacia el próximo pueblo por el que pasar, por el que sembrar penas y recoger desgracias, durante tanto tiempo que se olvidaría de los rostros de los caídos, del hambre de los niños, de los enfermos y de los heridos. Donde solo pudiera ver la gloria.
Apuntó con su arco hacia la cima, donde el rey a derrocar saboreaba una buena copa de vino mientras a su alrededor sus gentes pasaban hambre y sufrían. Por el rabillo del ojo, el regente captó el brillo de la flecha, que aún no había sido disparada. La victoria sonrió, había salido vencedor aunque el arma no había sido disparada. El rey se tambaleó, con una mano sobre el corazón, varios de sus siervos corrieron a socorrerle, los gritos pidiendo un médico llegaron hasta todo el pueblo. Pero allí ya no había médicos, ya no había gente. Sus compañeros habían ido poco a poco recogiendo cada alma, allanando el camino para la victoria. El equipo maldito que siempre estaba con él.
La victoria desmontó, caminando con gesto pausado hasta el rey a matar. Una sonrisa asomó en su rostro, viéndose reflejado en los ojos de terror del rey. Le recordaba al brillo del hambre en los niños, la palidez de su rostro podía parecer de enfermedad, como los de su amiga la peste. A su lado, los otros tres jinetes le observaron hacer el trabajo, regodeándose.
- No se tome la vida demasiado en serio- Intentó consolar la muerte al rey, quien ahogó un chillido de terror ante el comentario sombrío del jinete.- Nunca saldrá usted vivo de ella.
La victoria disparó. Había salido vencedor. Había salido para vencer.
 


NaNoWeek. ¡Ganadora!

viernes, 14 de noviembre de 2014

Creo que ya sabéis de que va esta entrada. Si me seguís en cualquier red social ya sabréis lo que voy a poner, lo que voy a decir...
¡He ganado el NaNoWriMo!
Acabé la molécula de la discordia y me ha dejado muy buenos momentos, he empatizado un montón con los personajes, me he sentido dolida cuando he tenido que escribir algunas cosas y al final, hasta me lo he tomado con calma.
Menos el 12, el 12 veía plausible escribir todas las palabras que me quedaban para ese "reto interno" que me había propuesto Martín.
Y aquí ando, subiendo las estadísticas finales del NaNo.
Holiiis
Juro y requetejuro que he escrito todas las palabras y no hay ni un solo jorobate flanders ni nada por el estilo, jajaja
No sé qué más deciros, simplemente estoy incapaz de creerme de lo que soy capaz cuando me pongo. ¡Pero si hasta he hecho trabajos y he sacado notazas!

Algunos truquis que he seguido, ya, por si a alguno también le sirven.

  1. Hacer NaNoWordSprints. Al principio los hacía según los pillaba en su twitter aunque luego pillé a Anyi por banda y me ponía incluso cuando no tenía ni una sola gana de escribir.  No, en serio, Anyi, gracias.
  2. Tener la trama preparada de antemano. Aunque había veces que ni miraba por dónde iba y luego era como "ah, pero si esto ya lo escrito", cuando no tenía ni pizca de inspiración, revisaba el capítulo que me tocaba y me basaba en esa escena para ecribir. Algunas me daban para más de un capítulo, otras para menos... Eso sí, dato curioso, tenía programados 30 capítulos y he acabado con 34 jajaja
  3. He apostado con Martín. Bueno, no fue apostar. Supongo que es que soy terca. Quedé en que si escribía y acababa el NaNo antes del 12 le invitaba a cenar, en plan premio para ambos. Al final entre que él me animaba y que me sentía "obligada" (en el diccionario la palabra de "terca" aparece mi foto), acabé escribiéndolas. Calculo que es como decir "voy a escribir 50000 palabras en un mes", pero más a lo bruto. Con esto supongo que es que tienes que buscar el apoyo de tu familia y amigos, para que así te infundan fuerzas, que será una tontería, pero funciona.
Y la verdad es que no sé qué más deciros al respecto. No me creo que esté diciendo que haya ganado. Ahora me volveré loca corrigiendo, pero yo soy feliz.
¿Vosotros qué tal vais? ¿Veis la luz al final del túnel?
Mucho ánimo Wrimos. Ya sabéis el lema.

Tu historia importa.

¡Un besín!

Promesa Submarina {Relato Corto, Parte 2}

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¡Buenos días!
Ah, miércoles, esa mitad de semana tan agradable y el día en el que supuestamente tengo que acabar el NaNo si Martín quiere una cena. No hice a posta lo de bajar el ritmo, simplemente estoy algo seca de ideas. Estoy a unas 7mil palabras de acabar y 4 capítulos. Creo que incluso tenga que tirar de algo de relleno para acabar las palabras. Cómo cambia la cosa.
Hoy tenemos el relato continuación del del lunes, que podéis leer aquí. Os recuerdo también que tenéis la lista de personajes con todos los relatos, por si queréis saber algo más de Lyreth y Theren, o de cualquiera de los personajes que os muestro en el blog. Os recuerdo que este relato participa en la iniciativa Dioses del Olimpo para la cabaña de Hermes ¡Os robaremos la victoria y la cartera!
Y sin más, os dejo con Lyreth y Theren y varios litros de agua salada jeje.



Theren no dejaba de mirar alrededor. Cada sombra, cada criatura, le fascinaba y aterraba al mismo tiempo. Quería ser él, el científico, el joven que analizaba cada criatura al detalle, que tomaba notas. Ni siquiera se había planteado la posibilidad de tomar notas bajo el agua, pero no podía. No podía porque tenía que vigilar a Lyreth, y era ella siempre la que le vigilaba a él. Era cierto que era muy impulsiva, y claro que comprendía a Calipso, pero no podía evitar sentir miedo.

Si todo dependía de él, acabaría mal. Lo veía venir.

- Theren, te quedas atrás.

- Perdona por sentir la resistencia del agua en mi cuerpo.- Se quejó él. Era cierto, ni siquiera se movía con la misma fluidez. No podían enfrentarse a un monstruo de las profundidades así. No en su terreno. Necesitaba un plan, y, aunque su cabeza trabajase tan rápido que pensó que se bloquearía, no se le ocurría nada.

Y seguía sin saber dónde estaba.

- Podemos mirar algún hechizo para hacernos más veloces, si quieres. Aunque si no estuvieras tan concentrado en el mundo submarino tal avanzarías más rápido.

Theren puso los ojos en blanco, corriendo a su lado todo lo rápido que el agua le permitía.

- Creo que no has mirado bien alrededor, Lyreth.- Anunció. Ella se giró, dispuesta a replicarle que llevaba todo el rato mirando, pero algo en la mirada del joven le hizo callar.- No hay vida submarina. Estamos solos.

El silencio le hizo pensar en lo que decía Theren. Abrumada, descubrió que era verdad, que estaban solos en las profundidades. Theren no necesitaba saber los motivos de aquella ausencia de vida marina. Ni un solo pez, ni el más mínimo crustáceo. Era evidente que se aproximaba, y tenía miedo.

Antes de que entendiera por qué, estaba empujando a Lyreth fuera de la trayectoria de la criatura. Pudo ver sus zarpas a pocos milímetros de su cara, sin llegar a tocarle, y su corazón se desbocó en su pecho. No podía ser, no tan pronto, no tenía ni idea de qué hacer y estaban en un páramo en mitad del mar.

- Intentaré entretenerlo.- Dijo Lyreth, alzando su espada. Se movía con mucha más ligereza de la que se esperaba Theren para estar bajo el mar, pero no tenía tiempo para ponerse a pensar en ello. Solo podía ver lo cerca que estaba de morir si de verdad pensaba que con una espada lograría acabar con el monstruo, que les superaba en tamaño al menos tres veces.

- Tiene cuatro garras, Lyreth, con esa espada no vas a hacerle nada.

- ¿Se te ocurre algo mejor?

No dijo nada. En primer lugar, porque era cierto, no tenía ni idea de cómo enfrentarse al monstruo. En segundo lugar, porque la criatura se deslizaba por el agua de vuelta hacia ellos. Volvió a empujar a Lyreth, evitando que una zarpa desgarrase su cuerpo con la misma facilidad con la que atravesaba el agua, y se agachó a tiempo para esquivar un segundo ataque. La única ventaja que tenían era que la criatura era tan inmensa que necesitaba mucho espacio para virar y volver a enfrentarse a ellos, con lo que podían pensar.

- No podemos enfrentarnos a él en campo abierto. Busquemos una zona con montes, o algo.- Acabó diciendo. No era lo ideal, pero lo ideal era estar en tierra firme, analizando sus muestras.

Lyreth asintió, y a base de esquivar al monstruo cuando se aproximaba, lograron alcanzar una zona de pequeños montículos humeantes.

- Chimeneas volcánicas.- Susurró Theren.

- ¿Qué?

- También se conocen como fumarolas. Contactan con el magma volcánico del interior de la tierra y crean una especie de humo ardiente. Es agua a una elevada temperatura, mucho más que el agua hirviendo, pero por la presión, no hierve.

- Estás tramando algo.- Sonrió Lyreth, casi traviesa. Él asintió, corriendo con ella de la mano hacia uno de los montículos. Se notaba el calor a su alrededor, era casi sofocante, e inconcebible para aquellas profundidades submarinas. Theren volvió a mirarla, todavía maquinando. Cuando se quiso dar cuenta, vio que sus labios se movían, que estaba recitando un hechizo. De golpe, el humo se detuvo y la corriente cálida que los envolvía desapareció. Lyreth frunció el ceño.- No sabía que supieras hechizos.

- Leo más de lo que parece.- Se le notaba concentrado, haciendo fuerza para que la chimenea estuviera atascada. Lyreth creyó comprender, buscando a su alrededor al monstruo. Ceto les había dejado mucho tiempo a solas, o eso parecía.

Lo que no había pensado fuera que la trampa les atrapara a ellos también. La zarpa apareció ante sus ojos sin tiempo a reaccionar, y Lyreth empujó a Theren para que no le alcanzara. Se vio golpeada a tanta velocidad que parecía imposible por el agua, sintiendo que todo el cuerpo oponía resistencia al movimiento. Vio las zarpas a punto de cerrarse sobre su cuerpo e intentó nadar fuera de su alcance, pero entonces se retrayeron. Y supo por qué.

Theren, a su lado en el agua, había deshecho el hechizo. La presión fue tal que una nube negra se había alzado sobre la criatura, haciendo que soltara un rugido de sus labios y retrocediera para esquivar el chorro ardiente que atacaba su cuerpo. A pesar de la distancia, se veía la circunferencia negra del lugar donde le había alcanzado el golpe. El monstruo corrió a esconderse de nuevo entre la niebla de ceniza, y el científico corrió hacia ella.

- Dioses, estás sangrando.- Murmuró, pálido, cuando llegó a su lado. Lyreth intentó desmentirlo, pero notó el escozor en su costado y vio que tenía una herida abierta de tamaño considerable, aunque no muy profunda. Se incorporó, impidiendo así que el joven se preocupara en exceso.

- No pasa nada, es mejor acabar con el monstruo, ya luego nos podremos centrar en esto.

- ¡Lyreth, por los Dioses! ¿Quieres curártelo? Yo me encargo del monstruo.

Vio que se volvía a concentrar. Muy fuerte. La energía a su alrededor fluía muy rápido hacia él. Y de golpe, todas las columnas de ceniza se detuvieron, el agua dejó de fluir con fuerza. Todo se detuvo.

Entre la ceniza, poco a poco apareció la imagen de Ceto, nadando a gran velocidad hacia ellos. Lyreth tragó saliva y Theren la miró. Estaba agotado, era demasiada magia para él solo, y tal vez no lo contase. Pero al menos cumpliría su promesa, no pensaba dejar a Lyreth morir.

Ella movió una mano, creando una espiral en el agua a unos diez metros frente a ellos. Primero era un torbellino pequeño, pero pronto se convirtió en un remolino de gran tamaño, que atrapó a Ceto sin el menor problema, aunque ellos se mantuvieran firmes en el sitio. Sin siquiera pensarlo, Theren liberó las chimeneas, y todas las columnas de agua caliente se dirigieron al torbellino a gran velocidad y presión. El monstruo volvió a gritar, se revolvió y trató de escapar, pero cuando logró romper el torbellino de agua y ceniza negra, la inercia lo impulsó directo al interior de una fosa submarina, donde su rugido se perdió en las profundidades oceánicas.

Ambos jóvenes se aproximaron, Theren sosteniendo a Lyreth por miedo a que cayera.

- ¿Crees que saldrá?- Preguntó el científico.

- No creo que tenga fuerza para hacerlo.- Respondió ella, sacudiendo la cabeza. Su cabello rubio fluía a su alrededor, mecido por el agua y dando cierto toque místico a su cuerpo, como si fuera etérea, irreal.- Y, aunque las tuviera, las criaturas de ahí abajo no le permitirán salir… Ahora sácame de aquí. La herida escuece.

Theren no pudo evitar reír al escucharla, aunque se la cargó a los hombros y nadó hacia la superficie. A pesar de tener a la joven a su espalda, como un peso muerto, nadar no fue difícil, y alcanzaron una playa desolada en un santiamén. Lyreth perdió todas sus fuerzas en el ascenso, y cuando sus pies se apartaron del agua notó su peso inerte con fuerza en su espalda. La tendió sobre la playa y, revisando su botiquín (sorprendentemente seco) trató y suturó la herida con eficacia. Se tendió a su lado hasta que despertó, cuando el sol se ponía sobre el mar y el frío comenzaba a achacarles.

- Buenos días, princesa- Sonrió. Ella se sonrojó, incorporándose con cuidado.- ¿Cómo va la herida?

- Me tira al moverme, pero está cerrada… Gracias.

- De nada, aunque para la próxima tener un plan de ataque estaría bien.

- Oye, sé que soy impulsiva, y puede que no tuviera muchas ideas sobre cómo acabar con él… pero estaba preparada- Theren arqueó una ceja, no muy convencido de sus palabras, y ella volvió a mirarse la herida.- Más o menos.

Se quedaron en silencio, observando el sol descender sobre la fina línea del mar. Lyreth bostezó y apoyó la cabeza en el hombro del moreno.

- ¿Crees que conseguiremos la recompensa sin pruebas de que Ceto haya muerto?- Preguntó Theren, su voz era casi un susurro a su lado.

- No creo.- Suspiró ella.

- Lo siento. Sé que querías tener renombre, coronarte como heroína.

Lyreth sonrió, irguiéndose para mirarle a los ojos. La claridad de la mirada del chico demostraba que estaba en lo cierto, se sentía culpable por no haber conseguido una muestra de la criatura para así obtener su recompensa. Sonrió.

- Da igual, el renombre no lo es todo… Te tengo a ti, ¿verdad?