El hijo de Démeter sabe de plantas {Pasado de Daphne}

lunes, 30 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Yo ya ando de semana santa y soy feliz. Bueno no, echo de menos a mi bicho y he pasado un fin de semana demasiado genial como para no echar de menos Oviedo y la CometCon, pero qué se le va a hacer. Podría ser peor y tener hoy clase.
Hoy he decidido volver con Daphne porque no sé qué traeros, y tengo bastante guardado de ella. Puede que esta semana adapte un poco la ficha de Nayde (la de este relato) y comience a crear su historia bien, en orden.
Y también la historia de las religiones que a este paso se me va a olvidar (en realidad no, está todo apuntado). Puede que queráis pedirme alguna historia/relato y es vuestra oportunidad ahora que no sé qué escribir.
Os recuerdo que el capítulo anterior de Daphne está aquí y esta es la lista de capítulos.

El susto pudo con el chico, que se giró y me miró con los ojos como platos. Lo primero que hizo fue mirar a mi cuello, al collar de cuentas que todavía descansaba en él. Pude notar como sus músculos se relajaban y me sonreía, sacando de debajo de su jersey gris el colgante con cuentas distintas a las mías. Arrugué el ceño.
- Te habría conocido si llegamos a estar juntos en el campamento, supongo- Murmuró, ajustándose las gafas. Continuamos caminando hacia un sitio más íntimo y sin tanta nube de nitrógeno líquido.- Soy James Corn.
Disimulé mi sonrisa. Era conocido por todo el campamento que Démeter tendía a buscar a sus amantes por sus apellidos para hacer una combinación cómica de ellos, sin embargo siempre que aparecía uno de esos hijos, me podía la risa.
- Soy Daphne Miller- Contesté yo- Hija de Hermes.
Era muy difícil distinguir a un hijo de Hermes de cualquier otro mestizo. Los hijos de Zeus domaban los rayos, los de Poseidón el agua, los de Atenea tenían una inteligencia superior. Nosotros éramos cleptómanos… y otras tantas cosas más. No destacábamos en nada, pero se nos daba bien todo.
- Encantado Daphne- James hizo amago de coger su cartera, solo por asegurarse, y me sacó una sonrisa. Caminamos hacia el interior de la cafetería- ¿Qué haces por aquí? Hace mucho que no sé de nadie que viniera a la universidad, y normalmente vienen a avisarme.
- No les dije a donde iba- Volví la vista a mis pies, era difícil explicarle lo que había pasado en el campamento, porque aún me dolía hablar de ello. James pareció entenderlo, porque no dije nada más durante un buen rato, hasta que ambos nos sentamos frente a frente en la cafetería con un té que había seleccionado el hijo de démeter.
- Bueno, ¿y qué estudias?- Preguntó, distrayéndome de unos pensamientos que me estaban entristeciendo. Levanté la vista del vaso humeante para mirarle.
- Física. En primer año.- Comenté, intentando animarme, apoyé las manos sobre la taza y dí un sorbo, dejando que el calor se expandiera con rapidez por mi cuerpo. El té era dulce y muy agradable en boca, lo que me hizo dar un trago más largo de lo que tenía planeado. Cuando volví a posar la taza, ya medio vacía, vi que James sonreía- Está muy rico.
- Gracias. Me alegra que coincidas con mis gustos.
- No era difícil que un hijo de Démeter sepa de plantas.- Volvió a sonreírme.- ¿No fue muy descarado revivir la planta? Podría haberte visto alguien peor que una mestiza.
- Bah, en realidad hay más monstruos de los que puedes imaginar, y no todo es blanco o negro. Algunos conviven sin hacer daño a nadie.
- Pero hay otros que no- No me apetecía hablar en medio de la cafetería de Felicity, pero casi me salió solo. James me miró inquiriendo más, y de golpe me di cuenta que con él sí podía hablar, que entendía lo que era ser perseguido por criaturas de leyenda, y lo que era guardar armas de bronce celestial de los ojos de otros chicos. Era una persona que sabía lo que era ser hijo de un dios, lo bueno y lo malo.
Tenía que contárselo.
Hablamos durante más de una hora, sin pelos ni señales, sobre Felicity. Él me preguntó mucho, se enorgulleció por la forma en la que utilicé el Tesla, y se rió cuando le conté la excusa que le puse a Ian.
- Suerte que el chico estaba medio dormido y cachondo, o te habría hecho preguntas.
Le lancé una servilleta arrugada, riendo.
- Por cierto, he visto que te gano en cuentas del campamento, pero tu eres mayor.- James bajó la vista hacia su collar, observándolo con gesto distante- Y tampoco te he visto nunca por allí… ¿qué te hizo irte?
James suspiró, inclinándose hacia delante en la mesa y apoyando los antebrazos sobre ella.
- ¿Sabes lo que es sentirte poco importante? No encajaba, Daphne- susurró, casi como si se sintiera dolido al hablar- Nadie tenía en cuenta a un hijo de Démeter, como si las plantas no pudieran ser violentas. Como si solo pudiéramos sentarnos y esperar a que otros libraran nuestras batallas…
Torcí los labios, recordando el mito de Démeter y como esperaba a que su hija volviera del inframundo. James crispó las manos y se volvió a echar hacia atrás.
- Ya que no iba a ser nadie, decidí irme. Además, aquí es fácil librarse una reputación… Por la falla de San Francisco y eso.
Asentí, sabía que era muy fácil que los monstruos salieran de esa falla. Lo había tenido en cuenta cuando decidí venir a Pasadena, pero no esperaba que estuviera tan cerca del peligro. No era como estar en medio de San Francisco. O al menos eso creía.
- ¿Tantos monstruos hay? Y yo pensando que me había librado de ellos…
James se rió. No era una risa agradabl, de esas que te salen cuando algo te parece gracioso. Era una de esas risas casi despectivas, corruptas, que en realidad te hacen saber que algo malo está a punto de pasar. Se me puso la piel de gallina mientras esperaba, casi ofendida, a que me contara.
-No puedes escapar de tu destino, Daphne. Los héroes estamos hechos para destruir monstruos, y los monstruos están hechos para retarnos. Somos un imán para ellos. Nos sienten y nos buscan. Además, aquí, estando tan lejos del campamento y con muy pocos chicos en contacto con Quirón, saben que somos un blanco fácil. Rara vez se detendrán y nos dejarán en paz.- Se puso en pie, colgándose la bandolera al hombro y dirigiéndome una última mirada.- Será mejor que te prepares. La guerra aquí es mayor de lo que crees.
Y se fue, dejándome sola en una esquina de la cafetería, mientras yo meditaba sus palabras.
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Conociendo a Alice IV: Lo que hacen las parejas {B. Colaboradores}

viernes, 27 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Al fin semana santa y al fin acabo con esta historia. Me ha dado pena porque he podido desarrollar más la personalidad de Alice y Karina y Ryan a pesar de ser una historia de 4 capítulos nada más. Creo que he conseguido lo que buscaba aunque no soy yo la que juzga eso. Espero que os paseis por el blog de Laura para ver la reseña que le da a esta historia, que esperemos que sea buena ;)
También espero que el resto de los participantes hayáis disfrutado de esta colaboración entre lectores y escritores, y ya nos pondremos Sara y yo de acuerdo para ver cuando repetimos la experiencia :) Esperemos que sea pronto.
Como no me queda mucho más que decir, aqui teneis el capitulo anterior y aquí está toda la lista. Espero que os haya gustado tanto como a mi.
Y ahora sí, el último capítulo.
La puerta se abrió igual que la vez anterior, casi entreabierta pero invitándote a pasar. Con algo de nerviosismo, Karina entró en la habitación, cerrando tras de sí con cuidado.
Alice seguía tumbada en la cama, y aunque había corrido a limpiarse las lágrimas del rostro, en sus ojos seguía reflejándose aquel brillo rojizo de quien acaba de llorar. Componiendo una sonrisa de ánimo, Karina se sentó a su lado en la cama, tendiéndole el helado de chocolate y una de las cucharillas.
- Tu tío está bastante preocupado por ti.- Admitió ella. Tampoco quería admitir que ella estaba preocupada, porque casi no conocía a Alice, pero sin duda sabía cómo se sentía.- Y no sabe qué hacer para que te sientas mejor.
- ¿Y tu sí?- Alice arqueó una ceja, arañando con su cucharilla la superficie del helado y llevándoselo a la boca. Karina sonrió.
- Te he traído el helado.
- Cierto.- No dijeron nada durante un rato, aunque Alice sentía una cierta presión en el pecho deseando salir, y poder soltarse. Y en el fondo, Karina tampoco le sacaba tanta edad. Podía hablar con ella con naturalidad- Una de mis amigas se ha pasado todo el curso jugando conmigo. Fingía hacer de confidente de lo mío con un chico, pero en realidad solo estaba viendo donde fallaba para no repetir mis errores. Hoy iba a comer con ellas y la he visto besándose con él.
Karina hizo una mueca, no tenía nada de buena pinta.
- ¿Y qué hiciste?- Preguntó, intentando no meter demasiado el dedo en la llaga.
- Fingir que me encontraba mal, despedirme con una sonrisa y comerme el orgullo mientras ella me daba dos besos. Ojalá pudiera vengarme.
- En estos casos, el mejor desprecio es el mejor aprecio- Comentó Karina, cogiendo otra cucharada de helado- Pero lo mejor que puedes hacer es un enfrentamiento por parte del chico. Si la atacas a ella, él la defenderá. Si vas a él, no te creerá. Si le demuestras poco a poco como es ella y le vas abriendo los ojos, todavía podrás ganártelo.
- ¡Pero ya no le quiero! Me ha traicionado.- Susurró Alice, dejando la cucharilla posada en su paladar.
- Ah, eso es otro problema… Si quieres movilizo a la mafia rusa para asustarles- Bromeó Karina, riéndose al ver la expresión ilusionada de la joven- ¡es broma!
- Jo…
- Pero puedo enseñarte a insultar en ruso. Intimidas más.- Propuso Karina, haciendo reír a Alice.- Eso sí, tienes que hablar con tu tío.
Alice asintió, bajando la cabeza. Los cortos mechones rubios le cubrieron la cara.
- Soy muy dura con él, ¿verdad?- Preguntó en un susurro.
- Estás en la época.- Intentó tranquilizarla Karina, pasándole el pelo tras la oreja para que no le tapara el rostro.- Y él es un poco torpe con las mujeres.
- La verdad es que sí, bastante. ¿Cómo le aguantas?
Karina rió, acariciándole la espalda. Ahora Alice parecía de mejor humor.
- Son cosas de mayores- Dijo, y al instante se rió al ver la mueca de asco que ponía Alice. Logró serenarse poco después, poniéndose en pie y cerrando la tarrina- Venga, vamos fuera, tu tío está deseando ver esa sonrisa tuya.
Alice asintió, poniéndose en pie y caminando hacia el comedor. Cuando llegaron la mesa ya estaba puesta y Ryan estaba trayendo una pizza recién horneada. Miró fugazmente a Karina y luego a Alice, que corrió hacia él y lo abrazó. Ryan tuvo que hacer malabares para no tirar la pizza, y acabó con los brazos en alto mientras era rodeado por su sobrina. Con cuidado, Karina se acercó y le cogió el plato, permitiendo que el hombre correspondiera al abrazo de su sobrina.
- Lo siento, tío…- Susurró Alice, todavía pegada al pecho del adulto.- Sabes que te quiero, ¿verdad?
Ryan tuvo que contenerse para no llorar, sus ojos tenían una pequeña película cristalina sobre ellos.
- Y yo a ti, Alice, y yo a ti.- Murmuró, besando su coronilla.

Comieron con tranquilidad, haciendo bromas y explicándole a Alice los estudios de Karina. Luego pasaron a hablar de las clases de Alice y de algún modo, Karina y Alice acabaron hablando de sus actores favoritos. Ryan, algo incómodo, comenzó a recoger, lo que hizo que ambas se rieran y fueran a ayudarle. Mientras Karina recogía el mantel en el salón, Alice y Ryan ponían el lavavajillas.
- Me gusta Karina- Susurró Alice, sorprendiendo a Ryan- Es muy maja.
- Oh. A mi también me gusta mucho.
- Deberías decírselo.
- Ya lo sabe.
Alice arqueó una ceja.
- Creo que no me estás entendiendo…- Le sacó la lengua, volviendo hacia el salón. Sin embargo, justo antes de salir, se detuvo, dio media vuelta y dio un beso en la mejilla a Ryan. El hombre sonrió, algo sorprendido por el gesto, observando como ella se iba y entraba Karina con los manteles en la mano, doblados.
- Me he dado cuenta de que no sé donde guardas las cosas- Susurró, algo avergonzada. Ryan rió.
- Trae, lo llevo yo- Se detuvo al coger los manteles para darle un beso en los labios a Karina.- Muchas gracias por lo que hiciste con Alice.
Ella le restó importancia sacudiendo la mano.
- Es lo que hacen las parejas, ¿no?
Y entonces Ryan comprendió a qué se refería Alice. No eran nada más allá de besos y cenas y citas. Y Karina era maravillosa en muchos más aspectos de los que él podía haber pensado. Ensanchó la sonrisa, consciente de lo que su sobrina había visto y él aún no era capaz de decir, y volvió a besar a Karina, consciente de que acababa de recibir el beneplácito de su sobrina para algo que esperaba que pronto fuera una realidad.
- Sí. Es lo que hacen las parejas.

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Reunidos de nuevo. {Relato Corto}

miércoles, 25 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Lo prometido es deuda y yo hoy os traigo el capítulo final de esta historieta (hasta nuevo aviso). Volveré a meter algún día en líos a mis personajes. Si no sería muy mala escritora jejeje
Lo siento si estoy pasandome poco por vuestros blogs, pero blogger me la tiene jurada desde ayer y mi vida personal desde hace un poco más de tiempo. Prometo que en semana santa intentaré leeros.
Y ahora sí, este es el capítulo anterior y aquí tenéis la lista con todos los relatos de esta historia y otras que hay en el blog.


Lo primero que hizo la joven pelirrosa al verme fue recular, a pesar de mis palabras. Si soy sincera, con mi apariencia tampoco habría confiado en nadie. Y menos estando en su situación. Me acuclillé a su lado, seria.
- Mira, si lo prefieres puedes quedarte, y repetir lo que sea que te estén haciendo.- La falta de empatía que sentía en aquellos momentos era buena. Era directa, clara, y sabía dónde atacar. Pero tal vez fui muy dura, sin tener en cuenta lo que ella estaba sufriendo.- Puedo ser mala, pero también puedo ser buena. Y creo que es mejor correr el riesgo que quedarte aquí sentada.
- ¿Por qué debería hacerlo? Dicen que malo conocido.
- Esa patraña solo sirve para contentar a los esclavos. Venga. Tienes alas. Sabes lo que es volar. No te olvides de eso.- Inspiré hondo, estaba empezando a sentir la angustia de saber que se nos acababa el tiempo, que en cualquier momento podría venir alguien. Llevé la vista a la puerta.- Créeme, no quiero estar aquí cuando alguien abra esa puerta.
- Te he visto más veces. Estás con ellos.
- Mírame bien y dime si de verdad estoy con ellos.- Sabía que una parte de ella era reacia, pero también conocía bien a los ángeles. Me conocía a mí misma y, si quería, podía ver los resquicios de mi alma.- No habría dado mi alma por nada.
- ¿Por qué lo hiciste?
- Tu padre decidió no darnos ayuda.
- ¿Mi padre? Él me odia. O no me habría dejado aquí.
Sonreí
- Tal vez no puede hacer nada. Poco puede hacer en el infierno. Pero me ha mandado a mí.

Revivir las leyendas {Cuentame tu historia}

lunes, 23 de marzo de 2015

¡Buenos días!
http://www.susurrosliterarios.com/2015/03/antologia-de-relatos-el-bosque-como.html#moreLunes antes de semana santa y ando medio molida por haberme quedado el sábado leyendo hasta las 5 y haber dormido algo así como poquísimo. Pero bueno, luego tengo una semana para vaguear, excepto que no.
No sé si vosotros tendréis la semana santa cambiada como mi familia, pero aquí en Asturias somos raros.
En fin.
Como comentaba el viernes por twitter hoy toca el cuéntame tu historia de este mes, relacionados con la magia. Así que me decidí. ¿recordáis esto? Pues aquí tenéis su "adaptación". Cambiaré un poco los personajes y su historia pero pronto en el blog, podréis ir viendo el avance de esta historia.
Ah, y en otro orden de prioridades me he apuntado a esta antología, a ver si todo va bien y sale para adelante (a ver si escribo el relato correspondiente).
Ah por cierto, es mi entrada 200. Yayyy!!

Asomé la cabeza por la ventana de mi habitación en la academia, necesitando sentir el aire fresco. Mi mundo se había vuelto patas arriba con la aparición de un amuleto, y sentía que me estaba oprimiendo. Era un peso que no quería, un hecho que perduraría tras mi muerte: ser aquella que revivió la vieja magia, la magia de leyendas, una magia capaz de todo.
Alguien en mi posición podía haber querido sembrar el caos y dominar. Otros, entre los que se encontraba Cédric, querían aprender. Sabía que él solo era el primero de los muchos que vendrían, y eso solo me hacía sentir más miedo e inseguridad. Porque a él podía mantenerle a raya, y puede que a otros alumnos e incluso a los profesores de la academia. Pero llegarían líderes de clanes que emplearían algo más que palabras en sus formas, y yo acabaría cediendo o tal vez, perdiendo la vida.
Intenté no pensar en eso y fijé mi vista en los largos bosques en la lejanía. En el mundo poco a poco la magia se había ido desvaneciendo, perdida, olvidada o simplemente muerta. Pero yo había logrado canalizar mi magia en un amuleto que me permitía realizar cualquier hechizo solo con desearlo. Eso significaba que, tal vez, las leyendas no hubieran desaparecido del todo.
De golpe fui consciente de lo que quería hacer con aquel poder. Me habían propuesto encerrar el amuleto, venderlo o intentar instruir a otros en la canalización del suyo propio. Sin embargo ninguna de aquellas opciones me valía. No quería venderlo, pues estaba vinculado a mi alma de hechicera y quién sabía lo que aquel objeto en malas manos podría hacer sobre mí, no por nada anteriormente los amuletos se obtenían de los cadáveres de dueños.
Pensé un segundo en la última opción, en la propuesta de Cédric de protegerme frente a lo que pudiera venir a cambio de aprender él también cómo obtener su propio amuleto. Me encantaría poder explicarlo, pero no sabía hacerlo. Simplemente había aparecido frente a mí en medio de un combate cuando yo sentía que nada podía irme bien. No había sido voluntario.
No, ninguna de esas opciones era lo que buscaba.
Pero al menos ya sabía que hacer.
Cogí mi mochila con lo indispensable, ropa, alguna que otra provisión, un mapa y un libro, y cogí el colgante de color madreperla que descansaba sobre la mesita de mi habitación. Parecía un objeto tan sencillo que no sabía cómo había podido poner mi vida patas arriba. Al pasarlo por mi cabeza tuve miedo de que se quebrara, aunque, por supuesto, no ocurrió nada. Sentí su calidez en mi pecho al pasarlo por debajo de mi camisa, y abrí la puerta de mi habitación.
Había revivido la vieja magia, pero había sido solo un pequeño soplo, algo imperceptible. Debía hacer mucho más para volver a épocas antiguas, a épocas mejores donde la magia recorría el aire, no como ahora, que se necesitaban canalizadores para realizar hasta el hechizo más sencillo.
Esa sería mi misión.
Haría que las leyendas cobrasen vida de nuevo, buscando aquello que causó su caída en primer lugar.

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Conociendo a Alice III Todo da igual {Blogs Colaboradores}

viernes, 20 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Estamos llegando a la recta final de la historia (que al fin logré ponerme al día y está terminada, por cierto) y espero que os guste. Yo he disfrutado recuperando los personajes y explotando más una escena que me había quedado un poco sosa cuando la escribí en LMDLD, historia a la que pertenece y que debería revisar.
En fin, sin más dilación, os dejo con el capítulo. Aquí tenéis el relato anterior y aquí el listado de capítulos de las dos historias que llevo ahora mismo activas en el blog.
PD. ¿Qué os pareció el eclipse? ¿Vais a verlo/lo habéis visto ya? Yo lo estoy intentando ver por internet, porque en asturias las nubes también quisieron verlo y se fastidió la cosa...

Al principio no obtuvo respuesta, pero Ryan no iba a darse por vencido con tanta facilidad. Se quedó en la puerta y cuando iba a mirar hacia Karina pidiendo auxilio, la puerta se abrió con suavidad. Ryan inspeccionó el interior, pero Alice parecía estar lejos de la puerta, por lo que se adentró en la habitación en completo silencio.
La joven estaba sentada frente a su portátil, pasando de una red social a otra con gesto aburrido. Se giró un segundo para mirar a Ryan antes de volver a su constante escrutinio, murmurando algo por lo bajo. El hombre no sabía exactamente cómo comportarse, la verdad es que se sentía un poco intimidado ante las nuevas tecnologías de comunicación (tenía facebook y solo publicaba cosas sobre su trabajo), pero no quería tampoco quedarse de brazos cruzados mientras Alice se iba consumiendo poco a poco entre twits y publicaciones y fotos que solo parecían hacer que sus hombros se hundieran y su rostro se apagara cada vez más.
Carraspeó para llamar la atención de su sobrina, que se giró y cerró la tapa de su portátil. Ryan midió sus palabras con calma, intentando no acosarla ni tampoco sonar despreocupado. Estaba bastante preocupado por Alice, por qué estaba en casa, por qué bufaba al mirar su ordenador.
El problema era transmitirlo.

Sin marcha atrás {Relato corto}

miércoles, 18 de marzo de 2015

¡Buenos días!
¿Cómo lleváis la semana? Yo tengo que hacer mil cosas hoy, entre ellas ir a comprar clavos e hilos para preparar el regalo de mi padre para el día del padre.
Suerte que no le veo en su día porque si no era para pegarme. Puede que por eso lo dejara pasar más.
Hoy seguimos con la historia de Angie y espero que no os tirarais demasiado de los pelos la semana pasada con ese final. Os prometo que esta acaba más o menos mejor.
Por otro lado comentaros que en Delirios he abierto un mini sorteo de dos semanas con una plantilla prediseñada personalizable, por si alguno de vosotros quiere darle un cambio de aires a su blog. Lo dejo por aquí para hacer difusión porque puedo :D

Y eso, este es el relato de la semana pasada y aquí está toda la historia desde el principio, más algunas cositas más. Solo nos queda un relatillo y no sé en qué más líos meter a Angie y Nir, jeje.



Bueno, tal vez debemos ser justos, lo único que atravesé del cuerpo de Denisse fue su camiseta, aunque nadie a una distancia de varios metros podría haber percibido ese detalle. Ni con un francotirador podían haber descubierto el pastel.
Aparté con cuidado de no dañar por error a Denisse, quien me miraba espantada. Estaba segura de que me odiaría para siempre, a pesar de haberle salvado la vida.
- Tenemos poco tiempo, prometo que te explicaremos lo que está pasando. Llama a mi hermano.- Dije, sin tiempo a dejarla hablar. Ella cerró la boca y formó una fina línea con sus labios antes de rebuscar en su bolso y sacar el teléfono.

El Diario {Te robo una Frase}

lunes, 16 de marzo de 2015

¡Buenos días!
¿Qué tal el finde? El mío a pesar de no hacer nada ha sido bastante ajetreado, una contradicción en sí misma, lo sé. El caso es que quería hacer muchas cosas y al final me ha faltado tiempo.
Y para colmo hoy me he olvidado de poner alarma a una hora decente y he amanecido a las 11... Todo redondo, vamos.
Pero en fin.
Hoy es el día de Te Robo una Frase y, como tal, toca seguir la tradicción. Hoy jugábamos con un relato que tiraba para el misterio y el terror... Y yo he hecho algo así... creo.
En fin, me dejo de rodeos y juzgad vosotros mismos.

No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. - De Edgar Allan Poe, El Gato Negro.
El pequeño Timmy era un niño curioso que nunca había sentido miedo. En el colegio se reía de los niños que chillaban y lloraban cuando se iba la luz y era de los que contaban cuentos de miedo para asustar a sus amigos en sus cumpleaños. No veía por qué tener miedo de los muertos. Su madre lo estaba, y ningún niño iba nunca a tener miedo a su madre.
Con el paso de los años Timmy había decidido afrontar cada uno de los miedos de los chicos del pueblo, como una aventura y para demostrar que no le tenía miedo a nada, que nada podía asustarle. Por eso cuando sus amigos decidieron colarse en la mansión abandonada, fue el joven que lideraba la marcha, y el único que alcanzó el desván, apenas iluminado por la luz azulada de la luna, cubierto de polvo y telarañas y en el que un libro descansaba justo alumbrado por la luz proveniente de la ventana.
Timmy sopló para quitarle la fuerte capa de polvo que se había posado por el libro, aunque se decepcionó un poco al ver que no era un cuento, sino un diario. Apenado, abrió las páginas sin demasiado interés, y se puso a leer.

No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Sé muy bien lo que ha ocurrido y puedo admitir, aunque mi cerebro se niegue, que he invocado a los muertos.
Y me dispongo a narrar lo ocurrido.

Timmy alzó la vista del diario, de largas páginas, para mirar alrededor. En el centro de la sala había un dibujo hecho con tiza como el que señalaban en el diario, y unas velas a su alrededor. Había un cuchillo para ofrecerle una gota de sangre a los muertos, invocándolos de nuevo al mundo de los vivos. Con los ojos vidriosos y los labios apertados, el niño se dipuso a seguir leyendo el cuento, forzándose a entender la letra temblorosa del escritor y a descifrar cada una de las palabras extrañas que acompañaban aquella historia.
Y entonces, comenzó a dibujar de nuevo el círculo usando un pequeño cacho de tiza para reconstruir toda la obra. Encendió las velas con la única cerilla que le quedaba, ahora la habitación estaba un poco más iluminada, pero solo conseguía verse mejor todo el polvo y las telarañas, que ondeaban al viento que entraba por la ventana rota. Siguió todas y cada una de las explicaciones, y luego posó el libro en un lateral, pegado a una vela, mientras se hacía un corte superficial en la palma de la mano, dejando que la sangre carmesí fluyera por ésta y, apretando, permitió que dos gotas cayeran en el centro del círculo, mientras comenzaba la invocación.
Un viento frío comenzó a envolver la sala, proveniendo de muchas partes a la vez. Las nubes cubrieron la luna y Timmy se quedó casi a oscuras en la habitación, con la luz proveniendo únicamente de las dos velas a sendos lados del pequeño. Un vaho frío salía de sus labios con cada palabra, y aunque estaba nervioso, no dejó de cantar y repetir las palabras que había anotado el anterior dueño de la casa en su cuaderno.
Cuando acabó, pudo ver como de su sangre salía humo. Un humo verdeazulado que iba creciendo y creciendo hasta formar la silueta de una mujer. Su ropa estaba arañada en muchos puntos, y su cuerpo parecía consumido, esquelético y flácido. Estaba de espaldas a él, con un cabello lacio que caía en cascada por su espalda fantasmal.
Timmy vaciló unos segundos, con la piel de gallina y los ojos cristalinos. Le ardía el corte de la mano.
-¿Ma-mamá?- Susurró.
Y la figura se giró como un resorte al escuchar su voz, y fue como si aquel espejismo se desvaneciera. Ahí estaba su madre, con un delantal bien cuidado, el pelo cubierto en un recogido y la sonrisa dulce que le dedicaba cada mañana antes de ir al colegio. Timmy tragó saliva.
- ¡Timothy! ¡Qué grande estás!- Comentó con ilusión, haciendo que dos grandes lagrimones cayeran de las mejillas de su hijo.
- ¡Mamá!- El niño se puso en pie y abrazó el cuerpo de apariencia etéreo de su madre que, a pesar de lo que uno pudiera pensar, era cálido como todos los abrazos que un niño recibe de sus madres.- Te he echado de menos.
- Lo sé, cariño, lo sé…- Respondió la mujer, secándole las lágrimas con sus manos fantasmales- Y siento tantísimo haberte dejado tan joven…
- No importa, mamá…- El niño suspiró, mirando el libro y sabiendo que no tenían mucho tiempo.- ¿Me cuentas un cuento?
La mujer sonrió, y el pequeño cogió una manta cubierta de polvo con la que cubrirse mientras su madre le contaba una historia llena de caballeros, princesas y dragones. Un cuento que desató la imaginación de Timmy mientras sus ojos iban poco a poco pegándose, hasta que se quedó dormido mientras su madre le acariciaba el cabello, apoyada dentro del círculo y observando como las velas poco a poco se iban consumiendo.
Una de ellas titiló y la figura de la mujer se volvió más transparente. Suspiró y se acercó al rostro de su hijo, besando su frente.
- Te quiero mucho, Timothy- Susurró, y sus palabras hicieron ondear la segunda mecha de la vela, haciendo que se apagara, y dejando en la habitación a un niño pequeño que había afirmado no tener miedo a los fantasmas. Porque su madre era uno de ellos, y no podía tenerle miedo a su madre.








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Conociendo a Alice II: Monet {Blogs Colaboradores}

viernes, 13 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Hoy traigo la segunda parte de la ronda de Blogs Colaboradores. Como sabéis la semana pasada presentaba a Alice y su familia y todos os quedabais muy raros cuando cambiaba de persona en la narración. Ahora creo que lo he dejado más claro y espero que sea así.
Muchas gracias por las críticas.
En la entrada de hoy os hablo de pequeños infortunios por los que han pasado Alice y Ryan juntos. Desde un punto de vista cómico.
A ver qué os parecen.
Y, por si no lo habéis leido, aquí está el relato anterior.

Mientras hablaba, Karina fue preparando el café. Ryan parecía bastante confuso, seguramente no sabía cómo enfrentarse a una adolescente que aparecía en casa tras el instituto con cara de pocos amigos.
- Tu hermana era la mayor, ¿verdad?- Preguntó con suavidad, intentando no hurgar demasiado en sus recuerdos. El hombre asintió, cogiendo la taza y soplando para enfriar su primer sorbo.- Deberías hablar con ella. No tenerle miedo.
- ¿Pero cómo no voy a tenerlo? Seguramente sea un tema de chicos o… o cosas de mujeres otra vez.
- Eres biólogo, sabes de esas cosas.- Rió Karina, intentando dar un toque cómico al asunto.
- Pero no es algo de lo que quiera hablar con ella. Y menos de chicos.- Karina cogió su taza de café y se calentó las manos con ella, tomándoselo con calma. Sabia que la historia iba para largo.

Comencé a darme cuenta que Alice estaba mejor cuando me pidió acompañarla a la National Gallery. Al parecer su profesora de literatura les había mandado unas redacciones sacando un papelito de un gorro, y ella debía escoger un artista favorito. Tras pelearse con internet no había encontrado nada, así que allí estábamos, observando el cuadro de los nenúfares de Monet.
A mi siempre me había parecido que William Turner jugaba mejor con las luces y sombras y que lo de Monet era más fama que otra cosa, pero no soy quien para opinar en los gustos de mi sobrina.
- La verdad es que siempre me ha parecido que este hombre tenía una obsesión extraña con la familia Nymphaeaceae- Bromeé, intentando hacer reír a mi sobrina con el término científico del nenúfar. Sin embargo me respondió la mudez de Alice, por lo que dejé los trazos difusos de Monet para ver hacia dónde estaba mirando.
Oh, un chico. No, no sabía cómo lidiar con ello.
Lo peor de todo es que era uno de mis alumnos.
Se estiraba la cazadora de cuero negro mientras miraba a Alice y ella le devolvía las sonrisas. Él se pasó una mano por el cabello castaño mientras caminaba en nuestra dirección y a mi sobrina se le escapó un suspiro. Yo solo calculaba los años que le sacaba.
Fue entonces cuando me reconoció y en su cara se reflejó el miedo. Paró a medio metro de nosotros y, tras dedicarle otra mirada a Alice, me encaró.
- Es una sorpresa verlo en el museo, profesor Chapman.
- ¿Os conocéis?- Preguntó Alice con sorpresa. Yo asentí, con los labios apretados, todavía intentando buscar más datos de las intenciones de ese chico con mi sobrina.- Vaya, no sabía que mi tío diera clase a chicos tan guapos.
Mi alumno se relajó como si acabara de soltarse un resorte, y me miró con otros ojos para luego centrarse en Alice. Parecía creer que al no ser mi hija iba a permitir aquello, pero, ¿cómo iba a poder? Si casi era pederastia.
- Bueno, es un placer haberte visto, Roger, y espero que te vaya bien en el trabajo sobre chaperoninas y su función en el plegamiento de las proteínas.- Murmuré, agarrando del brazo a Alice y tirando de ella hacia otra sala- Pero mi sobrina tiene que preparar un trabajo para el instituto. Porque está en el instituto, ¿sabes?
Roger se intimidó, retrocediendo un paso y guardando las manos en los bolsillos. Al instante recibí una mirada de puro odio de Alice, pero no me importó.
- ¿Qué? ¡Tengo quince años, tío!- Chilló Alice, con un tono de voz tan estridente que me hizo abrir un poco su agarre y dejar que se soltara- ¡Y he visto como miras a tus alumnas!

En el comedor, Karina iba sonrojándose más y más durante la narración, intentando concentrarse en su taza de café. Ryan sonrió, tomándole la mano.
- En parte tiene razón- Apuntó la joven estudiante.- Yo también soy más joven.
- Tú eras mayor de edad. Y ya ni siquiera eres mi alumna.
- En eso también tienes razón- Dio un sorbo al café, robándole un beso furtivo a su pareja- Sigue.

Miré con un gesto cansado a Alice, intentando explicarle por qué había actuado así. No estaba acostumbrado a que me viera con tanto enfado, pero ese chico tenía veintiún años. No era negociable.
- Alice, te saca cinco años. No es alguien para ti.
- ¡Pero no tenías que espantarlo! ¡Es guapo!- Al decir aquello se sonrojó, mirando alrededor para ver si el chico seguía en la sala. Por suerte hacía tiempo que había huido, seguramente a otro país.- Y solo quería hablar un poco con él.
- Te aseguro que él quería otras cosas. He visto esa mirada antes.
- Pervertido- Respondió, girándose enfadada- Te odio.
Aunque sé que lo dijo presa del enfado, aquellas palabras calaron hondo en mí. No me imaginaba a Alice enfadándose conmigo. Nunca habíamos estado así.
Alice volvió a casa enfadada y se encerró a hacer su trabajo sobre el “estúpido artista de los nenúfares” mientras refunfuñaba por lo bajo. Y creo que después, tampoco he llevado mejor lo de que salga con chicos.

-¿Y eso?- Interrumpió Karina, demasiado intrigada como para dejar que la historia siguiera su curso.
- Digamos que prendí fuego a un chico que trajo a casa para un trabajo. Pero en mi defensa diré que no fue a posta.
- ¿Y me cuentas la historia del museo en vez de esa?- Refunfuñó la joven, riendo por lo bajo a pesar de la situación. Ryan suspiró y Karina intentó pensar en alguna solución.- Sé que tiene que ser duro, pero es una niña, como tú dices, y necesita apoyo y consejo.- Murmuró, pasando una mano por su espalda.- Si no le ofreces tú ayuda, no lo hará nadie.
Meditando sus palabras, Ryan se incorporó, besó la frente de Karina y caminó a la habitación de su sobrina, golpeando un par de veces la puerta.
- Alice… ¿Puedo pasar?
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Cúpula del ángel {Relato Corto}

miércoles, 11 de marzo de 2015

¡Buenos días!
Lamento publicar tan tarde hoy, pero ha coincidido que al despertar scrivener me pedía actualización y estuvo un buen rato instalando, para luego leer que en Asturias se habían cancelado operaciones por falta de sangre, en especial cero positivo (mi tipo además) y correr al centro de donantes.
Por suerte los asturianos han reaccionado bien y había tanto overbooking que al vivir cerca he decidido pasarme otro día, porque había más de una hora de espera y tampoco quería que me pillase justa para ir a clase. Da gusto ver que estás en una comunidad con gente altruista que reacciona rápido en una situación así.
Pero bueno, dejemos el modo altruista de hoy.
Seguimos con Angie y Nir como bien sabéis, y hoy os hablo de un hechizo de ángeles muy interesante y os dejo con un final bastante intenso. El miércoles que viene más ;)
 El capítulo anterior está aquí y aquí tenéis todo el listado de capítulos.
¡Espero que os guste!



Era la primera vez que salia de caza, y no sabia ni por donde empezar. Me vestí como siempre con aquella ropa que se me pegaba al cuerpo como una segunda piel, dándome libertad de movimientos, y seguí a Joanne hasta la habitación en la que tenían las armas.
-¿Qué tengo que coger?- Pregunté, insegura. Había entrenado con todas las armas de aquella sala, y sabía que cada una de ellas tenía una propiedad distinta y se empleaba para un enemigo concreto. No me había sido muy difícil aprenderme todas esas armas. A fin de cuentas, ya las conocía de antes. Sin embargo no era algo de lo que me gustaba ir alardeando, podría acarrear demasiadas preguntas, y no quería alarmar a nadie.
-Coge una de esas dagas, y puede que una pistola. Vamos a cazar ángeles.

Religiones para los mundos de fantasía

martes, 10 de marzo de 2015

Buenos días.
Ayer avisaba que no iba a publicar en mi día porque era el aniversario de Delirios a máquina y se lo quería dedicar. Espero que no os molestara el cambio. Y ahora sí que me pongo con la entrada de hoy, que va sobre crear tu propio mundo y en concreto la parte de crear religiones. Sí, como es obvio escogí esa parte por haber estado yo centrada creando religiones. A ver si pronto saco su historia.

Cuando comienzas el proceso de worldbuilding o la creación de un mundo, crees que va a ser fácil. Sin embargo es a medida que vas creando y van surgiéndote cada vez más y más dudas que te das cuenta que el proceso de creación es mucho más duro de lo que en un primer momento puede parecer. Elaborar todo un sistema cultural con cimientos firmes sobre los que se asiente tu historia puede ser duro.
Necesitas crear muchas cosas, más de las que puedes esperar.
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Conociendo a Alice I: Sombras chinas {Blogs Colaboradores}

viernes, 6 de marzo de 2015

¡Buenos días!
¡Lo logré! No tenía ni idea de qué iba a escribir esta semana para los blogs colaboradores hasta el miércoles. Esta idea me rondaba la cabeza pero no conseguía sacarla bien.
Pero aquí está.
Como sabéis porque os he avisado unas mil veces de esto, blogs colaboradores se encarga de emparejar un blog escritor (yo) con un blog lector (Laura de Probando ando, que es una chica muy maja a la que deberíais seguir) para que yo escriba una historia de 4 capítulos (1 por semana) y luego Laura la reseñe en su blog.
El tema de este mes (que además lo pensé yo, manda coj-...) es el vínculo paternofilial, ya que en medio del mes está el día del padre. Y debe aparecer un cuadro impresionista, pero eso lo dejaremos para más adelante.
Yo os presento a Alice, una joven que ha quedado huérfana por culpa de un accidente de coche, y a Ryan, su tío que debe enfrentarse no solo al duelo por su hermana sino también a una adolescente en su casa. Todo esto desencadenado por la repentina aparición de Alice cuando éste está con su pareja.
Ah, los personajes son de La Molécula de la discordia, por cierto jeje. Me encanta reciclar personajes (y es una excusa para profundizar en la relación de estos como no pude hacer en el NaNo)
Ya no me enrollo más. ¡Espero que os guste!

Tener una hija adoptiva era difícil, y Ryan lo sabía. Sobre todo cuando ni siquiera se la había buscado, y mucho menos cuando tenía la mala suerte de ser idéntica a su difunta hermana. Había muchos motivos por los cuales Ryan a veces obviaba el hecho de que una joven se había instalado en su habitación de invitados, poniendo su vida y su casa patas arriba a medida que subía el volumen de la radio.
Por eso, cuando invitó a Karina a dormir, no le advirtió de que una niña se paseaba por la cocina a altas horas de la mañana, se hacía un sandwich y volvía a encerrarse en su cuarto, como si nada hubiera pasado, hasta las 7 de la mañana que salía dirección a su instituto. Y tal vez, si todo hubiera ido bien, no habría tenido que dar explicaciones.
Tal vez, si todo hubiera seguido su curso, seguiría conviviendo con una extraña.
Pero cuando ambos decidieron trabajar desde casa, y cuando Alice cambió sus planes en el último momento, la estampa cambió en la residencia de los Chapman. Karina, la ex-estudiante de Ryan, apenas ocho años mayor que Alice, observó con sorpresa a la adolescente, de ojos azules intensos y cabello a la altura de los hombros, rubio y de apariencia suave. Ryan hizo amago de incorporarse, pero fue demasiado tarde. Cuando lo hizo, Alice ya corría a encerrarse en una habitación que no era la suya y, a sus ojos, nunca lo sería, dejando sobresaltada a la compañera de Ryan, que giró la cabeza hacia él.
El hombre se desplomó en el sofá con gesto cansado, peinándose el cabello moreno y cerrando su portátil. Karina hizo lo propio, prestando toda su atención a la futura explicación.
- Esa es Alice… Es mi sobrina.- Aunque no lo dijera en voz alta, Karina suspiró de alivio. Pensar que una joven así pudiera ser su hija le había puesto el corazón a mil por hora- Sin embargo cuando murió su madre quedó a mi cargo… Y ser padre es más difícil de lo que parece.

La habitación de Alice era un revuelto de maletas sin deshacer y persianas bajadas, con la joven en una punta de la cama y sin salir durante una semana. Esa era mi estampa cada vez que entreabría la puerta y dejaba algo de comida, solo para ir al salon y sumirme yo mismo en mi propio duelo.
Acababa de perder a mi hermana en un terrible accidente de coche, pero no era capaz de ser el adulto por un momento y cuidar a Alice como ella se merecía. Lo cual cabe decir que me hacía todavía más miserable, pensar que ni siquiera podía hacer nada por ella.
Sobre todo recuerdo el día en el que me di cuenta que algo tenía que cambiar. Escuchaba sus sollozos desde mi habitación y algo dentro de mí llegó a romperse con ellos. No sé si habrás sufrido así alguna vez, que te duela el dolor ajeno como si fuera propio. Tal vez es que me di cuenta que era el único capaz de ponerle remedio, pero el caso fue que me levanté de mi habitación y entré en la suya. El llanto cesó de inmediato, aunque todavía podía escuchar su nariz sorbiendo los mocos. No sé qué me esperaba. Alice era una cría. Lo sigue siendo. Tal vez creí que iba a conseguir superarlo ella sola encerrándose.
Pues bueno, me equivocaba.
Abrí la persiana solo lo suficiente para distinguir su figura en la cama y me apoyé en un extremo. Todos creerían que después de diez años dedicados a la docencia, habría aprendido algo sobre cómo tratar con adolescentes. Pero ni toda la enseñanza del mundo podrían prepararme para ese momento.
- Creo que…- Me costaba plantear una forma sutil de invitar a Alice a seguir con su vida. Me costaba porque ni siquiera yo era capaz de encontrarla para mí, pero dicen que cuando eres padre tienes que sobreponer los problemas de tus hijos a los tuyos propios. Y os prometo que lo intenté- que deberíamos salir a dar una vuelta. El museo de historia natural tiene una exposición sobre los Homo muy…
- No me interesa ver un puñado de esqueletos- Bufó ella, sorbiéndose los mocos y girándose para mirar a la pared. Antes del accidente, Alice siempre se apuntaba a hacer planes conmigo. Era su tío enrollado. Pero no era sus padres.
- ¿Prefieres ir de compras?- Puede que en esa frase añadiera un poco de desánimo, pero la verdad es que soy la clase de hombre que odia las compras- No has deshecho las maletas y no sé si es porque no te gusta la ropa o porque necesitas ayuda para organizarte o…
- ¡Es porque me la compraron ellos! ¿Lo entiendes?- Se giró a mirarme e incluso en la oscuridad pude ver sus ojeras, la nariz completamente roja y los labios húmedos y cortados por las lágrimas. Tras aquel brote inicial las lágrimas volvían a correr por sus mejillas, y por las mías, y mi único impulso fue el de abrazarla, sintiendo como su cuerpo convulsionaba del puro llanto, y como mi corazón se aceleraba. ¿Estaría haciéndolo bien? ¿Serviría de algo aquel abrazo? No tenía ni idea, pero no la solté, y poco a poco sus brazos se pegaron a mi cuerpo, su respiración se controló y me empujó un poco más lejos de ella.
Alargué la mano para secar una lágrima de su mejilla.
- Yo también la echo de menos- Admití, Alice sonrió, una de esas sonrisas nerviosas que nos salen cuando en realidad estamos al borde del llanto pero no queremos admitirlo. Corté otra de sus lágrimas, notando un nudo en mi garganta- Y es difícil porque eres idéntica a ella a tu edad. Pero sé que ella está en ti, en mi… Que si no la olvidamos no se irá del todo. Y que si algo aprendí de tu madre es que hay que reírse de todo. ¿Sabes lo que hizo cuando era pequeño y tenía miedo a las tormentas?
- ¿Te daban miedo las tormentas?
- No es relevante…- Alice soltó una pequeña risa, estaba cargada de mocos, pero era sincera. Aquello alivió un poco la presión de mi pecho, había conseguido que se riera.- El caso es que cogió unas cuantas velas…
- Sé que eras viejo, ¿pero tanto?- Aquella vez me reí yo, intentando parecer ofendido.
- No, por aquella época era normal que se fuera la luz cuando había tormenta.- Alice asintió y ensanché la sonrisa- Pues teníamos las velas, y una sábana gigante de su cama. La colgábamos de dos extremos de la habitación y creábamos nuestro propio teatro de sombras chinas. Hasta hicimos marionetas y debo tener el guión de nuestras historias por alguna parte.
- ¿En serio?- Los ojos de Alice brillaban de emoción. Asentí y me levanté.
- Claro que sí, ¿quieres verlo?
Ella corrió a incorporarse también, y me cogió de la mano mientras íbamos a mi desván en busca de cosas. No aparecieron los guiones, pero encontré más objetos y algunas anécdotas con las que pasamos la tarde e hice que, al fin, Alice se abriera un poco.
Entonces me di cuenta que era cierto. Mi hermana no moriría del todo mientras la recordásemos. Y era la forma de unirnos.
Aunque para llegar a ese punto aún quede bastante.

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El tiempo en contra {Relato corto}

miércoles, 4 de marzo de 2015

 ¡Buenos días!
¿Qué tal estamos? Ya llevamos media semana, ¡bien!
 Yo ahora mismo ando con el pelo envuelto en henna porque me tocaba volver a echarme color (ya casi hasta se me ven las raíces, y mira que es difícil porque es un color muy similar a mi pelo) y he concluido que la henna da para 2 veces y media, esta vez estuve apurando la henna. Posiblemente para el mes que viene deje aparte un poco y haga mascarilla de color en vez de tres tintes.
Pero eso es algo a comentar en flamingo's Makeup... ¿Os acordais del blog sorpresa y el #proyectoflamingo? Pues era eso. Un blog donde hablar de maquillaje y productos de belleza. Así os dejo de dar la vara con la henna.
En fin, esta semana he decidido que toca rescatar a Angie y Nir. Os prometí una segunda temporada y aquí la tenéis. Este es el primer capítulo, y durante marzo, todos los miércoles, tendréis otro capítulo. Por si no habéis leído los anteriores, está aquí todo el listado de capítulos y este fue el último que subí.
¡Espero que os guste!
Por cierto... alguien tiene idea sobre una trama paternofilial? la necesito con urgencia...


Navegando entre palabras II

lunes, 2 de marzo de 2015

La verdad es que no sabía si subir o no este fragmento ya que había ganado la ronda de la semana pasada (gracias a los que votasteis por cierto) y me daba un poco de cosita repetir. El caso es que lo escribí porque bueno, por qué no hacerlo, y me puse a escribirlo.
Pero la cosa se me fue de las manos.
Osea, aquí tengo solo las 200 palabras pero tras acabar de escribirlo me fui de sidras y la cabeza trabajó creando más de la cuenta. El caso es que en scrivener tengo otro fragmento de 400 y pico palabras y en google keep algo mucho más largo.
Se me fue de las manos, pero completamente. Es posible que acabe adaptando la historia a algo distinto, y así rescato a Nayde (personaje de rol por twitter que, desgraciadamente, acabó muriendo. Todos los roles por twitter mueren)
En fin, si queréis leer la historia desde el principio, podéis ir aquí. Si queréis ver lo que hicieron el resto de mis compañeras con mi historia, aquí está lo de mi ahijada Sheila y aquí lo de lo de M. A. Álvarez. Es sorprendente lo que 200 palabras pueden hacernos cambiar.
Ahora sí os dejo con mi fragmento.


 Podréis pensar que así acabó, que el chico listo y guapo se hizo con las suyas, pero cuando lo veía todo perdido un destello blanco emergió de mi propio cuerpo y un amuleto blanco absorbió el hechizo. Nunca había visto algo así pero claro que había leído sobre ello. Eran la encarnación propia de la magia, y permitían canalizar mucho mejor que una varita cualquier hechizo, casi solo sin pensarlo.
La sala entera se quedó muda. Ese era mi amuleto mágico, mucho más poderoso que cualquier varita, por bonita que fuera. Era algo que se creía extinto, olvidado. Hacía mucho que nadie era capaz de encontrar la fuerza para realizar esa invocación.
Y yo lo había hecho sin pensar.
Solté mi varita, ya no iba a necesitarla, y extendí la mano hacia el colgante, que seguía flotando frente a mi. Estaba caliente al tacto, y tuve que contenerme para no soltarlo de puro sobresalto.
Marcus dirigió una mirada rápida hacia la señorita Mountain, posiblemente pidiendo que detuviera el duelo. No se atrevía a enfrentarse a mí con un arma tan poderosa. Y yo tampoco, no sé cómo me tenía en pie.
- ¡El combate queda suspendido! Señorita Reval, venga usted conmigo.

Si queréis votar para la continuación de esta historia, no olvidéis pasar por el blog de Libros sin páginas

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