Gran consejo

miércoles, 3 de agosto de 2011


Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene pro­ble­mas de espa­cio en el cló­set por­que ha com­prado dema­sia­dos. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tar­jeta de sus­crip­ción a una biblioteca. Encuen­tra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lec­tora por­que en su maleta siem­pre lle­vará un libro que aún no ha comen­zado a leer. Es la que siem­pre mira amo­ro­sa­mente los estan­tes de las libre­rías, la que grita en silen­cio cuando encuen­tra el libro que que­ría. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las pági­nas de un libro viejo en una libre­ría de segunda mano? Es la lec­tora. Nunca puede resis­tirse a oler las pági­nas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sen­tada en el café del final de la calle, leyendo mien­tras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema des­lac­to­sada ha adqui­rido una tex­tura un tanto natosa y flota encima del café por­que ella está absorta en la lec­tura, per­dida en el mundo que el autor ha creado. Sién­tate a su lado. Es posi­ble que te eche una mirada llena de indig­na­ción por­que la mayo­ría de las lec­to­ras odian ser inte­rrum­pi­das. Pre­gún­tale si le ha gus­tado el libro que tiene entre las manos.
Inví­tala a otra taza de café y dile qué opi­nas de Mura­kami. Ave­ri­gua si fue capaz de ter­mi­nar el pri­mer capí­tulo de Fellows­hip y sé cons­ciente de que si te dice que enten­dió el Uli­ses de Joyce lo hace solo para pare­cer inte­li­gente. Pre­gún­tale si le encanta Ali­cia o si qui­siera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regá­lale libros en su cum­plea­ños, de Navi­dad y en cada aniver­sa­rio. Dale un regalo de pala­bras, bien sea en poe­sía o en una can­ción. Dale a Neruda, a Pound, a Sex­ton, a Cum­mings y hazle saber que entien­des que las pala­bras son amor. Com­prende que ella es cons­ciente de la dife­ren­cia entre reali­dad y fic­ción pero que de todas mane­ras va a bus­car que su vida se ase­meje a su libro favo­rito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Mién­tele, si entiende de sin­ta­xis tam­bién com­pren­derá tu nece­si­dad de men­tirle. Detrás de las pala­bras hay otras cosas: moti­va­ción, valor, matiz, diá­logo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lec­tora sabe que el fra­caso lleva al clí­max y que todo tiene un final, pero tam­bién entiende que siem­pre existe la posi­bi­li­dad de escri­birle una segunda parte a la his­to­ria y que se puede vol­ver a empe­zar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. Tam­bién es cons­ciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chi­cas que leen saben que las per­so­nas madu­ran, lo mismo que los per­so­na­jes de un cuento o una novela, excep­ción hecha de los pro­ta­go­nis­tas de la saga Cre­púsculo.
Si te lle­gas a encon­trar una chica que lee man­tenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llo­rando y abra­zando el libro con­tra su pecho, pre­pá­rale una taza de té y con­sién­tela. Es pro­ba­ble que la pier­das durante un par de horas pero siem­pre va a regre­sar a ti. Hablará de los pro­ta­go­nis­tas del libro como si fue­ran reales y es que, por un tiempo, siem­pre lo son.
Le pro­pon­drás matri­mo­nio durante un viaje en globo o en medio de un con­cierto de rock, o qui­zás for­mu­la­rás la pre­gunta por abso­luta casua­li­dad la pró­xima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Son­rei­rás con tal fuerza que te pre­gun­ta­rás por qué tu cora­zón no ha esta­llado toda­vía haciendo que la san­gre ruede por tu pecho. Escri­bi­rás la his­to­ria de uste­des, ten­drán hijos con nom­bres extra­ños y gus­tos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the HatAslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Cami­na­rán jun­tos los invier­nos de la vejez y ella reci­tará los poe­mas de Keats en un susu­rro mien­tras tú sacu­des la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee por­que te lo mere­ces. Te mere­ces una mujer capaz de darte la vida más colo­rida que pue­das ima­gi­nar. Si solo tie­nes para darle mono­to­nía, horas tri­lla­das y pro­pues­tas a medio coci­nar, te ven­drá mejor estar solo. Pero si quie­res el mundo y los mun­dos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O mejor aún, a una que escriba.

Rosemary Urquico

Lo he encontrado buscando una página en la que ver opiniones y gustos de la gente por los libros (abretelibro.com), y me ha parecido necesario compartirlo, porque es una gran verdad. así que nada, aquí os la dejo, que es muy mona, y me voy a dormir. Un saludo =)

2 comentarios:

  1. awwww muy cierto chica precavida y intelectual vale por mil!!!!

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  2. Me ha gustado el texto :) me lo he leído un par de veces, puede que me lo copie jaja

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