Otro año que se va...

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Hoy, 31 de diciembre, cumplo 21 años. Ya soy legalmente capaz de beber en cualquier parte del mundo, aunque creo que me siento cada vez más pequeña.
O que no crezco, y soy como Peter Pan. Sigo siendo la misma persona, con el pelo teñido de Henna, con un piercing en la oreja. Pero sigo siendo la chica que escribía hace 3 años sobre un libro que le gustó mucho, el primero largo que se leía en inglés por su cuenta, el que desencadenaría un poco todo lo que era el blog.
Pero no voy a ponerme a ver qué es todo lo que ha pasado alrededor en todo ese tiempo. Fueron muchas cosas. Algunas duras, otras geniales. Algunas se han ido, otras ahora están lejos, y algunas las sigo sintiendo muy cerca.
Creo que este año voy a decidirme a hacer el reto del tarro. Empezar el año con un tarro vacío y llenarlo de todas las cosas buenas que me vayan pasando. Os animo a hacer lo mismo.
Sin embargo, recuerdo muchas cosas buenas que han pasado este año, aunque algunas duelan. Así que voy a intentar recordar todas las buenas. Espero no dejarme a mucha gente fuera.
  • Recuerdo haberme ido con Martín a un Spa, a celebrar con mucho retraso nuestro segundo aniversario. Sobre todo recuerdo esa cama en la que no nos tocábamos de lo grande que era, casi morir en la sauna, y el postre con peta zetas.
  • Recuerdo muchas tardes jugando al mus, y mañanas. Recuerdo que un simple "baja al bar" me animaba las mañanas.
  • Recuerdo la ilusión que me hizo aprender a coser heridas, aunque seguramente a las ratas no les gustase tanto, sobre todo por el fatídico final que tenían. También recuerdo a la salamadra, aunque por desgracia no sobreviviera con la herida en el vientre que tenía. La pobrecita.
  • Recuerdo las partidas de rol entre amigas. Ya sé que no debo abrir las puertas aunque mis padres me lo pidan, sé que mi Hipo es un desastre (como el de la peli, pero mi dragona siempre me saca de apuros, o me mete en ellos) y que Nymeria está destinada a vivir en un mundo en el que no rolea porque cada rol en el que entra sucumbe. También sé que podemos lograr salir todos vivos de algo imposible como es la guardia de la noche española, que las rimas de Brezo son lo mejor del mundo, y que una partida de cuatro horas puede acortarse si yo soy dada un papel importante y los dados no acompañan la situación. De mis andaduras por twitters roleros también debería agradecer a Mumu estar ahí siempre, incluso a Ramón, que nos unió a todos aunque ya no aparezca tan a menudo. Y a mi Astrid, que aparece de vez en cuando y se va, pero que siempre se me quedan en el corazón. Sois de lo mejor que me ha pasado en este 2014, sin duda alguna.
  • Recuerdo el oceanográfico, las risas, lo bien que me lo pasaba, que no me importase despertar a las seis de la mañana para ir a pasar el día allí. Recuerdo el día en el que vi delfines, cómo cazaban y venían a jugar a la proa del buque oceanográfico en el que estaban, y recuerdo a Aurora y yo gritando ilusionadas como si hubiéramos rejuvenecido quince años..
  • Recuerdo la carrera que me metí para conocer a Brandon Sanderson en el Celsius. Como miraba a Brezo y le repetía a Martín que la conocía. Recuerdo la odisea que fue recoger el piso tras volver. Recuerdo la odisea que fue al día siguiente volver desde Santander hasta Avilés para la firma con Patrick Rothfuss, cuando ya sí que hablé con Brezo. Y gracias a que perdí la vergüenza, lo que me estaba perdiendo ;)
  • Recuerdo el Hitode. Es un velero sencillo y mira que nos ha puteado, que he perdido un anillo allí y casi pierdo a Nautilus en un cubo de agua en su interior, por no hablar del incendio. Pero la ilusión que le hace a mi padre lo compensa todo.
  • Y recuerdo la india. El puñetero calor las horas de bus, los mosquitos, a Naia y a mi tiradas en la cama buscando wifi, la comida y el curry. Recuerdo la excursión seguramente mejor de lo que me lo pasé, sobre todo porque es un sitio precioso pero costó verlo de lo rápido que íbamos. Y por el estrés de no beber agua del grifo y similares.
  •  También recuerdo las tardes hablando de libros con mi madre. La verdad es que estoy muy agradecida por sus gustos literarios, siempre es bueno tener alguien con quien hablar.
  • Siguendo con mi madre, recuerdo la sorpresa que nos dio en nochevieja cuando apareció con un cigarrillo electrónico colgado del cuello. Y la sorpresa que me llevo yo, que, aparte de dejar de fumar, ha logrado ahorrar 1300 euros en un año.
  • Y también recuerdo las barbacoas con mis amigas, los días de no hacer nada juntas. Recuerdo las risas, los comentarios y los cotilleos. Y los echo de menos al mismo tiempo. María, vuelve de erasmus. 
  • Por no hablar de los días de cine con Raquel, o Lottie, o Baymax, o todo. Y cuando se quedó en casa y nos pusimos juntas a jugar a Bioshock. Muchas gracias por acompañarme al cine cuando Martín no quiere.
  • Y de Lucia, o Katia, o comoquieras llamarte. Como me alegra haberla conocido, y que se quedara en casa. Ahora es mi habitación secreta, o puntos suspensivos, y espero que esté ahí en el 2015, porque gracias a ella, ahora soy un poquito más feliz.
También hay muchas cosas que he hecho a lo largo de este año. Poco a poco añadir cosas a la lista está bien. No me voy a centrar en el ámbito académico porque es un poco desastre, aunque aún esté a tiempo de arreglarlo. Me centraré en el resto.
  •  Escribí La Molécula de la Discordia. En un año. Comencé en el NaNo de Julio (un poco antes, pero el grueso fue ahí) y la acabé en el de Noviembre (porque cierto portátil no era sumergible). Fue increíble, sobre todo porque yo a veces para esto de escribir me lo tomo con demasiada calma.
  • Escribí aproximadamente 80mil palabras entre relatos cortos y derivados. Creo que voy a crear un proyecto de scrivener cada año con "relatos 2015" para ver cómo voy llenándome de cosas escritas y animándome, que siempre pienso que no hago nada, pero 80mil palabras de relatos no está mal.
  • Seguí la revisión de El Fantasma del Lhanda, que ya iba siendo hora, y me veo más capacitada para darle a esta historia lo que se merece.
  • Hice nosecuantos pulpos de amigurumi, un Loki y dos ballenas. Y, sobre todo, hice feliz a la gente con esos relatos.
  • Me apunté a grandes proyectos, conocí a bloggers que me han cambiado la vida, que me han hecho reír y han logrado un lugar en mi corazoncito y en mi casa. Y ojalá siga conociendo gente así por mucho tiempo. Ojalá siga dragoneando con Ananda (que deberíamos seguir dragoneando) y haciendo chorradas por el grupo de Hermes, siguiendo las aventuras de Daphne y Liz, por no hablar de mis reivindicativos bloggeros, que están como una cabra pero, ¿y lo bien que me lo paso?
Y a nivel del blog, hay muchas cosas que hice. No quiero ni pensar en la de seguidores que he ganado y en la ilusión que me hace ver comentarios nuevos y saber que bueno, os importan mis locuras/mis relatos. Muchas gracias a esos más de 100 seguidores que ya están conmigo, por vuestras visitas, los comentarios y por todo en general, porque es verdad que un blog no vive sin comentarios, que un sitio cerrado se abandona, pero uno con las puertas abiertas, como es beyond, está lleno de vida, y me hace muy feliz. Prometo que al acabar los exámenes volveré con las pilas cargadas a tope y tendréis al menos otro año para cansaros de mi.
No tengo ningún propósito claro de 2015, porque no me he puesto a pensarlos. Quiero seguir escribiendo, seguir aquí, hacer algunos viajes, llevar bien la uni (JA) y llevar adelante el ployecto flamingo (¿top secret de momento?), por poner unos pocos. También me debería sacar el carnet de conducir, a ver si estoy en verano en Santander el tiempo suficiente para desquiciarme y sacármelo. Pero, al final, lo único que le pido al 2015 es más tiempo con la gente que me importa, y con aquellos que puede que no conozca y me importarán. Que al final, si no comparto lo que me pasa con los que me importa, no sienta igual.
Así que espero que este año comience con fuerzas, que lo que no mata te hace más fuerte y que todo lo malo queda atrás. Saca adelante solo lo que vaya a fortalecerte y a hacerte mejor persona. Hoy comienza el borrón y cuenta nueva por excelencia, y es hora de hacerlo de verdad.
Así que, ya sabes, con cada campanada, echa de tu vida algo que no quieras, y deja dentro sólo lo que de verdad te importa.
Feliz 2015 a todos los que me leéis, y a los que no. A ver si este año podemos cambiar algo. Cada minúsculo grano de arena cuenta.
Un besazo enorme, y cuidado con las uvas.

Una caja de zapatos... #NaviBlogger

viernes, 26 de diciembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy, como avisaba, vuelvo con un relato. Con el relato del proyecto de NaviBlogger.
Os expliqué que tenía que escribir un relato en el que se reflejara mi punto de vista sobre la navidad. Ha sido algo difícil. Y más bien ha sido una terapia que explicaba lo que significan estas navidades, este año, para mí. Algo de miedo, algo de llanto... Y es todo muy distinto.
Lloré mucho al escribirlo, para qué mentiros. Pero no podía escribir otra cosa. La idea me rondaba la cabeza y no la sacaba ni queriendo. Ella necesitaba salir. Y salió. No he hecho muchos cambios desde el momento que lo escribí, y cada vez que lo leo, tal vez por la carga emocional que tiene para mí, me pone triste.
Pero bueno, dejo de asustaros, aquí tenéis el relato, y no olvideis pasar por la lista de participantes y leer todos sus relatos, que merecen la pena.


Era una caja de zapatos. Pequeña, negra, con los bordes tan desgastados que habían perdido el color, y con unas arandelas de metal agujereando las paredes de las que ni siquiera conocía su función.

Podía parecer una simple caja de zapatos, pero era algo más. Era mucho más.

Solo se abría por navidades, y dentro había un pequeño belén. Las figuras eran diminutas, de apenas un centímetro de alto, y había cabañas construídas a mano, un río de papel albal y todos los personajes típicos de aquella escena. Hasta había un buey y una mula, había luces, pequeñas bombillas de colores escondidas dentro de las casas hechas de corcho y pintadas a mano, y una sobre el belén, tras la estrella de navidad. Sabía describir todo el conjunto de memoria, y hasta recordaba ese olor a madera, a corcho y a desván en el que se guardaba durante once meses, que no se iba en todo el tiempo que duraba la celebración.

Le tenía un especial cariño a aquel nacimiento en miniatura. Siempre había estado en su casa, encima de la mesa del salón. Se quedaba observándolo, de pequeña deseando jugar con los muñecos, aunque de mayor ya sabía contenerse y lo observaba por todo lo que significaba para ella. Las figuras las habían comprado sus padres en un arrebato las navidades en las que hacía un año, y uno de los árboles de plástico que había adornado su primera tarta de cumpleaños adornaba la esquina inferior derecha del conjunto, justo al lado de los reyes magos. Era una parte de ella, una parte que siempre había estado allí.

Hasta que su abuela entró a la residencia. En navidades su padre creyó que, ya que no podía tener un belén como el que había en su casa, al menos le podrían dejar en “usufructo” aquel, pequeño y compacto, que iluminaría la pequeña habitación en la que vivía. Recordaba que, a pesar de tener dieciséis años por aquel entonces, se le hizo un nudo en la garganta cuando su padre ofreció su belén, al que tenía tanto aprecio, sin pedirle permiso. Se sintió tan ofendida que tuvo que tragarse la bilis al ver la cara de ilusión de su abuela, componer su mejor sonrisa y aceptar uno de sus bombones con gesto de culpabilidad.

Habían pasado varios años desde aquel momento, y el belén ya no importaba.

Pero la caja había vuelto.

Le temblaban las manos al coger la caja que tanta ilusión le había infundado de pequeña. No la quería en su casa, quería que se fuera. Quería que volviera su abuela, quería sus bombones, sus comentarios repetidos. Quería que le preguntase si no llegaría tardísimo a casa cuando solo eran las 10 y media de la noche. Quería al nexo de unión que evitaba que toda una familia se desmoronase, no una caja. Sobre todo quería que volviera su abuela para ejercer de madre y le curara el llanto a su hijo, y no ser ella la que tuviera que buscar palabras con las que consolar a su padre, cuando ni siquiera ella podía contener las lágrimas.

Quería volver en el tiempo, abrazar a su abuela, y tener unas navidades normales otra vez.

Pero, sin embargo, lo que tenía era una caja de zapatos que de golpe pesaba como el plomo, tenía un belén que de golpe era una sombra en su casa, y tenía unos recuerdos que le hacían quebrar en llanto cada vez que flotaban hasta su mente, acuchillando su maltrecho corazón, quebrando sus pulmones, humedeciendo sus ojos, sus mejillas y su rostro con un llanto incontrolable.

Nunca se había dado cuenta de lo triste que era la navidad, de lo cruel que es la vida.

Nunca había llegado a comprender tan bien la frase “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.



Pero tenía una caja. Unos recuerdos preciosos y una serie de gente a su alrededor. No podía evitar sentirse triste, echarla de menos. Pero tenía una caja y una nueva familia. Cargó con ella hasta su piso de estudiantes y la depositó en el salón, como un centro de mesa, y apretó el interruptor de las luces. Los ojos se le nublaron de lágrimas, pero se obligó a sonreír. No dejaría que los pensamientos oscuros la envolvieran. Estaba el pequeño belén para alumbrar su camino.





¡Feliz Navidad!

miércoles, 24 de diciembre de 2014


24 de diciembre, el año pasa muy rápido... Y hoy es una de esas  fechas. La familia en casa, todos juntos, críos jugando, mis abuelos con la extraña convicción de que yo paso frío siempre (yo, doña calores, que soy dorniense no porque viva en el sur que para nada, que vivo en el norte sino porque el sur vive en mí), la comida calentándose en la cocina pero no te llega su olor porque sí, has vuelto a coger resfriado.
Una estampa típica de familia, ¿verdad?
Es esa época de nuevo, y a mi me encanta y al mismo tiempo, me angustia. Veréis mejor por qué el 26, con un relato Naviblogger que sin duda define cómo me siento yo este año con la navidad. Me faltan algunas personas.
Pero tampoco hay que ponerse melodramático. Esta época es para reunirse, para disfrutar, para perder la cartera haciendo regalos y no sentirte culpable, porque son regalos. Para quedarte hasta altas horas de la mañana hablando, jugando o haciendo cualquier cosa, porque son vacaciones. Es una época en la que predomina la alegría, y está llena de buenos pensamientos.
Espero que la tuya sea así. Espero que sonrías mientras alguien tararea villancicos, o si por casualidad celebras Hanukah o tal vez el Snoggletog (hola, soy Gema y Cómo entrenar a tu dragón me ha robado el alma), lo estés pasando igual de bien. Para mi la navidad no es una celebración religiosa, es algo más, es una excusa para juntarnos y celebrar que estamos bien, que tenemos buena salud, y el cumpleaños de una de mis primas, que es tan inoportuna como yo. Supongo que para mucha gente también se le pase la religiosidad por estas fechas, y se queden solo con el hecho de que es navidad.
Pero bueno, vuelvo a desviarme. Quería desearos a todos feliz navidad, que no os dejen mucho carbón en los calcetines y que vuestros deseos se cumplan.
Ya dejo de ser cursi. ¡Feliz navidad a todos!
Os dejo unas cuantas fotos para hacer más bonita la entrada


¿Otras vacaciones?

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Pues sí.
Aunque estas no son porque yo quiera.
Tengo que dejar el blog inactivo, ya visteis que el lunes no subí relato y hoy, más de lo mismo.
Y es que ni tengo tiempo de contestar comentarios ni de visitar blogs, ni de nada. Ahora mismo solo debería estudiar. Y, aunque no lo haga, soy consciente de que si abro blogger no salgo en 5 horas, y eso sí que no.
No voy a irme del todo como hice en agosto, de no postear ni un solo día. Seguramente sí lo haga alguna vez, como para el te robo una frase del lunes (si logro escribir algo) o para cierta iniciativa navideña que tengo por el 26.
Por no hablar de las resoluciones de fin de año.
También intentaré comentar, a veces, si abro sin querer blogger, o feedly o similares y me doy un paseíto. Pero no será lo normal.
¿Cuánto durará esta inactividad? Ni idea. Desde una semana hasta el 23 de enero. Todo depende de cómo me organice y como vayan los exámenes y la navidad.
Ya lo siento, os puedo asegurar que me duele mucho porque el blog me sirve para desconectar. Pero ahora mismo con los exámenes tan encima, no tengo ni tiempo para desconectar.
Así que nos leemos por aquí, en algún momento, algún día. Siempre estaré por twitter si me echáis de menos en vuestra vida. Sé que es muy difícil pasar el tiempo sin mi.
Os dejo con las fotos de mi árbol de navidad y el nacimiento, que no veré hasta el 20 de diciembre, para no tener una entrada tan vacía.



 ¡Felices fiestas!

Partida de búsqueda {Relato Corto}

viernes, 5 de diciembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy os traigo un relato de Daphne, pero no de su pasado. Volvemos al presente, a su vuelta al campamento y a su historia con Liz. Os recuerdo que la parte 7 estaba aquí, y ahora podéis ver lo que ocurre tras una fiesta tan loca como aquella. Sí, por supuesto me refiero a la resaca ;) Si no sabéis de qué va todo esto, el primer capítulo está aquí. Esta entrada participa en la iniciativa dioses del olimpo, dando puntos a la cabaña de Hermes, como ya sabéis, os robaremos la victoria y la cartera
¡Espero que os guste!


Un sonido atronador atravesó los oídos de Daphne. La joven se removió, inquieta, en su cama. Todo le daba vueltas, estaba dudando si estaba en tierra firme o en un bote en un torbellino. Y ese maldito timbrido…

Tardó un minuto en reconocerlo como su móvil. Con los quejidos de sus compañeros de cabaña de coro, descolgó, y con voz ronca, contestó:

- ¿Diga?

- Vaya, aquí la estudiosa se ha corrido una juerga.

- Ian- Sonrió ella. Era como un ibuprofeno. Sus males acabaron con el dulce sonido de su voz. Se incorporó y salió a dar una vuelta, para no molestar a sus compañeros de cabaña con su conversación.

El campamento estaba hecho un zarzal. Ni siquiera cuando había entrenamiento acababa tan desordenado. El señor D seguía de juerga (algo le decía que se había pasado por el forro su prohibición, aunque no importaba, por una vez). Había sátiros todavía tocando las flautas y pudo ver a Abbie quitarle guirnaldas de las ramas a su árbol. Rió por lo bajo mientras saludaba con la mano libre a la dríada, aprovechando para taparse del sol. Sus ojos sí seguían de resaca.

- ¿Debería preocuparme por esa fiesta?- Preguntó su pareja en el auricular.- ¿Algún chico guapo por el que me vayas a cambiar?

- Si piensas que voy a cambiarte por algún chico es que no me conoces lo suficiente.- Lo cual, en parte, era cierto. Había una parte de su vida que no le había contado, pero no era tampoco el momento- Solo fue una fiesta de bienvenida que se nos fue de las manos.

- ¿Garrafón?

A lo lejos, el señor D bufó ofendido. Daphne sacudió la cabeza, aunque no pudiera verle, y su resaca volvió a golpear. Era como si su cerebro no estuviera sujeto a nada y chocara contra su cráneo. Se sentó en el muelle, una zona limpia de restos de la fiesta, y metió los pies en el agua, inclinándose para ver su reflejo. La imagen que le devolvió no era muy seductora. No se había cambiado de ropa ni deshecho el moño antes de meterse a la cama, así que su camisa beige estaba arrugada en exceso, le salían mechones de pelo del recogido y el maquillaje se le había corrido de los ojos, pareciendo un mapache.

- No, por favor, el garrafón aquí está prohibido. Era vino de buena calidad. Demasiado buena, cuando querías darte cuenta, ya estabas borracho perdido.- Hizo ondas con su pie, mirando los límites del campamento.- Me encantaría que estuvieras, la verdad.

- Ya, y a mí. Parece que se te olvidó contarme que yo también estudio física y podíamos haber ido juntos.

Ella suspiró. Ya sabía que la idea del campamento de física no había sido la mejor.

- No podía, era… una beca cerrada.

- ¿Y qué investigais?

- Ah, de todo, desde movimiento circular hasta dinámica de fluidos, y por las noches a veces hay talleres de astrofísica.

- ¿Y física cuántica?

- Ni me la menciones- Bromeó ella, ya había tenido bastante física cuántica para una vida.

- La otra profesora no era mala…

Daphne bufó, no coincidía con ello. Levantó la vista del agua y los reflejos del sol hasta las cabañas. Varios hijos de Apolo entraban y salían de la enfermería con gesto abrumado. Algo en el interior de Daphne le dijo que aquello no era buena señal.

- Cielo, tengo que colgarte. Te llamo mañana y hablamos por whatsapp, ¿te parece bien?

- Está bien. Acuérdate de la diferencia horaria de 3 horas, no vayas a llamar temprano.

-Tranquilo, lo tendré en cuenta. Te amo.

- Y yo a ti, resacosa.

Sonrió al teléfono, atesorando esos segundos en los que solo era una joven normal, estudiante de física con un novio en la otra punta de estados unidos. Ojalá pudiera volver, tener solo una vida. Pero eso era imposible. Y la mestiza necesitaba ver qué había pasado en la enfermería. A medida que se acercaba, escuchaba a los hijos de Apolo cuchichear en corros.

- No dejaba de balbucear en sueños.

- Ya, y lo de las voces…

- ¿Pero se habría ido por eso?

- Tal vez no estaba bien. Tendríamos que haber hablado con el señor D, él trata la locura.

- ¿Cómo íbamos a saber que estaba esquizofrénico? Pensé que hablaba en sueños. Podía ser hijo de Poseidón, ellos lo hacen.

De golpe se chocó con la persona que quería ver. Marc estaba mirando alarmado a todas partes, como si el mestizo se hubiera escondido en el armario o bajo la cama. Daphne comprendió.

- ¿Se ha fugado?

El joven se giró. Tenía el cabello rubio hecho una maraña, y se veían las ojeras que presentaba todo mestizo aquel día.

- Ha debido aprovechar la fiesta…- Hundió las manos entre su cabellera, frustrado. Daphne temió que se quedara con los mechones rubios en la mano de la fuerza con la que parecía apretar.- ¡Sabía que algo raro pasaba! Se ponía hablar, decía que las voces remitían, pero que le estaban torturando. No entendí nada, o no quise entender. Debería haber hecho algo…

Comprendiendo que estaba a punto de darle un ataque de nervios, Daphne se situó a su lado, apoyando una mano en su hombro.

- Marc, no es tu culpa. Aprovechó la fiesta, había alcohol y todos lo estábamos pasando bien. Y él se escapó aprovechando todo aquello. Aunque no sé por qué querría hacerlo.- Confesó, preocupada, mientras miraba al exterior.- Seguro que está en el bosque, organizaremos pelotones de búsqueda durante toda la mañana si hace falta. Venga, toca las campanas y despierta a los campistas. Hasta en Pasadena se han levantado antes.

Aunque no entendió el último comentario, Marc obedeció. El sonido atronador de las campanas alertó a los campistas y todos corrieron a cambiarse y salir de su cabaña. Daphne entró, localizando a Liz mientras se cambiaba de ropa, y corrió a contárselo todo entre susurros.

- ¿Cómo que ha escapado? ¡Si estaba inconsciente!

- Muy inconsciente no debía estar. La enfermería está vacía- Sentenció ella, cambiando su ropa de salir por unos pantalones vaqueros y la camiseta naranja del campamento. Se puso unas deportivas y salió a recibir instrucciones de Quirón.

Se dividieron en grupos de cinco. Marc, Daphne, Liz, Dorian y Abbie (pues todo el campamento se había organizado, incluidas dríadas) comenzaron a recorrer la franja norte, más cercana a la frontera. El ambiente era serio y no conversaban demasiado, una mezcla del mal momento y la resaca. Daphne no dejaba de mirar a Liz, la pelirroja parecía verdaderamente cohibida por lo que estaba pasando. Sabía que algo raro la vinculaba al mestizo que había aparecido. Fue la primera en notarlo, antes siquiera de que chillara, y tal vez sabía algo que el resto no. No apartó la mirada de ella, preocupada, preguntándose si estaría bien, cuando notó que sus ojos se abrían de par en par. Soltó la espada que llevaban (por si acaso aparecían monstruos) y todo el grupo se volvió a mirarla. Dorian fue el primero en alcanzarla, rodeándola con los brazos por si perdía el equilibrio y caía. Era como si hubiera palidecido, como si toda la calidez se hubiese esfumado de su cuerpo.

- ¡Liz! ¿Qué pasa?

- No está aquí. No se ha escapado.

- ¿Cómo no va a haberse escapado?- Interrumpió Marc, llevado por los nervios.- ¡No está en ninguna parte! 
- No se ha escapado…- Repitió, mirando a los jóvenes con los ojos como platos. Su cara era de completo terror- Lo han secuestrado.

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Revisando Lhanda: Pautas de revisión.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy me he despertado con ganas de hablaros de Lhanda y de su vuelta a mi vida, aunque ahora para revisarla. Ya comenté que había vuelto a la revisión de Lhanda. En parte porque quería volver a mi dirigible, volver a sentir a Clarya en mi cabeza y porque había algunas escenas que cuando las releía me hacían sentir. Y en parte porque ahora que había cerrado la puerta de la publicación en wattpad, me tocaba abrir otra puerta, como era la de su revisión.
Entonces es cuando llega la entrada de hoy.



¿Qué significa revisar una novela?

Para mí, revisar se refiere a releer, despacio y prestando atención, y anotar todo lo que no cuadra. No faltas ortográficas. Ver que los personajes conectan, borrar escenas, muchas, a veces para plantearlas de otro modo y otras simplemente para deshacerte de ellas.
Intento no borrar nada. No sé dónde leí que no, que eso es malo y caca. En fin, es la primera vez que reviso, y seguro que lo hago mal. Habrá muchas cosas que requerirán una segunda relectura, o tercera, o quinta.

¿Cómo revisar una novela?

Ni puta idea.
Bueno, no, algunas cosas sé. Lo que dije arriba. Primero realizo pautas por color, según la importancia del cambio. Algunas cosas son más o menos importantes que otras. Cuando pongo el rojo lloro, porque suele significar algo que no cuadra en la trama, que se contradice con algo contado más atrás o más adelante, o simplemente que eran cosas que a mi yo de hace 5 años le parecían bien y ahora me doy cuenta de que mi yo de hace 5 años era un poco tonta. El amarillo es el normal, puede ser por ver un fallo menor o porque anoto algo que me parece que puede añadirse a la escena, para darle más profundidad y vida a los personajes. Y el verde son cosas que en realidad no estan mal, pero tampoco bien, son cambios ligeros en la historia que no me trastocan del todo la trama. Luego tengo el azul, que es para adverbios. No me gusta nada encontrarlos en la narración, me lo han pegado todos los comentarios por tumblr dando alternativas a un adverbio, que dicen que éstos son una forma fácil de escribir un relato pero a veces carecen de la emoción necesaria para lo que uno quiere expresar en la historia
Al final, tras la revisión y viendo la lista de cambios a hacer, comienzas el trabajo. Vas localizando los sitios donde había problemas y los solucionas teniendo en cuenta todas las notas y la historia dentro de su contexto. Sigues mirando y ves algún fallo que se te había pasado y lo cambias también. Sería como el libro en su versión 2.0 cuando antes era la 1.0.
Tras realizar el paso de revisión y reescritura, toca volver a empezar. Así hasta que consideres que la historia no puede mejorarse, o hasta que te canses.

¿Cómo va la revisión?

Necesito más whisky, si esa es la pregunta.
Va, venga, melodramas aparte. No, la revisión va bien. Se nota mucha diferencia entre lo que escribí al principio con lo que escribí al final, como es lógico, pero también veo que al final las piezas encajan mejor, hay menos fallos y la revisión pasa mucho más rápido.
Comparativa entre dos capítulos y su revisión.

Me lo tomo muy a broma, no hago comentarios en plan "Gema, eres un desastre escribiendo", o si los hago me los tomo con humor. Cuando una escena no cuadra le echo la bronca a Clarya, sí, así de claro. Lo narra ella a fin de cuentas, pues en los comentarios le hago ver que es tonta.
¡¡Ahora se te ocurre mencionar que no oyes bien? no sé, que los sonidos de antes no se entiendan vendría bien también. (Capítulo 8: Dhavaliam, este cambio lo considero rojo porque no cuadra con la escena)
 Cualquier día se va a revelar y voy a morir. Pero al menos me lo paso bien.
Llevo ya anotados cambios en la mitad de la novela, aunque me queda mucho por delante, porque el grueso de los capítulos es del 15 en adelante. Intentaré revisar al menos tres capítulos a la semana porque empiezo con exámenes, y a ver si para enero entonces, cuando acabe, puedo comenzar a reescribir. Y así la dejo decente para que, si gano el camp, la autopublicación en Amazon me regale 3 copias. Claro que para eso tengo que saber qué voy a escribir para el Camp NaNoWriMo.
En fin, cierro ya esta entrada informativa/con miniconsejos para revisar Lhanda. ¿Vosotros tenéis alguna pauta a la hora de revisar? ¿Hay algún consejo que queráis compartir? Soy toda oídos.
¡Un besín!




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Maldita Sinestesia {Drabble}

lunes, 1 de diciembre de 2014

¡Buenos días!
Al final me teñi ayer, y tengo un tono caoba oscuro, todavía se ve mi color original y no ha sido un cambio muy brusco, así que estoy feliz. Si queréis ver las fotos pasad por twitter, voy haciendo un reportaje a medida que se va cogiendo el color, eso de que la henna actúa durante varios días es verdad.
Eso sí, las manos zanahoria jajaja Nunca olvideis los guantes al teñiros, y menos con henna.
Hoy os traigo un drabble sobre la sinestesia. Me acuerdo que me salió sola estando en clase y el profesor de fisiología animal hablándonos de la sinestesia. Es un coso raro, pero bueno, espero que os guste.




Los rumores dicen que la gente capaz de ver colores en la música es prestigiosa, está bendita, y que sus ojos tienen una capacidad que nosotros creemos divina. Cuentan que el placer que encuentran en esa magia es capaz de suplir sus carencias, de soportar todo lo malo.
Pero no es así. Porque no sientes las caricias como deberías, porque no tienes escalofríos con un beso, sino que es una mezcla de sonidos inconexos los que abordan tus oídos. La sinestesia se ve como algo brillante, maravilloso, algo anhelable.
Déjame que te diga, que cuando intento saborear un buen plato, me encuentro con cosquilleos en la espalda, si no son pinchazos. Que si quiero ver, a veces siento el regusto ácido del petróleo en la garganta. Que, cuando quiero tocar, mis dedos pueden no sentir nada, y sin embargo veo unas vibraciones que no tienen nada que ver con la suavidad de la piel que toco. Déjame decirte que la música no siempre se compenetra con lo que vemos, que esas manchas estridentes no son lo que oigo.
La sinestesia no nos muestra las cosas bellas como lo son, porque la codificación está mal hecha, porque mis receptores no interpretan la belleza igual. Lo bello ya no es bello y lo horrible, a veces, es hermoso.
Eso no es sinestesia, eso no es divino.
Eso. Es una maldición.

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Difíciles Decisiones {Relato Corto/ Cuéntame tu historia}

viernes, 28 de noviembre de 2014

¡Hola!
Llevo desde el miércoles pensando qué subir hoy, y al final lo he escrito aprisa y corriendo para ponerme al día con la iniciativa cuéntame tu historia. Ya es la cuarta que se crea y seguro que para la semana que viene tengo otra, que esta semana suben nuevo personaje.
Hoy nos traían a una chica sin nombre a la que yo cambié varias veces de nombre jajaja Es una joven algo deprimida con pintas de vagabunda y... bueno, esta es su historia.
¡Espero que os guste!
Ah, el domingo me tiño con henna, si queréis fotos podréis verlas en twitter seguro, pero si queréis las subo al blog también.

Físico: estatura pequeña, ropa vieja, desgastada y rota (sudaderas grises, vaqueros negros, camisetas monocolor)
Personalidad: sumisa, callada, silenciosa, deprimida
Edad: 15 años
Shirley discutía con el jefe de policía. Seguramente se repetían que era la quinta vez que venía en lo que iba de semana, y era martes. La verdad es que había sido una semana muy mala para mi. Soy una chiquilla pequeña, de las que no miras dos veces, con harapos en vez de ropa. Si quiero, no hago ruido. Pero claro…
La puerta se abrió, entrando tanto el jefe como Shirley.
- ¡Esa chiquilla tiene que acabar de delinquir! ¡Puede ser una menor, pero está constantemente malgastando el tiempo de mis agentes!
Shirley no se inmutaba por los gritos, aunque eran tan estridentes que me retumbaban los tímpanos y tenía que hacer esfuerzos para entender sus palabras. Los gritos siempre me habían molestado, desde que era pequeña, y los ojos se me empañaron, sintiéndome culpable.
Sin embargo, Shirley me sonrió. Fue una sonrisa efímera, de apenas medio segundo, antes de que volviera a mirar a su interlocutor, con la cara roja de rabia.
- Pero si no ha hecho nada- Me señaló con la palma abierta- Obsérvela. Si quisiera robar, ya llevaría mejor ropa. Habéis comprobado que no tiene ninguna joya. Lo único que quiere es un lugar donde estar a solas, agente. Ya le he dicho que no quiere robar, sólo busca un sitio donde sentirse cómoda.
Aquello pareció compadecer un poco al agente. Al menos lo suficiente para que cerrara la boca y me observara con ojo crítico. Al final, siempre era lo mismo. Me echaban la bronca, me decían que no hiciera algo, y yo no lo hacía. Solo buscaba algo un poco distinto para hacer sin sentirme culpable. Llevaba así años, desde que el orfanato se me venía encima, desde que poco a poco todos mis amigos se fueron.
Desde que era la última.
Bueno, no la última última, pero sí la mayor. Nadie me recogería nunca.
Tras otros gritos a un nivel más bajo, añadía el jardín de los Lovejoy como otro de mis sitios vetados y salía junto a Shirley. Mi sudadera gris se removió al andar. Allí dentro, con todos los gritos, nadie se había percatado, sobre todo porque procuraba volverla más amplia mientras estaba sentada. Pero afuera, en la tranquilidad de la calle, se escuchó un maullido
Shirley rió.
- No puedo creerme que todo sea por los gatos, Kayle. ¿Qué piensas hacer con todos ellos?
Me encogí de hombros. Sólo quería salvarlos. Siempre había distinguido sus maullidos, y aquellos estaban perdidos, como yo. Llevaba observándolos días, motivo por el cual me habían pillado varias veces. Su madre no aparecía y los gatitos estaban solos y hambrientos. No podía permitir que se quedaran allí, por lo que me colé en la propiedad, recogí a los pequeños y ahora descansaban en el doble bolsillo de mi sudadera, comenzando a removerse y soltar chillidos agudos.
- Salvarlos, como siempre- Respondí. Shirley sacudió la cabeza y sus rizos rubios ondearon a su alrededor, como unos muelles. Me rodeó con su brazo libre mientras volvíamos hacia el orfanato.
- Si no gastásemos tanto en leche, tal vez podríamos ponerte guapa.- Siempre me lo decía. Como si la belleza me importase ya, como si el estar un poco más guapa o con la ropa más limpia me fuera a dar un hogar. Sacudí la cabeza. Hay cosas que acabas asumiendo con el tiempo. Bajé la vista al bolsillo, por el cual asomaba la cabeza de un gatito con un ojo de cada color. Apenas había abierto los ojos, era demasiado joven. Me maulló y comencé a notar que todo el bolso vibraba con el ronroneo de los gatitos. Sonreí. Ellos no sabían lo que era estar sola. 
Yo sí.
- Prefiero salvarles la vida- Respondí.

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Otra cosa que se me da bien {Relato Corto}

miércoles, 26 de noviembre de 2014

¡Buenos y fríos días!
Estoy agotada y eso que acabo de volver de un puente. La verdad es que ayer me pasó de nuevo lo de no poder conciliar el sueño bien, así que me puse Welcome To Night Vale para dormir. No sé si os suena, es un podcast inglés con temática sobrenatural y con un narrador con una voz muy suave. Os lo recomiendo tanto por divertido como por su habilidad para dejarme grogui.
Hoy os dejo con un nuevo capítulo de Daphne y su pasado. Sí. La cita. Os dejo por aquí el capítulo anterior para que no os perdáis nada. Y ya sabéis, esta entrada participa en la Iniciativa Dioses del Olimpo dando puntos a Hermes.
Por cierto, he vuelto a la revisión de Lhanda. Ya voy por el capítulo 15 de 30. Ya solo me queda reescribir.




Intentar confiar puede ser lo últimpo que haga un mestizo. Se presentan buenas oportunidades, muy buenas, perosiempre hay gato encerrado. Es como si la bondad no existiera, como si todo aquello que pudiera llegar a considerarse bueno, todo lo que acabe siendo positivo para un mestizo estuviera íntimamente vinculado con una amenaza de muerte.
Eso pensaba yo mientras me vestía para quedar con Ian.
Había elegido un vestido bonito pero informal, florido y con un tono rosa pálido. Por suerte el verano parecía no querer irse y podía seguir vistiendolo, porque era uno de mis favoritos. Y no solo porque me hiciera unas tetas de impresión, que también.
Mientras me maquillaba, la puerta se abrió, entrando Lauren. Me había costado, pero al fin sabia su nombre. Mi compañera se hizo una coleta nada más entrar, apartando su cabello rubio de la cara. Al verme, saludó con una sonrisa.
- Hay un chico fuera mirando el reloj cada 5 segundos. Creo que tu cita está impaciente.
- Ha llegado pronto- Comenté yo, mirando el reflejo del reloj a través del espejo. Al dejar el pincel del colorete observé el pasador de pelo con forma de sirena que tenía en el neceser. Era una aguja afilada, de bronce celestial. Un arma fina para emergencias. Nadie reparaba nunca en el método con el que me sostenía el pelo hasta que era demasiado tarde.
Fue un arrebato, me pongo a pensarlo y no sé cómo se me ocurrió, pero me hice un moño suelto con ella, procurando que la sirena quedara a la vista. No podía evitarlo, necesitaba saber si Ian era mortal, si no era una trampa. Necesitaba saber que podía confiar en él.
- Bueno, ya estoy.- Dije, saliendo del baño mientras me colocaba unos pendientes.- No me esperes despierta y no me hagas spoiler de las series que veas.
- Si quieres te spoileo cómo acabará la noche- Le lancé un cojín, tal vez demasiado fuerte o tal vez fue una exagerada, pero mientras cerraba la puerta lloriqueaba y me profería amenazas.- ¡Te voy a pinchar los condones! - Fue su último grito, tan elevado que se escuchó en el pasillo.
Ian alzó la vista, entre sonrojado y divertido. Yo aguanté la respiración, sonrojada, mientras veía cómo reaccionar ante eso. Sacudí la cabeza.
- No le hagas caso.
- Tranquila, yo también tengo.- Me sonrió. Inspiré hondo, conteniendo la vergüenza.
- Tengo ya el trabajo acabado justo aquí.- Dije, cambiando de tema. Hundí la cabeza en mi bolso para sacar los folios encuadernados, aprovechando el momento para serenarme. Es un poco triste, pero era mi primera cita. El campamento no es precisamente el mejor lugar para tener relaciones duraderas. Tu pareja puede no volver.
- Vaya, qué recogedor tan bonito.
Sonreí, tendiéndole los apuntes con una mano mientras me quitaba el pincho. Lo desplacé con gracilidad en mi mano y fingí un tropiezo para lanzarlo directamente a un costado del cuerpo de Ian, que se sobresaltó y procuró esquivarlo. Sin embargo la aguja lo atravesó sin problema, como si no fuera más que un espejismo. Ian creyó que en realidad había pasado por su lado, pero yo había visto lo que quería ver.
- ¡Perdona!- Dije, casi sollozando. En realidad me acababa de quitar un peso de encima. Corrí a coger la aguja y volver a colocarla.- Mejor te la enseño desde aquí, es una sirena.
- Es cierto, eres una friki de la mitología.
- Algún día me gustaría conocer tus frikismos, solo para meterme contigo.- Bromeé, dándole un suave codazo. Caminábamos casi sin distancia entre ambos, recorriendo los pasillos de la universidad como si el caos alrededor nuestro no existiera.- ¿Y dónde vamos a comer?
- A Tutti.
Arqueé una ceja, Tutti era un restaurante italiano. No muy caro, pero un italiano. Italiano. Creo que no lo entendéis. No tengo mucha idea de salir, pero, ¿italiano? Sonaba a cita, a cita muy formal. A demasiado formal.
A demasiado formal para una primera cita. A demasiado formal para una primera primera cita. Ahogué un chillido mezcla de emoción y de nerviosismo mientras avanzábamos hacia el restaurante.
- Bueno, me gustaría igualar un poco las cosas, Ian Camplight.- Dije, intentando no pensar en la cita que se avecinaba.- Sabes mucho de mí, cuéntame algo sobre ti.
- No sé, mi vida no es tan emocionante. No escalo paredes ni hago cosas así.
- Pero estás en la universidad de Pasadena de física cuántica. Algo bueno tendrás.
- Estudio mucho. ¿Y tú?
“Colé mi nombre en el archivo” Quise decirle, quise explicarle que no tenía expediente de notas y que había falsificado todo el expediente para estudiar en la mejor universidad. Quería explicarle que era brillante y se me daba bien, pero que un campamento y miles de monstruos me habían impedido sacar mis notas como una persona normal. Quise explicarle que era una mestiza. Pero claramente no podía.
- No sé, ¿tú qué crees? No tengo una beca de deportes, aunque pueda parecerlo. Saqué buenas notas en Michigan, y logré ser aceptada aquí.
- Vaya, es un gran cambio.
- No te haces a la idea.- Sonreí.- ¿Vives aquí?
- Qué va. Vivo en casa de mi tío. Mis padres son de Arizona. No está tan lejos pero es un buen viaje.
- ¿Y estáis solos tu tío y tu?
- Bueno, y mi tía y el pequeño que está en camino.
- Oh, qué monada.
- Seguramente sea el padrino.
- ¿Se te dan bien los niños?- En ese momento estaba intentando ignorar la parte de mi cabeza que me decía que podía ser un buen padre, mordiéndome el labio inferior y solo centrada en su perfil. Él me sonrió.
- Sí, bueno, siempre me ha gustado jugar con ellos y cuidarlos cuando son más pequeños. Lo malo es que tendré que buscarme la vida cuando crezca, porque dudo que puedan mantenerme teniendo al churumbel, y mis padres tampoco están para traerme dinero.
Fruncí el ceño. Yo no tenía problemas de dinero. Vamos, y aunque los tuviera, mi padre era el dios de los dedos largos, los prejuicios no venían conmigo. Intentando animar el tema, le di un codazo.
- Tranquilo, que a la cena invito yo.- Sonreí, adentrándome en el recinto. El cálido olor de la pizza y la pasta fresca nos envolvió, y fue como transportarse a italia en un instante. El camarero nos indicó una mesa interior, pegada a una pared. Dejé mi chaqueta en una esquina de la silla y me senté frente a él.- A fin de cuentas, te debo una, por mucho que me hayas acorralado para esto.
- ¿Te molesta?
Negué, me importaba muy poco estar en esa cita con él. Estaba nerviosa por la idea, pero al mismo tiempo impaciente. Y creo que me latía tanto el corazón que cualquiera podría haberse dado cuenta. Aproveché que nos traían la carta para esconder la mirada tras los menús, intentando serenarme. ¿Sabéis eso de haberte enfrentado a una Furia y no poder soportar la mirada de un chico? ¿no? Joder, pues qué suerte. Porque a mí me estaba pasando y era horrible. Ojalá pudiera, pero solo de pensar en lo que podía ocurrir si la cita me iba bien, y tenía mariposas en el estómago. Es tan cliché.
Tras pedir (tiempo que se me pasó escondida tras la carta y procurando no alzar la vista), no tuve más remedio que volver a enfrentarme a sus ojos y a sonreír como boba. Ian también me sonrió, y estuvimos en silencio hasta que trajeron la pasta para ambos.
- ¿Qué tal tus raviolis?- Pregunté, enrollando mis tallarines.
- Muy ricos, la salsa es muy fuerte y… buf. Ya verás.- Antes de poder darme cuenta me estaba tendiendo su tenedor con un par pinchados.- Abre la boca.
- No, ni de coña.- Noté que se me subían los colores, extendiendo la mano para coger el tenedor. Alzó la mano para evitarme y yo fruncí el ceño.- Iaaaan
- Déjame.
Bufé, pero cedí y abrí la boca. Esperaba sentirme rara, incómoda con él, pero fue natural y mágico. Y creedme, sé lo suficiente sobre magia como para distinguirlo. Saboreé la pasta como si fuera ambrosía, creyendo por un segundo que lo era y que Ian ardería por tomarla.
- Te lo cambio.- Dije, medio en broma medio en serio, intentando robarle su plato de pasta marrón. Ian rió, negando, aunque al final logré ir robándole poco a poco raviolis a cambio de mis tallarines con setas. Cuando hubimos terminado estábamos casi llenos, pero el camarero nos habló de tiramisú casero y yo puse ojitos.
- ¿Quieres compartirlo?- Asentí.- Un tiramisú y dos cucharas.- Pidió, el camarero nos sonrió.
- ¿Saben? Si quieren se lo llevo a la terraza superior. Es más íntima.
Mi primer arrebato fue de negar. Pero luego recordé el día en la cafetería con Ian, contándole mi aventura, y lo divertido que había sido. Me apetecía algo así. No tan separados por una mesa, sino algo más personal. Interrumpí a Ian diciendo que se equivocaba y me levanté.
- Claro, vamos.
Se quedó bloqueado. Más o menos como llevaba yo toda la noche, cohibido y sonrojado. Me gustó el cambio de tornas, tomándole de la muñeca para levantarlo.
-Cóbranos de aquí, Thomas.- Le dije al camarero, con total confianza, tendiéndole mi tarjeta de crédito- Y añádete la propina.- Él me sonrió, asintiendo y guiándonos hacia la terraza superior. No había nadie, por lo que pudimos escoger el sito, sentados en un banco al borde del tejado.
La ciudad estaba completamente iluminada, impidiendo verse las estrellas. Se me hacía raro, en el campamento había llegado a conocer cada constelación, a guiarme por las estrellas. Sin ellas estaba perdida.
- Me sorprende que hayas querido venir.- Confesó Ian, quien procuraba mantener un margen de distancia prudencial.
- Lo bueno de estar aquí es que no ocupamos una mesa, podemos tomar el postre y estar tranquilos. Y me recuerda a la cafetería, el día que nos conocimos.
- Cuando escalaste la pared.- Sonrió, tal vez nostálgico. Sus ojos brillaron y vi que se humedecía los labios.- Me alegra haberte abierto la ventana.
- A mí también.- Reí con suavidad, jugando con mi pelo.- Si no seguramente Felicity me habría matado.
- Eres tan dramática.- bufó, alzando la vista. Thomas venía con el tiramisú, mi tarjeta de crédito y unas copas a las que invitaba la casa. Le agradecimos el gesto y volvimos a centrarnos el uno en el otro.- Me encanta.
Me sonrojé, y por suerte ahí arriba no se veía tanto. Humedecí mis labios y fui a por el tiramisú, aunque Ian ya lo tenía entre sus manos, y las dos cucharas.
- Cierra los ojos y abre la boca.
- ¿otra vez?
- Por favor.
Puse los ojos en blanco, pero obedecí. Ahí arriba, en medio de una ciudad poblada y donde podía pasar cualquier cosa, cerré los ojos y quedé indefensa, a merced de Ian. La idea podía haberme aterrado y seguramente tendría que haberme puesto alerta, tal vez solo por respirarme podía haberle partido en dos, pero respiré calmada y esperé a que me tendiera el tiramisú como había hecho con los raviolis.
Pero no lo hizo.
Me besó.
El beso me pilló por sorpresa. Abrí los ojos alarmada, aunque luego sentir la suavidad de sus labios, el regusto dulce del tiramisú que él sí había tomado y la calidez de su lengua me hizo ralentizar el pulso de mi corazón hasta que fui consciente de que me estaba besando. Sin embargo no me aparte, subí las manos por su cuerpo y las enredé en la cabellera castaña, profundizando el beso. Sonreí, algo nerviosa y sonrojada cuando me aparté.
- Guau.
- ¿También beso bien?- Adiviné. Parecía que era su muletilla cuando algo le impresionaba. Él asintió. Me mordí el labio inferior, muerta de vergüenza.- Exagerado.
- No en serio, parecía que me ibas a robar el aliento o algo.
- No, los alientos no son rentables, no merece la pena robarlos.- Bromeé, dándole un suave beso antes de comer el tiramisú con calma. Me rodeó con su brazo y nos pegamos el uno al otro, disfrutando con más calma del resto de la velada.
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Final de "El Fantasma del Lhanda" en wattpad

lunes, 24 de noviembre de 2014

Creo que no hace falta decir que por el año pasado, en estas fechas, estaba escribiendo Lhanda como loca. Me quemaban los dedos de las palabras y hasta tuve un bloqueo final, casi llorando, en el que pensé que nunca acabaría la novela.
Pero acabó. Y una parte de mi quiso que no acabara para siempre, dejando quiensabecuanto tiempo el último capítulo sin colgar en Wattpad.
Hasta hoy. He decidido que es el momento de subirlo, y así cerrar por fin esa historia. Luego lo revisaré, lo editaré y acabará en amazon o en la editorial que lo quiera, si alguna lo quiere. Pero de momento he decidido subirlo a Wattpad.
El capítulo está en wattpad y la historia por fin finalizada. Menos para aquellos que me lean y sepa que me leen, que por favor se pongan en contacto conmigo si quieren leerse también el epílogo. Yo solo se lo voy a mandar a quien sé que lleva contigo toda la novela, Julia, que desde aquí le agradezco mucho todo el tiempo el esmero y el amor que siente por Lhanda, casi más que yo.
Espero tenerla revisada pronto, pero soy una vaga.
Por último dejaros una de las imágenes que me recuerdan muchísimo a Lhanda, Clarya y Daimen despidiéndose en la estación de tren, para no verse en mucho tiempo...
Jo, en serio, es verla y querer retomar esta novela. Necesito un empujón o algo.
¡Un besín, nos leemos el miércoles!

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Ni todos los hombres son buenos... {Relato Corto}

viernes, 21 de noviembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy os traigo la tercera entrega de cuéntame tu historia. Sí, el especial Halloween, a 21 de noviembre.
Lo normal.
Lo siento en primer lugar a mi Desdentao y a Devi por ser una tardona. Me coincidió con el NaNo y tenía que escoger.
Pero bueno, más vale tarde que nunca y aquí tenemos a varios personajes. Sí varios. Me daban una selección de 4 personajes y he escogido 3. Porque lo hago con 3 semanas de retraso así que cojo 3 personajes.
Vale, ya dejo de enrollarme. Ahora os dejo con el relato.
¡Nos leemos el lunes!

Nombre: Ayleen
Característica: bruja
Físico: pelo largo y moreno, ojos ámbar, complexión delgada, huesos marcados.
Situación: debido a ciertos acontecimientos relacionados con ella y que han ocurrido a su alrededor, la acusaciones de brujería han ido tomando peso.


Nombre: Kalen
Físico: alto, delgaducho, moreno Personalidad: solitario, emocional
Situación: en la noche de Halloween, pasea por el cementerio. Y ve algo que no debería haber visto.


Nombre: Suria
Característica: sirena
Físico:
           -Humana: a vuestra elección
       -Sirena: cabello entre verde y azul (podéis asemejarlo a las algas o algo parecido), ojos sin pupila, verdes. El resto de características las podéis elegir vosotros.
Situación: no te dejes engañar por su belleza. Estas criaturas no son lo que parece y en la noche de brujas, donde todo vale, su poder es más fuerte. Ten cuidado.


El viento soplaba con fuerza entre las ramas de los árboles, como si fuera un cántico frío que acompañaba a la noche de muertos. La luna era la única iluminando el cementerio, creando sombras onduladas que habrían puesto los pelos de punta a cualquiera.
Pero no a Kalen. Acompañado por una antorcha que hacía vibrar sus ojos azules, caminaba como si no tuviera nada que perder, revisando los nombres de las lápidas y tomándose su tiempo para lamentar la muerte de todos ellos. Sus pisadas eran suaves, lentas, como si no quisiera perturbar a los muertos. Y caminó despacio hasta la tumba que estaba buscando, arrodillándose frente a ella, incapaz de contener las lágrimas.
Allí yacía su madre, desde hacía tantos años que algunos se preguntarían cómo podía seguir echándola de menos. Pero lo hacía. Cada mañana se despertaba sintiendo un vacío en su pecho y recordando los chillidos del día en el que murió, intentando detener a su marido en vano. Ahora ese hombre se pudría en la prisión, pero eso no consolaba a Kalen. Porque ella ya no estaba.
- Hola Mamá- Susurró, como un hilo de voz por encima de su sollozo. Se sorbió la nariz antes de seguir hablando- Sigo echándote de menos, ojalá estuvieras aquí... La verdad es que intento ser como me dijiste, fuerte, valiente... Pero no valgo para nada- Depositó un pequeño ramo con lilas a sus pies, era su flor favorita- A veces me gustaría ser tu niño para siempre, y estar a tu lado... Si tuviera la fuerza...
Siempre lo pensaba, pero era tan cobarde que no podía cortarse, no veía el momento de morir para estar con ella pero no tenía fuerzas para hacerlo. Fue a explicarle cómo le había ido el año, las pocas cosas buenas y las muchas malas que le habían ocurrido. Sin embargo algo le detuvo.
Por encima de la música del viento, se escuchaba un canto. Era suave, sutil, casi ni era capaz de entender las palabras, pero reconocía la cadencia. La voz se hizo más fuerte mientras se ponía en pie, mirando alrededor en busca del emisor. Ella estaba al final del cementerio, cerca de un lago. Era una chica rubia de ojos azules, la hija del panadero. Le sonrió y se acercó al lago, sin dejar de cantar. Kalen no dejaba de preguntarse cómo era capaz de emitir esos sonidos, parecía un ángel.
Se puso en pie, incitado a seguirla, solo turbándose al ver cómo su vestido azul caía a plomo sobre la superficie del agua. Su corazón se aceleró y sus piernas tenían tanta ansia por avanzar que se quedaron quietas. La música seguía sonando en su cabeza, y poco a poco se volvió a poner en marcha.
Pero su celebro lo alertó. "Está bajo el agua y sigues escuchando su voz" Él intentó ignorarlo, aunque su cuerpo disminuyó la velocidad. "No es lo que crees". Sacudió la cabeza, observando su silueta en el agua. La chica emergió, su cabello verde por las algas, brillando por la luz de la luna. Tenía la piel verdosa, seguramente reflejando la superficie del agua.
No fue hasta que abrió sus ojos, verdes, sin pupila, que se le detuvo el corazón, aunque no dejó de caminar. "Es una sirena. HUYE"
Pero por mucho que su cabeza intentara ser sensata, su cuerpo no le hacía caso, movido por el deseo que el cántico de la sirena le inculcaba. Se arrodilló frente al lago, sintiendo el agua helada en las rodillas y sintiendo cómo ella alzaba su mano, con membranas entre los dedos y escamosa, para tomarle el rostro.
Y, de golpe, algo le empujó a un lado. La música se deshizo, el hechizo se rompió.
Kalen pensó en correr, se puso en pie torpemente cuando vio una llama azul ir directo a su cara. Se agachó a duras penas, aunque el cabello moreno se le chamuscó en las puntas. Giró la cabeza para ver qué estaba pasando.
La criatura del agua bufaba, mostrando sus dientes afilados. La magia se había desvanecido y no veía a la diosa que antes había creído observar, sino al monstruo que estuvo a punto de atravesarle el alma. Al principio creyó que le bufaba a él, pero luego vio a otra joven, raquítica, tan delgada que casi parecía un esqueleto, con el cabello moreno ondeando al viento y sus ojos ámbar llameando como si estuvieran hechos de fuego. Sus labios se movían con rapidez y de golpe alzó una mano al cielo. Un rayo cayó directamente sobre el lago y la sirena lanzó un último chillido lastimero antes de caer inerte sobre la orilla.
La joven trastabilló. Sin dudarlo un segundo, Kalen corrió a sostenerla en pie.
- Gracias...- Murmuró ella, apoyándose en su hombro para recomponerse- Aunque me las deberías dar tu a mí. Si no llego a estar aquí... ¿Cómo eres tan idiota de venir al cementerio cuando hay tantos rumores sobre monstruos y brujería?
- Pero es el día de muertos...- Murmuró, mirando un segundo a la colina donde estaba la tumba de su madre. La antorcha se había apagado y casi no la distinguía, pero sabía dónde estaba.
- También es el día de brujas. Y tú casi te conviertes en un muerto- Se sacudió el polvo de la ropa, sin dejar de mirarle.
- Pero tú eres una bruja...- De golpe supo quién era, Ayleen. La chica a la que siempre acusaban de brujería, aunque al parecer con motivo. Se habría apartado de no estar tan sorprendido.
- Sí, ¿y?
- Me has salvado...
- Y todavía no he oído un "gracias".
- Pero...- Kalen estaba intentando arrancarse de golpe todos los prejuicios que le habían inculcado sobre la brujería. Una parte de él le decía que debía sentir miedo. Su cerebro intentaba decirle que se calmara y diera las gracias.
- Mira, ni todos los hombres son buenos ni todos los monstruos son malos.- Lo cortó Ayleen, separándose bruscamente de él.- Pero si quieres seguir con esa mentalidad, puedes ir a hablar con el alcalde y acusarme de brujería. Total, no serías el primero.
Bajó la vista a sus pies, descalzos y cubiertos de barro. Kalen siguió su mirada.
- No.
- ¿No?- Ayleen volvió a mirarle, sus ojos brillando esperanzados.
- No voy a acusar a quien me ha salvado la vida- Sonrió- Por cierto, gracias...
Ayleen sonrió de vuelta.
- No es nada.- Caminó hacia una esquina, donde había un pequeño petate- Me alegra haberte salvado, ahora, si me disculpas, voy al bosque antes de que me quemen en una hoguera.
- ¿Puedo ir?- Preguntó él. Le salió solo, tan espontáneo que no se dio cuenta de lo que acababa de preguntar. Ayleen se giró tan bruscamente que creyó que había invocado a un vendaval, haciendo que se encogiese, intimidado.- De todos modos, no encajo aquí.
Ella lo escrutó con la mirada.
- ¿Eres el hijo del leñador preso, no?- Kalen apretó los dientes, asintiendo. Todo el mundo conocía su historia en el pueblo. Ayleen escupió al suelo- Que se pudra en su celda. Claro, puedes venir conmigo. Además, siempre podré hacerte engordar y asarte, y nadie te echará de menos.
- ¡Oye!- Murmuró él, ofendido. Ayleen rió.
- Era una broma... Las brujas tenemos un humor extraño, vete acostumbrando.
Kalen asintió, siguiéndola hacia la espesura del bosque, donde los cánticos de los árboles se atenuaban y ya nada daba tanto miedo.
A fin de cuentas, no todos los monstruos son malos.

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