Los misterios de Surina

domingo, 14 de agosto de 2011

Ahora que he subido un nuevo capítulo a Fanfic.es, quería preguntaros... ¿Alguno le ha prestado la suficiente atención a Surina? Vale, algunos supieron su color de ojos antes que yo, pero, ¿alguno es tan bueno de saber cosas que Surina todavía no sabe? Es una mujer misteriosa, de eso no hay duda... ¿no? ¿A qué me estaré refiriendo? Me gustaría saber vuestra opinión sobre a qué me refiero.
Por cierto, esta es Surina... en algún momento cercano de su vida. Por si no lo sabíais, la encuesta dijo que, al final, Surina tenía los ojos verdes... Unos ojos que guardan muchos secretos...

¿Os ha picado la curiosidad? ;)

Gran consejo

miércoles, 3 de agosto de 2011


Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene pro­ble­mas de espa­cio en el cló­set por­que ha com­prado dema­sia­dos. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tar­jeta de sus­crip­ción a una biblioteca. Encuen­tra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lec­tora por­que en su maleta siem­pre lle­vará un libro que aún no ha comen­zado a leer. Es la que siem­pre mira amo­ro­sa­mente los estan­tes de las libre­rías, la que grita en silen­cio cuando encuen­tra el libro que que­ría. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las pági­nas de un libro viejo en una libre­ría de segunda mano? Es la lec­tora. Nunca puede resis­tirse a oler las pági­nas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sen­tada en el café del final de la calle, leyendo mien­tras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema des­lac­to­sada ha adqui­rido una tex­tura un tanto natosa y flota encima del café por­que ella está absorta en la lec­tura, per­dida en el mundo que el autor ha creado. Sién­tate a su lado. Es posi­ble que te eche una mirada llena de indig­na­ción por­que la mayo­ría de las lec­to­ras odian ser inte­rrum­pi­das. Pre­gún­tale si le ha gus­tado el libro que tiene entre las manos.
Inví­tala a otra taza de café y dile qué opi­nas de Mura­kami. Ave­ri­gua si fue capaz de ter­mi­nar el pri­mer capí­tulo de Fellows­hip y sé cons­ciente de que si te dice que enten­dió el Uli­ses de Joyce lo hace solo para pare­cer inte­li­gente. Pre­gún­tale si le encanta Ali­cia o si qui­siera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regá­lale libros en su cum­plea­ños, de Navi­dad y en cada aniver­sa­rio. Dale un regalo de pala­bras, bien sea en poe­sía o en una can­ción. Dale a Neruda, a Pound, a Sex­ton, a Cum­mings y hazle saber que entien­des que las pala­bras son amor. Com­prende que ella es cons­ciente de la dife­ren­cia entre reali­dad y fic­ción pero que de todas mane­ras va a bus­car que su vida se ase­meje a su libro favo­rito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Mién­tele, si entiende de sin­ta­xis tam­bién com­pren­derá tu nece­si­dad de men­tirle. Detrás de las pala­bras hay otras cosas: moti­va­ción, valor, matiz, diá­logo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lec­tora sabe que el fra­caso lleva al clí­max y que todo tiene un final, pero tam­bién entiende que siem­pre existe la posi­bi­li­dad de escri­birle una segunda parte a la his­to­ria y que se puede vol­ver a empe­zar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. Tam­bién es cons­ciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chi­cas que leen saben que las per­so­nas madu­ran, lo mismo que los per­so­na­jes de un cuento o una novela, excep­ción hecha de los pro­ta­go­nis­tas de la saga Cre­púsculo.
Si te lle­gas a encon­trar una chica que lee man­tenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llo­rando y abra­zando el libro con­tra su pecho, pre­pá­rale una taza de té y con­sién­tela. Es pro­ba­ble que la pier­das durante un par de horas pero siem­pre va a regre­sar a ti. Hablará de los pro­ta­go­nis­tas del libro como si fue­ran reales y es que, por un tiempo, siem­pre lo son.
Le pro­pon­drás matri­mo­nio durante un viaje en globo o en medio de un con­cierto de rock, o qui­zás for­mu­la­rás la pre­gunta por abso­luta casua­li­dad la pró­xima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Son­rei­rás con tal fuerza que te pre­gun­ta­rás por qué tu cora­zón no ha esta­llado toda­vía haciendo que la san­gre ruede por tu pecho. Escri­bi­rás la his­to­ria de uste­des, ten­drán hijos con nom­bres extra­ños y gus­tos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the HatAslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Cami­na­rán jun­tos los invier­nos de la vejez y ella reci­tará los poe­mas de Keats en un susu­rro mien­tras tú sacu­des la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee por­que te lo mere­ces. Te mere­ces una mujer capaz de darte la vida más colo­rida que pue­das ima­gi­nar. Si solo tie­nes para darle mono­to­nía, horas tri­lla­das y pro­pues­tas a medio coci­nar, te ven­drá mejor estar solo. Pero si quie­res el mundo y los mun­dos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O mejor aún, a una que escriba.

Rosemary Urquico

Lo he encontrado buscando una página en la que ver opiniones y gustos de la gente por los libros (abretelibro.com), y me ha parecido necesario compartirlo, porque es una gran verdad. así que nada, aquí os la dejo, que es muy mona, y me voy a dormir. Un saludo =)