La caja de zapatos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Hace tiempo Noëlle hablaba de una caja con recuerdos especiales y yo le comenté que no tenía algo así, que no tenía recuerdos guardados en una caja.
Mentía, aunque en ese momento no me diera cuenta.
Claro que tenía una caja de recuerdos. Una caja de la que os había hablado ya, una caja cuyo contenido os había descrito pero no os había mostrado su interior.


Hoy he vuelto a abrir esa caja, porque se acerca la navidad, y la sensación agridulce ha vuelto a salir, pero quiero hablaros de ella y de sus detalles bonitos, de todo lo que contiene en cada una de las figuritas. Así que os presento a la Gema sentimentaloide, os voy a contar una historia muy bonita sobre una caja de zapatos.
O lo que contiene en su interior.

Para entender esta caja nos tenemos que remontar 21 años atrás, cuando estaba a punto de cumplir mi primer cumpleaños y mis padres paseaban por las calles envueltas en decorados navideños de Santander en los años 90. Tal vez estaban comprando mis regalos o los de parte de mi familia, o puede que estuvieran comprando adornos de navidad. El caso es que en una de las tiendas más famosas de adornos para el belén encontraron estas figuras en miniatura, y mi madre se encaprichó de ellas.

Mi padre siempre ha sido un manitas. Tenemos en casa mil herramientas de diferentes tamaños y funciones y siempre hay tablones de madera en el trastero, aparte de serrín. No le costó demasiado idear una estructura con partes de corcho que no usaban para el Nacimiento y formar la colina, el belén, e incluso usar una de las casas de nuestro gran nacimiento para construir aquel en miniatura.


También realizó todo el cableado de las luces, en realidas ese mismo tipo de luces y de cables siguió en nuestro árbol de navidad muchos años (cubiertas por unas carcasas de plástico que pinchaban al ponerse y te dejaban los pulgares doloridos) y no tengo muy claro que no quede parte de ese cableado en el belén de casa, que también os he enseñado alguna vez. Lo fue colocando todo, las luces medio escondidas y las figuras pegadas para que no pudiera cogerlas y comérmelas. No veáis lo que me frustraba eso de pequeña. No quería comermelas, pero quería jugar con ellas como loca.
Por desgracia el elenco no pasa el Bedchel Test, y esta mujer es el único personaje femeino aparte de la virgen María. También era el personaje que más ganas tenía de coger y sacar de su tabla de madera y jugar con ella. Como podéis ver se puede ver la luz de su casa, rosa en sus mejores momentos, ahora mismo el filamento apenas da luz y eso que he intentado apretar la bombilla para ver si revivía mágicamente.

Lo único relativamente móvil de todo el nacimiento es el pequeño ángel que cuelga de la parte superior del nacimiento. De pequeña solía jugar a dejarlo boca abajo para que al menor movimiento se desequilibrara y cayera con rapidez. A veces también intentaba que girara rápido. Me podía pasar horas mirando este nacimiento, cuando era pequeña deseando jugar con él y de mayor conociendo la historia de cada pieza. Incluso ahora me quedo horas mirando cada detalle, como el líquen que está en la corteza que ahora hace el nacimiento o la montaña y de pequeña no apreciaba como hago ahora mismo. Deformación profesional, dicen.
Os he hablado de muchos detalles, pero no del que más me ilusiona comentar. De ese pino de plástico que dudo mucho que se viera en Nazaret de forma autóctona en el año 0. Sin embargo cada vez que lo veo me siento más pequeñita y se me forma una sonrisa en el rostro, por muy agridulce que sea ahora. ¿Veis ese detalle que desencaja en toda la estampa? Pues esa pieza de decoración estuvo en mi primera tarta de cumpleaños y la verdad es que el detalle de haber conseguido encajarla también en un belén que espero que me acompañe por mucho tiempo me hace muy feliz.

Ahora me cuesta mirar este nacimiento sin sentir una sensación agridulce subir por mi estómago, tal vez porque la carga sentimental es muy grande, pero sin embargo sigo deseando que llegue diciembre para dejarlo a la vista, cambiarle las pilas, ponerle luces nuevas si hace falta y logro aprender a cambiar las de sitios peliagudos. Me da igual soltar la lagrimilla el primer día que sale de su caja y sentir que ojalá no estuviera. Está, quiera o no, y tiene muchos recuerdos bonitos como para que se quede escondida.

Al final, la sonrisa siempre me sale por encima de las lágrimas.

3 comentarios:

  1. ¡Qué bonito! Me ha encantado que, a raíz de abrir mi caja, tu abrieras la tuya :') Es una historia y unos recuerdos muy muy bonitos. Debes sacar toda la magia de esa caja y guardar la parte amarga. Quédate con lo bueno y con que esta reliquia te acompañará toda la vida sin pedir nada a cambio (aparte de pilas). ¡Un besito guapa!

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  2. Y es que... ¡Qué mes tan bonito el de Diciembre!
    Da igual si muchos lo critican por ser el mes para limpiar conciencia y en el que mucho se resuelve en aparentar...
    Quien de verdad lo vive, como tu, quien de verdad tiene espíritu navideño, hace que cuando la gente lea estas historias, agradezca el haber comenzado a leer.
    Un besito!

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  3. ¡Cuánta ternura! A mí me produce mucha nostalgia armar el arbolito, y las historias de mi infancia hacen que la navidad sea un momento muy emotivo para mí, lleno de recuerdos agridulces sobre personas que ya no están. Me encanta tu pesebre, con pinito de plástico y todo. Ojalá dure muchos años más.
    ¡Saludos y que hayas tenido unas buenas fiestas!

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