Camello ~Drabble~

miércoles, 27 de noviembre de 2013



Bueeeno y tras el NaNo, nuevo relato corto. Cuanto más lo leo menos me llama, pero era una petición en ask y no veo el modo de cambiarlo para que me agrade más. Podéis dejar vuestras peticiones en el lateral del blog, y preguntas y lo que os apetezca ;)
Espero que a vosotros os llame más que a mi jajaja


Camello


La joven observó con desánimo al resto de las mujeres en la calle, mucho más voluptuosas y con un ánimo y un ego que pisoteaban al suyo con apenas girar la cabeza y mostrar su sonrisa perfecta. Ellas recibían piropos, silbidos y ofertas de matrimonio a cada paso que daban, sin importar su aspecto más allá de su figura. Un par de atributos bonitos sobresaliendo del chador bastaban para ofrecer un par de camellos, a veces hasta algún vehículo.
Pero, cuando ella atravesaba la plaza, no se escuchaba nada.
No es que fuera fea. Bueno, al menos ella no se consideraba así. Era una joven con un aspecto corriente. Eso era, corriente. Lo más llamativo en ella eran sus ojos verdes y, tal vez, su cabello pajizo, que solía quedar cubierto tras un hijab, y por tanto nunca era visto.
Ojalá pudiera romper con aquel estricto código por una noche, como hacían las mujeres al marcar la carne en sus vestimentas. Pero ellas tenían una especie de zona gris, y si ella dejaba un solo cabello a la vista, estaría saltándose las reglas. Tal vez, por una vez, podría llevar una tela algo más translúcida, pero la sola idea de ser reprendida bastaba para que olvidara la idea.
Además, ¿acaso serviría de algo ese cambio?
- No, nunca servirá.- Murmuró, frustrada, sentándose en el borde de la fuente de un parque público. Observó su reflejo en el agua cristalina y, no satisfecha con lo que observó, dio un golpe al agua para romper su superficie plana y no ver el reflejo de su rostro.- No ofrecerán por mí ni un mísero cabello.
Se apartó el hijab unos segundos de su cabello, utilizando uno de sus extremos para secar las gotas que habían alcanzado su rostro, sintiéndose estúpida por su reacción.
- No poseen suficiente como para ofertar.- La joven se sobresaltó, apartándose con cierto temor mientras intentaba coordinar sus manos para volver a ponerse el hijab y cubrir su cabello. Lo que acababa de hacer podía castigarse severamente. Había dejado que un hombre viera su cabello.
Todavía con un ligero sonrojo, producto de la vergüenza, cubriendo sus mejillas, y con sus manos sosteniendo torpemente el hijab para que el error no fuera a repetirse, la joven se atrevió a hablar.
- No es verdad- Murmuró, intentando sonar serena.- No soy más que una chica corriente, y no hay motivo para temerme ni para estar fuera de su alcance.
El rió con dulzura, aunque supo resistir la tentación de acercarse para no alarmar más a la chica ni para causar una mala sensación a aquellos que pudieran observarles.
- ¿Cómo que una joven normal? Todo el mundo te reconoce. Eres la joven de cabellos dorados como las dunas que nos rodean, la de los ojos verdes como las palmeras que nos dan sombra.- Se apoyó en la fuente.- La hija del profesor, con una mente brillante… ¿cómo esperas que se atrevan a nombrarte?
Ella titubeó, era un punto de vista muy distinto al que estaba acostumbrada a tener. Nunca se había visto como algo que no fuera una joven plana que atravesaba la plaza central con nerviosismo, alzando de tanto en cuando la mirada buscando reconocimiento en la gente.
- Todos los hombres buscan una excusa para pedir tu mano, pero el precio es muy alto…
Ella rió con algo de desdén, incapaz de creerse sus palabras.
- ¿Cómo van a buscarme? ¿Qué puedo ofrecerles si no tengo los atributos de las jóvenes a las que sí buscan?
- No los necesitas- Sonrió él, deteniendo el impulso de acercarse justo cuando la vio retroceder.- A mi me pareces perfecta tal cual.
Ella apartó la mirada, con un sonrojo creciente en sus mejillas. Era la primera vez que alguien se mostraba cariñoso con ella, o al menos mostrando algo de afecto.
- Gracias…
- No tienes por qué darlas- Sonrió él, más que complacido con la ligera curva de los labios de la joven.
- Sí, sí tengo por qué- Replicó ella, acercándose a él unos pasos, presa de la emoción.- Has conseguido que me dé cuenta de que no es necesario competir con el resto de mujeres, que tengo belleza propia.- Desvió la mirada, sonrojada y titubeante, dándose cuenta de lo absurdo que era  lo que acababa de decir. Sorprendente pensar que él la hubiese definido como una mujer brillante.- Ojalá hubiera alguna forma de devolverte el favor…
Él sonrió, negando sutilmente con la cabeza.
- Lo único que podrías darme es una sonrisa todos los días, y solo tengo un cabello para obtener eso.
- Vendida.

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