WWC Día 2. Peleas de bolas nieve.

domingo, 21 de julio de 2013

Bueno, quiero hacer constancia de que cuando empecé a escribir esto, todavía era ayer, y que por ende sigo con el reto diario, más o menos. Esta vez lo he hecho de El Fantasma del Lhanda, porque sí, porque puedo que para algo es mi historia. Espero que os guste :D Cualquier cosita, comentario ^^


WWC. Día 2. Peleas de bolas de nieve.

Pocos años había nevado tanto en Edrev. O bueno, así decían las noticias. Yo nunca había vivido ahí antes durante el invierno. Aún andaba adaptándome al clima. Durante días apenas pudimos salir de casa, la chimenea siempre estaba encendida y tenía que plantarme varias veces frente a ella, colocar un tocón el el fuego, y formular unas cuantas palabras mágicas para devolverle la fuerza al fuego. Me cubría en varias capas de ropa, y bueno, me acurrucaba al lado de la perra a ver si conseguía coger calor. En esos días ninguna de las dos salía a mirar el horizonte.
Por suerte la ola de frío era tal, que no demasiados se atrevían a salir de sus casas. Cuando me aparecí (hacía demasiado frío para caminar.) frente a la puerta de la carnicería, el somnoliento hombre me dijo que llevaba dos días sin cortar la carne, que hacía demasiado frío para ello. Tardé un buen rato en convencerle y al final tuve que pringarme las manos y ayudarle a trocear la carne antes de que se pudriera. Por lo menos me llevé un gran saco a casa, y huesos para la perra. No perdí mis días de trabajo, nadie pareció molestarse, y continuamos el ritmo de nuestra vida, solo que de interior. Acurrucados frente a un crepitante fuego, aspirando el aroma de las castañas asándose, o de la carne en el horno, o del chocolate caliente...
Claro que, aquella mañana, la cosa cambió. Amaneció con sol. Todo estaba cubierto de nieve y el clima era frío, pero hacía sol y el viento no era tan frío como otras veces. Al menos se podía pasear, dentro de lo que cabe.
Como la perra llevaba varios días acurrucada en casa, me suplicó salir. Con una sonrisa, cedí, y pude ver como corría para tirarse sobre un montículo de nieve. Su cabello negro se cubrió de blanco mientras yo reía, aunque por desgracia luego se sacudió y me cubrió del todo. Me miró con sus ojos claros, juguetona.
- Pero si no tienes palo, ¿qué quieres ir a buscar?- Pregunté. Aunque no me entendiera (cosa que es mentira, me entendía todo lo que ella quería y más, pero se hacía la sueca) fue corriendo alrededor en busca de algún palo, una piña o similares. Me reí mientras la observaba.
- No te rías de nuestra perra.- Me giré, Daimen estaba envuelto en más pieles que yo, casi incapaz de moverse. Tuve que aguantarme para no reír, y pareció darse cuenta. El sonrojo apareció en sus ya rojas mejillas. Casi me dolían los labios de mantener aquella sonrisa.
- Pero la pobre no tiene qué perseguir, y quiere jugar. ¿Tú que harías?
- Hum...- Se detuvo a una distancia prudencial de mí, investigando alrededor. Yo fui acercándome a uno de los árboles de nuestro jardín en busca de una rama que lanzar.
Todo pasó demasiado rápido.
Un proyectil impactó contra mi espalda, haciéndome tropezar y cayendo al suelo. El frío empezó a apoderarse de mí, pero, antes de poder hacer nada, una nueva bola de nieve se me vino encima.
Alcé la vista, protegiéndome con una mano. Daimen estaba preparando una tercera bola.
- ¿Eso has querido?
La perra empezó a ladrar entre ambos. Le gustaba la idea de perseguir las bolas de nieve, o eso pareció darme a entender. Corrí a hacer una pequeña barrera con nieve y preparé una bola.
Por desgracia, Daimen había hecho lo mismo, y estaba cubierto tras un arbusto. Esperé un descuido suyo para lanzar la bola, que le impactó de refilón. Resoplé con disgusto, y el vaho se escapó de mis labios.
Volví a coger otra esfera fría, pero, en vez de lanzarlas, cree mi pequeño arsenal.
Luego, poco a poco, fui lanzando esferas, viendo como Daimen intentaba protegerse y contrarrestar. Ambos estábamos calados, seamos sinceros, para cuando la horda de bolas de nieve flotantes alcanzó de frente a Daimen. Con un gruñido, abandonó su escondite, y lancé un par más de mi arsenal. Una de ellas fue interceptada por la perra, quien saltó grácilmente para cogerla y acabó destrozando la esfera. Un ladrido de satisfacción resonó unos segundos en el ambiente.
- ¡Tramposa!
- ¡No haberle declarado la guerra a una bruja!
- ¡Creí que eras una bruja inútil!- Sin miramientos, alcé una montaña de nieve sobre él, que lo aprisionó hasta la altura del cuello. Cuando me acerqué, tenía los ojos cerrados de miedo.
- Eso ha dolido.
- No por eso deja de ser cierto.- Otra bola acabó en su cabeza, sus cabellos castaños empezaron a apelmazarse sobre su rostro, completamente calados, e hice una pausa para apartarle un par de mechones.- ¿Cómo lo has hecho? No tienes el grimorio.
- Estar tantos días en casa me ha hecho practicar hechizos, por si no te has dado cuenta.- Musité, con una sonrisa en mis labios.- Debería hacerme un libro de hechizos de bolsillo para ganarte en las peleas de bolas de nieve.
- Tramposa.
- Habló, el que me atacó por la espalda.
La perra quiso interponerse en nuestra discusión, abalanzándose sobre un Daimen atrapado por la nieve y empezando a lamerle el rostro. Me reí, mientras la bajaba y ayudaba a Daimen a salir del montículo de nieve.
- ¿Te duchas conmigo?- Preguntó, sonreí de medio lado.
- Claro, necesitas que alguien te caliente el agua, no me digas más.
- Un poco.
- Pero yo solo soy una bruja inútil...- Me quejé, poniendo mi mejor tono sarcástico mientras entraba a la casa.
- Y cocino yo.- Me rodeó la cintura con cariño, y la sonrisa se ensanchó en mis labios. Me giré, todavía sin decir nada, hacia él.- Y preparo la cena, venga.
- ¿Y? Seguramente acabemos cenando castañas asadas al fuego mientras dormitamos los tres en el salón, quiero algo más, eso podría hacerlo hasta yo. Es más, el fuego lo controlo yo.- Me quejé. Daimen bufó.
- Bueno, ¿y si acabo de convencerte en la bañera?
Me hizo girar, colocándonos uno frente al otro, y me atrajo hacia él. Me dejé seducir unos segundos por sus labios húmedos y fríos, por su mano recorriendo mi espalda y por las hermosas expectativas de la ducha. Me separé, no sin antes darle un mordisco cariñoso a su labio inferior.
- Bueno, yo también necesito entrar en calor...

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