El Puente del Ángel

viernes, 3 de octubre de 2014

¡Buenos días!
Creo que todos os habréis dado cuenta que el relato del miércoles no estaba acabado y que habría una segunda parte...
¡Pues bien! No pensaba haceros esperar mucho, aquí está la secuela. Esta historia es más larga que su predecesora, no sé si fue que me apetecía más escribir desde el punto de vista de Lenne o que la historia no avanzaría igual de otro modo, pero bueno, aquí está. Espero que lo disfrutéis.
Yo prometo que algún día escribiré la historia de Lethan, y la de Lenne. Debo decirlo cada vez que publico sobre ellos, pero es que me siento tan culpable a veces...
¡En fin, espero que disfrutéis de este relato y tengáis un genial fin de semana!
Lethan siguió mis órdenes sin rechistar, lo cual, si soy sincera, sentaba muy bien. Caminamos despacio de nuevo hacia el centro del puente en medio del mar, dejando que el rumor de las olas golpeando la pared del acantilado fuera lo único que rompiera el silencio. Con Lethan nunca había tenido que llenar el silencio con palabras que solo romperían un momento como aquel, me bastaba con esto. Fuera lo que fuera, porque la verdad, visto desde fuera, sentarnos en medio de un puente a ser devorados por el mar suena un poco raro.
- Siéntate.
- ¿qué?- Me preguntó, incapaz de creerse lo que acababa de decir. Sonreí.
- Ah, y quítate la camiseta.
- Lenne, ¿has pasado a las drogas o algo?
Hice rodar los ojos, ensanchando la sonrisa.
- Posiblemente haya esnifado tinta, pero no es lo importante. ¿quieres volar?
- Para volar está el otro agujero, no esto.
- No, Lethan. No me has entendido. ¿Quieres volar?
Me miró durante largos minutos sin decirnos nada más, yo escruté sus ojos azules, parecía estar debatiéndose en su interior, o preguntándose si se me había ido la pinza del todo. Sonreí, viendo como acababa cediendo y se sentaba en el suelo, obediente, quitándose la camiseta gris que llevaba.
- De espaldas.- Aclaré, volviendo a sacar mi bolígrafo.
Me había costado descubrir las runas adecuadas, y también me había costado encantar la tinta. Al principio mis experimentos no salían bien, lo primero que salió de mi pluma fue una maraña que por suerte no estaba viva, o habría tenido una vida corta y agonizante. Poco a poco los experimentos fueron yendo a mejor. Mucho mejor.
- ¿Por qué aquí?
- Me parecía un buen sitio para practicar a gusto. Silencioso, vacío… ¿Por qué venías tú si no era por eso? Además, me hizo gracia el nombre del sitio.
- ¿Cuál es su nombre?
- El puente del Diablo.
Lethan sonrió, girándose para ver lo que hacía. Su omóplato se desplazó por su espalda, y pude seguir sus movimientos sin apenas esfuerzo. Alcé la vista hacia él, acusadora.
- Quédate recto.
- Pero…
- Recto he dicho.
Él frunció el ceño, pero obedeció.
Entonces coloqué la pluma sobre su espalda. La tinta comenzó a fluir con facilidad sobre la piel, primero haciendo un dibujo del contorno, extendiéndola hacia sus alas. Fui despacio, detallando cada pluma, cada capa de las alas. Lethan parecía tenso, y a cada momento sentía que iba a moverse y golpearme, haciendo el trazo imperfecto.
- ¿sabes dónde estamos?- Le pregunté a Lethan, dispuesta a distraerle.
- No.
- Esto fue una vez un bufón, que es como se llama al accidente geográfico en el que estábamos el otro día. Nuestro sifón particular.- Comenté, riendo.- Eso el otro día no me lo contaste, no sé qué haría sin las clases. No sabría de nada.
- Yo no estaba ahí para hablarte de geografía.
- Ya, claro. Pues yo tampoco, y aquí me ves.- Me reí, finalizando los toques en la espalda.- El caso es que con el tiempo, el agua fue erosionando la piedra, y lo que antes era un agujero en la costa, ahora es un puente.
- ¿Tiene moraleja?
- En realidad solo quería distraerte.- Me sinceré, riendo.- Pero puede ser que, aunque cambies, aunque pase el tiempo, la gente seguirá recordando tus inicios. O algo así.
- O que por muchos golpes que te de la vida seguirás siendo una atracción turística.
- No se nos dan bien las moralejas.- Ambos comenzamos a reírnos, y yo aparté la pluma de su espalda.- Bueno, creo que ya está. Estamos hablando demasiado y aún tengo que ver si esto funciona.
- ¿Qué has hecho?- Lethan giró la cabeza, intentando ver el diseño de su espalda. Yo sonreí, intentando que no se corriera la tinta que aún no había secado.
- Darte alas. Por supuesto.
- Pero, ¿cómo?
- Te dije que había visto una forma la última vez. No era precisa y por tanto no funcionó, pero puedo asegurarte que esta vez he logrado la fórmula para que funcione… Ahora solo te queda probarlas.
Se estaba acercando tormenta, el cielo se cubrió casi en el tiempo en el que yo dejaba el puente, mientras Lethan se quedaba ahí, en medio. Yo no le había dicho nada, pero parecía saber lo que tenía que hacer.
Me puse nerviosa, pronto las olas golpeaban la pared del acantilado con fuerza, haciendo que algunas gotas llegaran hasta mí. Quería que todo fuera bien tanto como él, sobre todo porque no quería imaginarme lo que pasaría si caía al agua.
<¿Crees que va a salir bien?> Preguntó Memenph. El demonio había sido, de momento, mi única obra que había salido bien. Mi primer y único experimento acertado. Aspiré hondo.
- Supongo que sí. Es como tú.- La criatura solo podía comunicarse conmigo, era pequeña, flotando en mi hombro. Y, aunque Lethan pudiera verlo, no podría escucharle. Esa era mi tortura personal.
<¿Y si no, qué? ¿Sumirse en una muerte segura en el fondo del mar?>
Se me encogió el corazón, claro que había pensado en esa posibilidad, pero Menemph había salido bien. Tenía que salirme bien.
Una ola estuvo a punto de surcar por encima del puente, aunque a Lethan pareció no importarle. Estiró los brazos, moviéndose con soltura por encima del puente. Sonreía con fuerza, como si sintiera algo en su interior. Yo ya me estaba quedando sin uñas, y Menemph comenzaba a pesarme más en el hombro.
<Viene una ola muy grande> Me avisó el demonio. Yo asentí, empujando al demonio de mi hombro. <Esta es la buena>
- Si no lo hace ahora…- Comencé a morderme el dorso del dedo gordo, algo nerviosa. Yo no sabía lo que Lethan quería hacer, pero el ángel parecía distinto ahora.
La ola rompió, cubriendo toda la explanada durante largos minutos, creando una densa espuma a su alrededor. Contuve el aliento, preocupada al no ver ni la silueta de Lethan, creyendo lo peor.
- ¿Dónde está?- Pregunté, preocupada. No dejaba de mover la cabeza hacia los lados, sintiendo el ansia en mi espalda. Menemph no dejaba de apretarme los hombros con preocupación. El demonio ni siquiera había hablado con Lethan, y al parecer ya estaba asustado. Supongo que también puedo culpar al hecho de que se adentrara en mi cabeza.
Entonces, de golpe, una sombra cubrió el cielo.
Lethan estaba volando en el cielo, golpeando el aire con sus alas y llevando la brisa hacia mí. Él me había enseñado a volar, y yo le había devuelto las alas.
El puente del diablo acababa de volverse el puente del ángel.

8 comentarios:

  1. No tengo palabras, la verdad es que estaba esperando justamente una segunda parte. Me encantó. Mucho. Muchísimo. Ojalá me saliesen tan bien los relatos como a ti.
    Un besazo <3

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    1. ¡Pero si te salen genial! No digas tonterías.
      Me alegra que te gustara tanto, Ana Belén.
      ¡Un besín!

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  2. Me uno a los comentarios anteriores: ¡genial! :.-)
    Poco más se puede añadir, estaba ahí con el ansia de si volaría o no, haciendo fuerza porque fuera que sí... jejeje
    Un besico!

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    1. ¡Gracias Ramón! Me alegra que te gustara.
      ¡Un besín!

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  3. Acabo de terminar este capítulo y he de decir que la historia es simplemente maravillosa ^^ Ahí está el final feliz que quería jajajajaja

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    1. (Es el universo alternativo pero si tu eres feliz yo no soy quien para negarte este capricho)
      Me alegra que te gustara <3

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