Un invierno sin escarcha ~Fanfic RotG~ Capítulo 1

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz Navidad!  Espero que os gustara la otra parte del fic, ahora como regalo he decidido dejar también el primer capítulo, para que lo disfrutéis. 
Link al prólogo aquí


La puerta se abrió con un suave chirrido, lo que pareció alertar a la joven, sentada en el salón con un gran cuaderno delante suyo, dibujando un conejo con todo lujo de detalles. Nada más escuchar el estridente sonido, ya bien conocido, de los goznes de la puerta principal, la joven dejó el cuaderno sobre la mesa de café del salón, saltando el sofá para correr a la entrada y abrazar a su hermano mayor, que volvía a casa por navidad.
- ¡Jamie!- Saludo la joven, con la cabeza ya hundida en el jersey rojo con renos que parecía haberse puesto para la ocasión. El joven, que frente a su hermana parecía todo un adulto, incluso a pesar del jersey navideño, sonrió y correspondió al abrazo con la misma fuerza, haciendo que los pies de la joven se levantaran unos centímetros del suelo.
- Sophie- El mayor observó a su hermana. No se había quedado atrás con la estatura, aunque no había llegado a pasarle, tenía el cabello igual de revuelto que cuando era pequeña, aunque se notaba que había estado trabajando en uno de sus dibujos porque había tenido la decencia de ponerse una coleta. Jamie sonrió, pasándole un mechón mal colocado tras la oreja.- Creo que deberías peinarte.
Ella bufó.
- Y ducharme y aparentar ser una mujer decente para cuando me enseñes al bebé, lo sé.- Suspiró ella, mirando tras él.- ¿Y el bebé?
- Pippa ha ido a ver a sus padres con ella.- Jamie se encogió de hombros, acariciando la cabeza de su hermana.- Dúchate, antes de que te des cuenta podrás verla.
La ilusión que siempre parecía estar presente en los ojos de Sophie se acentuó más, haciendo que la joven se dirigiera a la ducha con una sonrisa en el rostro. Jamie sonrió, dirigiéndose entonces a saludar a sus padres con un cálido abrazo, y recibir a cambio una taza del chocolate caliente más delicioso que había en el mundo, a pesar de ser algo tan simple como fundir chocolate y echar leche. Su madre era una máquina en la cocina, y ni Pippa ni nadie podrían superarla.
- ¿Qué tal la niña, cielo? - Preguntó su madre, sentándose cansada en una de las sillas de la cocina.- ¿Da mucha guerra?
-Qué va, es un ángel.- Sonrió Jamie.- ¿Seguro que puedo dejarla con vosotros mientras vamos al congreso?
- Claro, cielo. Si Sophie está encantada. Supongo que ahora estará enfadada porque la hayas hecho cuidar ese pelo sucio y colorido que tiene.
- A mi me gustan sus colores.- Apuntó su padre, dando un sorbo a su café con canela.- Destila alegría y buen humor por donde camina.
- Oh Jamie, parece que eres el único hombre normal de la familia -Sonrío su madre, revolviendo el corto cabello del aludido. Jamie sonreía, algo tenso. No era el más normal si seguía creyendo en el hada de los dientes, Papa Noel, el Conejo de Pascua y Jack Escarcha.
A todo esto…
- Oye mamá, ¿no está haciendo demasiado bueno para ser invierno?
Su madre suspiró, asintiendo.
- Sí… estamos todos muy preocupados, hijo, no puede ser que haga tan bueno. Tu hermana no hace más que mirar por la ventana y al reloj con preocupación… Creo que es el cambio climático, deberíamos dejar los coches, y de consumir en general. No hacemos más que cargarnos la capa de ozono y pese a que lo sabemos no podemos dejar de consumir energía. A este paso…
Su madre era una ecologista de cuidado, tal vez no debería haber hablado con ella. Se quedó escuchando con preocupación toda la charla sobre la falta de cuidado que estaban teniendo y cómo necesitarían algo más que reciclaje para salvar al planeta.
- Bueno, no para salvarse, para salvarnos.- Aclaró. Jamie miró a su padre, que le hacía gestos de que huyera mientras pudiera.
- Jamie, dile a tu hermana que vaya adecuando la habitación de su sobrina, anda.- Dijo, al ver que él no parecía querer abandonarlo a su suerte. Jamie suspiró, sonrió a su padre, y se alejó, subiendo corriendo las escaleras.
Sophie salía del baño, ya vestida y peinada. Sonrió a su hermano con una sonrisa mientras se apartaba un par de mechones de la cara.
- Soph, ¿Y Jack?- Preguntó el mayor sin rodeos. La cara de Sophie empalideció al hablar, bajando la mirada. Jamie no podía creerse aquel cambio, no podía creerse que de verdad ella también estuviese creyendo lo peor.
Que Jack se había ido para siempre.

El silencio reinaba en el cuarto del bebé. Habían colocado una cuna en la pared, con las sábanas amarillas, compradas antes de que supieran el sexo del bebé de Pippa. Y la pared estaba decorada con todas las criaturas que Jamie tanto había adorado de pequeño, hasta descubrir que eran verdad. El hada de los dientes revoloteaba justo al lado de la cama, el conejo de pascua vigilaba la entrada, sandman, el hombre de los sueños, cubría de sueños alegres la cama de la niña y Papa Noel se adentraba desde la ventana con una bolsa llena de juguetes. Y, por supuesto, Jack Escarcha estaba apoyado en una esquina, cubriendo de nieve todo el lugar.
- Deberías cambiarlo por cada estación.- Apuntó Jamie, sonriendo a su hermana, mientras pasaba la mano por el retrato de Jack. Parecía sorprendente que él hubiera envejecido, pero Jack se conservara igual de joven. Había sido raro darse cuenta, a lo largo de los años, del cambio que él estaba sufriendo, y lo impasible que se mantenía Jack.
Bueno, todos, en realidad. Norte debería estar muerto, y cada vez parecía más joven.
- Estará bien, Jamie.- Intentó animarle Sophie.- Seguro que todo va bien…
- No sé cómo lo haces, Soph. Yo no puedo dejar de preguntarme y dudar…
- Siempre tengo esperanza.- Sonrió la pequeña, jugando con un colgante en forma de huevo de pascua que tenía en el cuello.- Ahora no te andes con rodeos y muéstrame a vuestra pequeña. Ven, vamos a por Pippa.
Ambos salieron de la habitación, cruzando la ciudad para ir a casa de Pippa.

Sin embargo, en el polo Norte no se observaba la misma tranquilidad. Los Yetis no dejaban de crear juguetes mientras Norte seguía paseándose y creando, y los duendes fingían crear regalos que nunca verían la luz, pese a los cursos de aprendizaje a los que Norte les había mandado.
El hada de los dientes revoloteaba nerviosa.
- Jack no está, y él fue el primero en devolvernos los poderes. Los niños creen en nosotros porque creyeron en él.
Norte dejó sus asuntos un instante, mirando a Toothiana a los ojos violetas de la joven.
- ¿Acaso tú también estás perdiendo la fe?- Sonrió el anciano.- ¿Qué clase de guardiana eres, querida?
- No… no es eso, pero temo que los niños…
- Sí, los niños se ponen nerviosos si no hay nieve.- Susurró el hombre, aunque con una voz tan fuerte que no sonó como un susurro.- Será mejor que investiguemos. Tal vez esté donde siempre.
El hada de los dientes negó.
- Sophie y Jamie también están preocupados. Y eso que debería ir. La niñita de Jamie… es tan dulce… Aún no tiene dientes pero seguro que se están formando y será todo maravilloso.- La ilusión insana por los dientes acabaría trastornando a esa mujer.- Hablaré con Sandy de camino a casa, seguro que él puede hablar con ellos.
- Prueba con el conejo también.- Dijo Norte, despidiendo con la mano al hada y volviendo a sus asuntos.- Estoy seguro de que él tampoco quiere perderse una visita a esa casa.
Toothiana sonrió.
- Seguro que Bunnymund ya está ahí, que es distinto.

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