Hellhound {Relato Corto}

lunes, 3 de noviembre de 2014

¡Buenos días!
Hoy volvemos con Daphne. ¿La echábais de menos? De todos modos, voy a empezar una historia conjunta con Tina, y por tanto tenéis que pasaros por su blog a leer los relatos sobre ella para enteraros de qué va la cosa (y le dejáis un comentario, of course, que es muy maja ella). Los dos relatos anteriores son este y este. Como sabéis esta historia forma parte de la iniciativa dioses del Olimpo para la cabaña Hermes. ¡Os vamos a robar la victoria y la cartera!
El miércoles también tenéis una entrada de la iniciativa. Muy peculiar y posiblemente única por mi incapacidad para escribir poemas. Espero que la disfrutéis.
Ah, por cierto, el NaNo de momento muy bien, ya veis la barrita del lateral. Necesito a alguien que le meta más horas al día. Gracias de antemano. Ahora sí, os dejo con Daphne.



Todo el campamento se quedó en silencio, asomado sobre la colina, veían a la criatura. Ocupaba casi dos metros de altura, rozando con las copas de los árboles con su lomo. Su respiración, agitada mientras contemplaba a todos los mestizos sobre el campo, removía la capa de hojas del claro del bosque, y el cabello del chico que se arrastraba por la linde del campamento intentando entrar. Daphne contuvo la respiración. El chico alzó los ojos hacia ella, pudiendo ver la desesperación, y una palabra muda.
Socorro.
Daphne no lo dudó, se lanzó para distraer al sabueso, permitiéndole al chico la oportunidad de escapar. A su espalda pudo escuchar los gritos de sus compañeros, gente que casi no recordaba su nombre, gente que no conocía, caminando a su lado, siguiendo una orden muda. No necesitaban hablar, sus mentes se sincronizaban como si fueran una, trabajando y repitiendo tácticas que habían ensayado mil veces durante sus entrenamientos de campamento. Un recuerdo que parecía no desvanecerse.
Las fauces del monstruo se abrieron hacia ella con un rugido que habría paralizado a cualquier mortal. Pero ella no era cualquiera. Las fauces se cerraron con un sonoro chasquido en el lugar en el que ella había estado segundos antes, dejando a la criatura desconcertada. Alguien gritó al tiempo que atacaba los flancos traseros del animal, haciendo que la criatura se girara. A su lado vio a Kara saltar para evitar un fuerte ataque de la cola del animal, y eso le hizo recordar a Liz.
Giró la cabeza, buscando su cabellera rojiza entre los campistas, casi alarmada al no verla. Contuvo el aliento hasta que localizó a la joven atendiendo al herido, intentando hablar con él y arrastrándolo junto a otros campistas hacia el interior del campamento. La sangre seguía corriendo por su cabeza, aunque parecía no importarle, estaba demasiado concentrada con el joven como para percatarse. Se giró justo para verla, sonriendo, intentando decirle que estaba bien, aunque algo se ensombreció a su espalda.
Daphne no necesitaba saber lo que estaba pensando. Sintió el aliento frío del perro en su espalda, y el rugido envolviendo su cuerpo. Alguien la embistió para apartarla del alcance del perro, chocando contra el suelo mullido de las hojas secas que cubría el bosque. Los chillidos se repetían a su espalda, y la criatura trotó entre su cuerpo para lanzarse sobre uno de los hijos de Atenea, pero las flechas de Apolo detuvieron su avance.
Pero daba igual, la criatura se recomponía, su espalda albergaba tantas saetas que parecía un puercoespín. Algo fallaba. Una pieza no encajaba.
- ¡Alec! - Le advirtió. El hijo de Atenea reaccionó rápido, rodando sobre el suelo para evitar las fauces del animal, que seguían persiguiéndole cuanto más avanzaba por el suelo. Rugió sobre el joven, que comenzaba a quedarse sin espacio para escapar. Sin pensárselo dos veces saltó, impulsada por los tatuajes de sus pies, hasta alcanzar la espina dorsal del animal. Al instante, el perro se removió, intentando sacudirse a la joven. Soltó la espada para agarrarse a la piel escuálida del animal, trepando ayudada de las saetas de madera clavadas en su lomo. Los hijos de Apolo habían cambiado el punto de ataque, intentando por todos los medios no darle. Sabía que se lo había puesto difícil, pero necesitaban acabar aquello de raíz.
El can se debatía entre sacudirse a Daphne de encima y atacar a los más valientes que se atrevían a ponerse al alcance de sus fauces o dientes. Y Daphne se debatía para no caer y avanzar. Desde su posición pudo ver al mestizo herido a punto de atravesar la pared del campamento y sonrió, pensando que habían logrado su objetivo, que habían ganado tiempo.
Pero el sabueso del infierno lo notó. Se alzó como un resorte, haciendo que Daphne tuviera que pegar todo su cuerpo a la espalda del animal para no caerse de su lomo. Saltó por encima de varios campistas, que no supieron reaccionar, y algunos tuvieron que saltar para evitar pisar sus piernas. El salto la desequilibró, golpeándose con el hueso del can, y soltó todo el aire de sus pulmones. Le costaba respirar, sobre todo por el rápido trote que llevaba y le impedía centrarse. Podía escuchar los gritos de sus compañeros, y entre todo el traqueteo logró enfocar el punto al que se dirigían. La entrada del campamento, justo el lugar donde Liz y otros jóvenes todavía intentaban llevar al chico al interior del campamento. No necesitaba que alguien le advirtiera que tenía que detenerlo. Ya lo sabía.
Avanzó a trompicones, trepando por su espalda entre jadeos, agarrándose a una de sus orejas para alcanzar la sien. La cabeza giraba para todas partes, pero se pegó con las rodillas sobre el cuello, retorciendo su oreja. Del cinto sacó una daga de doble filo, asiéndola con fuerza. Sabía que solo tendría una oportunidad.
Aprovechando el impulso dado por una de las sacudidas del animal, clavó el arma entre los dos segmentos del hueso frontal, con tanta fuerza que solo sobresalía el mango. La criatura se detuvo de golpe, sacudiéndose entre espasmos y doblando las piernas. Todo su cuerpo comenzó a convulsionar a medida que se desvanecía en el polvo típico de los monstruos, haciendo que Daphne cayera al suelo con un golpe seco, justo frente a Liz y el joven herido.
- ¿Estás bien? - Preguntaron Liz y Dorian al tiempo. Daphne sonrió, quitándose un par de hojas de la cabeza.
- Bueno, esto no es nada. No había lava al fondo.
Varios compañeros rieron, y tanto Kara como Alec le ayudaron a caminar. Podía decir que no pasaba nada, pero al parecer se había torcido un tobillo. Varios jóvenes habían quedado heridos, aunque parecía que la cabaña de Atenea era quien más había pisado la enfermería. Ares se burlaba a las puertas del local, mientras los hijos de Apolo atendían las heridas de los jóvenes.
- ¿Te ha dicho algo el chico?- Preguntó Daphne, mirando hacia la cama donde ahora descansaba el chico. Liz negó, consiguiendo una reprimenda de Marc, el joven que estaba cosiéndole la herida de la cabeza.
- Perdón.- Dijo ella.- No… no ha dicho nada. Pero antes era como si estuviera en su cabeza. Sentí su miedo… creo que este chico no está bien.
- Supongo que Quirón quiera tener unas palabras con él, cuando despierte.- Apuntó el hijo de Apolo, dejando en paz la cabeza de Liz y acercándose al tobillo de Daphne. Chasqueó la lengua.- Está muy inflamado.
- Posiblemente la última vez no curó del todo.- Murmuró ella, como si no quisiera decirlo.- Universidad, supuestamente no me había pasado nada y monstruos.
Él la fulminó con la mirada, ofendido por su falta de iniciativa para pedir ayuda a sus hermanos. Liz también la miraba preocupada y ella solo pudo suspirar.
- Vamos, no os pongais así. De vez en cuando había monstruos, pero nada del otro mundo.- Sacudió una mano como quien aparta una mosca, y ambos campistas supieron que no había nada que hacer en ese instante. Marc avanzó a una mesa apartada, cogiendo un poco de ambrosía.
- Y para la próxima, me avisas. Tienes servicio de mensajería puerta a puerta a cargo de tu padre. Úsalo.
Daphne sonrió, agradecida por la preocupación de ambos, y tomó un poco. Con un mordisco le bastó para sentir la calidez inundar su boca y el inconfundible sabor de la tarta red velvet. Liz también tomó un poco, y Daphne creyó ver como la herida de su frente se cerraba un poco tras tragar. Liz alzó la vista.
- Bueno, hay que prepararse.
- ¿para qué?- Preguntó, comenzando a desconfiar.
- Tu fiesta, por supuesto. Ahora que tenemos que anunciar la victoria contra el perro del infierno, se ha vuelto el doble de importante. Seguro que todo el mundo necesita una dosis de diversión hoy.
- ¿No me vale como excusa el tobillo?- Preguntó Daphne, que casi quería tirarse en la cama y no salir en todo el día. Liz arrastró a su hermanastra fuera de la enfermería.
- No, no vale.- Sonrió, corriendo animada entre los campistas.- ¡Vamos! ¡Alegremos este día!
No le quedó más remedio que sonreír, contagiada por el entusiasmo de alguien que había recibido un golpe en la cabeza. Volvió un segundo la vista a la enfermería, donde un par de chicos inspeccionaban al joven herido que se habían encontrado en el bosque.
No necesitaba ser un genio para saber que la historia solo acababa de comenzar.
Y ahora, haz click aquí para ir a la fiesta...

8 comentarios:

  1. Que cague, me moriria de miedo con un perro asi, pero menuda valiente esta hecha nuestra Daphne.
    Pobre, ella no quiere fiestas (yo siiii jejeje)
    Un beso Gema
    Lena

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    1. Daphne no se asusta por nada... Creo.
      Y yo no sé, yo creo que lo que quiere es tomarse una taza de té y dormir, porque después de tanto golpe... Ya sabes, la fiesta la disfrutarás en el blog de Tina. Cuando la suba pondré un comentario en una entrada o algo.
      ¡Un besín!

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  2. Me encantan los relatos y que reutilices personajes, así es como si unca muriesen.
    Un besazo <3

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    1. ¡Gracias Ana Belén!
      Creo que Daphne podría ser mi primera historia larga del blog, aunque esté con Tina a medias. Si no fuera porque media historia no es mía... ains
      ¡Un besín!

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  3. Ainsh!! Ya lo había leído, pero se me ponen los pelos de punta al leerlo de nuevo *.*
    Qué ganas tengo de que la historia evoluciones!!
    Besos guapa!!

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    1. Ay, jo, ya enseguida salimos del campamento. ¿Estás nerviosa?
      ¡Un besín guapa :)!

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  4. ¿Es cosa mía o repites el mismo esquema siempre?

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    1. ¿Perdón? Teniendo en cuena que no se me da demasiado bien escribir combates, no sé exactamente a qué te refieres jajaja

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