Malas noticias {relato Corto}

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¡Buenas!
Como comentaba en la entrada anterior, me tocaba escribir sobre Agua. No por casualidad. Ese personaje es un poco yo, o muy yo, en un mundo distinto. La cosa es que suele ser la primera encarnación que aparece en una historia cuando se me ocurre una idea de una escena. No siempre acaba siendo el personaje final de esa escena, pero siempre es un personaje recurrente en mi cabeza que es muy yo.
Y bueno, hacía tiempo que no escribía su historia. Y ya no pude contenerme. Así que aquí tenéis otro relato sobre ella.


Malas Noticias.


Cuando haces un camino  todos los días, vas dejando huellas de ti mismo en él. Primero es tu memoria, siendo capaz de realizarlo estando dormido, cuando el cansancio puede con nosotros y sabess que te gustaría volver a tu casa en vez de ir a trabajar. Luego, poco a poco, van quedándose los sentidos. El olfato, cuando pasas al lado de aquella panadería que, a primera hora de la mañana, huele a bollería recién hecha. El gusto, saboreando un café para espabilarte a medida que avanzas con un gesto mecánico por todo el sendero. El oído, bien acompañada por la música o por elementos puntuales como el claxon de un coche o el grito de un vecino a la misma hora. La vista, centrándote en aquellos escaparates tan llenos de colores que captan tu atención a pesar de estar dormida.
Y, por último, está el tacto. Ese es el elemento que más tarda en fusionarse con el ambiente. Comienzas sacando la mano de los bolsillos y pronto está ahí, rozando una pared, o tal vez las agujas del pino que dejas a tu lado antes de seguir caminando, sintiendo todavía el cosquilleo a medida que avanzas.
Pero, a veces, puede ocurrir lo contrario. Que el camino deje huella en tu interior.
Esta es una de esas veces.




La joven se despertó, como siempre, a las siete de la mañana, apagó la alarma del móvil a pesar de no necesitarla, ya casi por costumbre estaba despierta a la misma hora. Pero, por si acso, dejaba el teléfono. A su lado, una sombra se removió sin llegar a despertarse del todo. La joven sonrió, acercándose para besar su hombro desnudo antes de salir a vestirse y no perturbar el sueño de su pareja.
Había muchas cosas metódicas en su día a día, se vestía casi sin pensar, casi sin mirar por la ventana para ver cómo hacía. Se peinaba bajando las escaleras del dúplex y al llegar abajo hasta su pez decidía estar siempre en la misma posición, mirando, dispuesto a esperar la comida. Era todo tan mecánico, que, sin duda alguna esperaba un cambio.
No sabía qué era, pero sabía que algo distinto habría hoy.
Sin embargo, siguió igual. Se calzó, puso los auriculares y encendió la radio, buscando una sintonía con alguna canción buena… decente, a esas horas. Se conformaba con que no fuera un programa de bromas o de noticias. Quería música, quería distraerse.
El aire cálido le hizo avanzar más rápido de lo que era necesario, pero tampoco quiso detenerse. Las calles estaban vacías, lo cual siempre era un buen signo. Antes de darse cuenta se encontraba al lado de su árbol.
No era suyo, eso está claro, pero lo trataba como si fueran viejos amigos, como si se hubieran conocido tiempo atrás, y solo cuando comenzó a acariciarlo, sentía ese vínculo. Pasaba su mano por las puntas sin detener el paso, admirando el crecimiento de sus ramas y saliendo con una sonrisa.
Normalmente, ahí terminaba la cosa.
Pero no aquel día.
<<te están buscando>>
La joven se sobresaltó, sintiendo esa voz en su cabeza. Se quitó uno de los cascos, insegura, mientras buscaba el origen de la voz. Entrecerró los ojos, notando la extraña brisa que mecía al pino.
- ¿Eres tú?
<<Sí, me llamo Pinaster. Pero no es lo importante, vuelve a casa. Te han encontrado>>
La joven suspiró, continuando su descenso, y quitándose los auriculares. Necesitaba estar alerta y saber a lo que se enfrentaba. La verdad es que estaba esperando aquel momento. Habían sido varios años de tranquilidad en los que creía que por fin iba a ser libre, que no tendría que andar pendiente de ser perseguida.
Pero lo bueno parece que no dura para siempre.
- ¿algún camino alternativo? - Propuso, continuando su camino. Sabía que el vínculo estaba hecho y le daría igual la distancia. Continuó caminando despacio, observando cada sombra con sospecha, sin saber qué esperaba encontrarse. Ni siquiera tenía armas, y no era un buen momento para luchar. Necesitaba llegar al tren.
<<No creo que importe. Da la vuelta>>
- También es tarde para eso…- Murmuró, insegura. Comenzó a canalizar su preocupación en sus manos, haciéndolas girar, abriéndolas y cerrándolas, y sacudiendo la mano izquierda hasta que por fin consiguió desencajar el reloj que se había quedado pegado a su muñeca. Sus ojos marrones localizaron una casa vacía, con un letrero de se vende.- Tal vez me sirva…- Murmuró, insegura.
<<Se está acercando…>>
- Para ser un árbol, eres muy dramático.- Gruñó, caminando unos cuantos pasos más. Miró la hora, insegura, tendría que correr para alcanzar el tren a tiempo.
Aceleró el paso, todavía con una presión en el pecho. Escuchaba a Pinaster gritando en su cabeza que estaba loca, que solo estaba llamando más la atención, pero le ignoró, solo centrándose en cruzar el paso de cebra antes de que volviera a ponerse en rojo para los peatones.
El reloj se le había vuelto a trabar en la muñeca.
Y con un simple gesto, sacudió su mano.
A su espalda, el edificio abandonado estalló, haciendo que varias alarmas comenzaran a sonar. Una fuerte llama naranja cubrió el cielo, y la ceniza comenzó a elevarse a su alrededor, junto a los escombros que se amontonaban en el borde de la acera.
- ¿Pinaster?- Murmuró la joven, sin siquiera inmutarse y siguiendo su camino.
<<¿sí?>>
- ¿Me siguen?
<<No>>
- Eso me parecía.- Comentó, con una sonrisa, mientras volvía a correr hacia la parada de tren, procurando no tocar ningún árbol más por el camino.
Se había cansado de malas noticias.

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