En el mismo bando.

viernes, 5 de septiembre de 2014

¡Buenas!
¿Adivináis qué ha vuelto? Pos sip, el four by flash se repite en septiembre, para mi desgracia, y aquí ando yo. Intentando llevarlo al día. A ver lo que duro, porque entre traslados, reencuentros, y la mejor familia del mundo en twitter...
En fin. Este relato surge de una limpieza en mi habitación, cuando encontré una vieja historia, leí una frase y me vino esto a la cabeza.
He intentado redactarlo de modo que os enteréis de la historia pese a no tener todos los datos. Pero bueno, espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado recordando viejas historias.


Por fin en el mismo bando


El joven soldado se adentró en el castillo sin llamar la atención, observando y saludando a cada uno de los hombres con los que se cruzaba. Nadie se interpuso, y entonces se enorgulleció de llevar un emblema que había dejado de sentir hacía tiempo.
Su cruz había sido ser tan ciego que no escuchaba. Cegarse por la idea de grandeza sin ver lo que eso conllevaba. Sin darse cuenta que estaba costando vidas.
Pero no era un buen momento para atormentarse por aquellas tonterías. Alzó la vista y miró alrededor. No había nadie a su alrededor. Le tocaba comenzar a buscar.
-¿Aru?- Llamó en voz baja. Sabía que no iba a aparecer de la nada, pero una parte de él lo deseaba, volver a escuchar su voz y saber que estaba bien. No pudo creerse que se la hubieran llevado sin decir nada, sin siquiera darle una explicación. Como si el hecho de que fuera de una familia traidora, o su status, bastara para que se desvaneciera del mapa.
No podía permitirlo.
Se guió por su instinto y por lo poco que conocía del sendero, hasta llegar a una sala que, según sus recuerdos, no era más que un pequeño cuartel, pero tenía la puerta cerrada a cal y canto. Escuchó su interior. Le parecía oír golpes.
Ni siquiera se molestó en llamar o en girar el pomo. Cogió carrerilla y cargó contra la puerta. Su hombro izquierdo colapsó contra la puerta, liberando un estallido de dolor que recorrió todo su brazo en apenas un instante. Pero logró su cometido. La puerta se soltó de sus goznes, cayendo con un golpe seco al suelo.
Y ahí estaba ella. Igual que como la recordaba.  Intentó inspeccionar su cuerpo en busca de alguna herida, algo que desatara su furia interna y la focalizara contra un enemigo que, por primera vez, era común.
Pero no vio nada.
-¿Aru? ¿Estás bien?- Musitó, aproximándose con cautela. No se movía, no reaccionaba a su nombre. Gaer se detuvo de golpe.
Algo iba mal.
La joven alzó la vista, permitiendo ver más allá de la cascada de cabellos negra que cubría su rostro. Pudo ver sus ojos rojos, las mejillas coloradas, y se preocupó. Sabía que algo iba mal.
- Princesita, ¿estás llorando por verme?- Intentó picarla, como tantas veces había hecho.
- No eres muy listo, ¿verdad?- Preguntó alguien a sus espaldas. Gaer se giró, sobresaltado, para ver a un hombre de armadura negra tapar su única vía de escape. Con un ágil movimiento, se colocó con la espada desenfundada entre el desconocido y la joven. Una risa desdeñosa surcó el aire.- No es a mí a quien tienes que enfrentarte. Sería una batalla fácil y sin emoción.
- No...- Gaer se giró, volviendo a posar su vista en Aruen. No había reparado en la espada que colgaba de su brazo.- No, Aru, princesita, no me hagas esto.
El joven entonces comprendió las lágrimas, comprendió su mirada. Aruen no podía hacer nada, estaba siendo controlada. Tenía una única órden.
-"Princesita"... mátale.
¿Quieres saber si Aruen cumple su misión?
Leelo aquí 

5 comentarios:

  1. Creo que te he dicho unas 4057123874 veces que amo como escribes, pero que te lo diga una vez más no viene mal, ¿no? Consigues remover sentimientos con tu escritura y eso poca gente lo consigue. ¡Sigue así! :)

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    1. Jo, gracias, me encanta ver que os gusta lo que escribo, eso hace que se me suba el ánimo.
      A mi también me gusta como escribes, dragoncito <3
      ¡Un besín!

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  2. Me ha gustado mucho, me quedo por aquí.
    Besos.

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  3. Joer... ¡Menudo final! ¡que luego no duermo por las noches! jejeje
    Grande, como siempre, Gema. Nos tienes mal acostumbrados... ;-)
    Un besico!

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    1. ¡Gracias Ramón! Imagínate yo cuando estaba limpiando y me encuentro con ese relato atacando mis sentimientos. Al final no me quedó más remedio que escribirlo.
      Mal acostumbrada me tenéis vosotros con todos estos comentarios tan buenos :D
      ¡Un besín!

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