Una triste verdad {Una palabra, una historia}

miércoles, 17 de septiembre de 2014

¡Y volvemos con otra iniciativa!
El lunes teníamos a Ramón y su "te robo una frase" y hoy nos toca Lillith y "una palabra, una historia". La palabra de esta semana era libro. Fue muy difícil escoger sobre qué quería escribir. Libro te ofrece tantas posibilidades que podría haber escrito casi cualquier cosa.
Pero me decanté por darle un pequeño giro de tuerca a esa realidad que a nosotros se nos hace tan apetecible, la de que los libros que leemos fueran
realidad y que, en algún momento, pudiéramos entrar en ellos.
¡Espero que os guste!

Una triste verdad


Y de nuevo estaba ahí, sentada en tras el mostrador, intentando asimilar lo que estaba pasando. La librería parecía intacta. Era como si de verdad no hubiera ocurrido nada, como habíamos querido fingir. Como si aquella criatura no hubiera escapado del libro que estaba leyendo.
Me había quedado en blanco. Ni siquiera era consciente de ser capaz de parpadear, como si no fuera consciente. Pero, ¿de verdad acababa de ocurrir aquello? Se había deslizado como si no pasara nada, como si no fuera tinta lo que lo hubiera creado. Como si de verdad aquellas páginas fueran un portal a un mundo distinto.
Siempre había soñado con que el mundo estuviera cargado de universos paralelos, como si los libros de verdad fueran reales. Esperaba encontrarme a los personajes de las historias por la calle, esperaba despertarme en ese mundo paralelo que tanto me hacía soñar.
Pero dicen que la realidad nunca es igual a la ficción, y era cierto. El monstruo lo demostraba. Mi cadera lo demostraba. La herida era corta y limpia, pero no por eso dejaba de doler. Era como el constante recuerdo de haber intentado enfrentarme a un monstruo que no debería existir.
Y, mientras seguía con mi vida cotidiana, como si no hubiera pasado nada, volvió Elend. Como si no llevara un mes desaparecido, con su chulería. Como si fuera lo único que me importaba del lugar.
- Hacía tiempo que no te veía…- Comentó, posándose al otro lado del mostrador.- Tienes mala cara.
- Estoy cansada.
-Claro, los libros de golpe se han puesto en tu contra todos a la vez y has estado dando vueltas toda la tarde, ¿verdad?- Volví a suspirar, incorporándome. “Si yo te contara...” pensé. Pero no podía contárselo, y eso me daba rabia. No, al menos, hasta que estuviera segura de qué había pasado.
- Es distinto.
Algo había cambiado en él. Como la librería, como las historias, no podía verle del mismo modo, y no sabía por qué. Solo sé que Elend se giró, mirando su reloj, y mirándome a los ojos. Como si él pudiera comprender lo que estaba pasando en mi vida, como si a través de mis ojos pudiera decirle lo que pensaba.
Que había descubierto una triste realidad en mi vida.
Que las palabras hieren más que las espadas.

6 comentarios:

  1. Me encantó muchísimo! No me canso repetir la magia de tus palabras y como cada vez que te leo me gusta más y más tu forma de escribir.
    Un besazo <3

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    1. ¡Gracias Ana Belén! Me halaga que te guste tanto :)
      ¡Un besín!

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  2. Hola, queria comentarte una cosita, me he quedado sin una ahijada y me preguntaba si querrias serlo tu ^^ espero que me digas algo en mi blog

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  3. Ya se agotan las palabras contigo, Gema. Cada historia es sorprendente y muy buena. Me das envida!
    Un saludo!

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    1. Jo Ramón, que justo digas tú eso, cuando escribes genial... no creo que me lo merezca. En serio, me parece que tu escribes mejor. Pero supongo que como es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, también es más difícil ver la virtud en el propio...
      ¡Un besín!

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  4. Hola, me gustó tu relato, es muy lindo <3

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