Tiempo {Drabble}

viernes, 19 de septiembre de 2014

¡Buenos días!
¿Qué tal la semana? Espero que bien. Yo la verdad es que estoy bastante contenta. Por un lado, ayer me enteré de que Brandon Sanderson publicará otra novela de Nacidos de la Bruma en Noviembre del año que viene. ¡Solo son 13meses! Creo que lo puedo aguantar. Por otro lado, ¡es viernes! y el lunes en oviedo es San Mateo o algo así, así que tengo un puente tranquilo en casa. ¡Ah! Y me autoconvencí para tener una cuenta de rol por twitter nueva. A Nymeria y Hiccup se le suma ahora una entrenadora pokémon becada, Keyra. Por si os aburrís y queréis seguirme en mis aventuras twitteras.
Y además, muy probablemente hoy mi padre me compre un ordenador con Scrivener, lo que significa cantos de alegría y felicidad y poder escribir en condiciones para el NaNo.
Hoy os quiero dejar con un relatillo viejo que me encontré mientras revisaba historias. No llegó a ninguna parte y es un poco continuación de la historia anterior, por eso he querido subirlas juntas.
¡En fin, espero que os guste y que tengáis un buen fin de semana!

Al final, tras cerrar la librería, Elend me invitó a su casa a cenar. Vivía más en su piso que en el mío, si me pongo a hacer memoria. Supongo que porque mi padre se quedaba hasta tarde trabajando, y así tenía alguien con quién hablar.
Llegamos a su casa y fui directa a su cocina, a poner la pizza en el horno y sentarme a esperar que éste terminara. Sentarme en el suelo, por supuesto. Él se sentó perpendicular a mí, y ninguno nos mirábamos.
- ¿Qué te pareció el libro?- Pregunté tras un rato. Hizo una larga pausa antes de contestar.
- Bien…- Arqueé una ceja. Aunque no fuera esa la respuesta que quería escuchar, no fue eso lo que me sorprendió.
- ¿Nostalgia?- Comenté, refiriéndome a su tono de voz. Sonrió levemente.
- Puede…
Hubo otra pausa. No tensa, disfrutábamos del silencio. A veces nos comunicábamos más mediante él que por palabras.
- Un pacto. Un secreto mío por uno tuyo- Dije, tras un rato. Con él, la curiosidad era mi perdición.
- Mis secretos seguramente valgan más que los tuyos…
- Dos por uno, y es mi última oferta.
Negó, sonriéndome. Demasiado orgullosa como para pedir más, me tiré más en el suelo y coloqué mis piernas sobre él. Me dolían, como si estuvieran frías y calientes a la vez, ese tipo de dolor que impide alcanzar el sueño por las noches.
- Pues dame un masaje- me miró indignado.- No pongas esa cara, no me has devuelto el libro.
- ¿Si fuera ahora mismo a por él, me libraría del masaje?- Me encogí de hombros, asintiendo luego. Suspiró y al rato sentí sus manos masajearme los gemelos.- Dale las gracias a mi vagancia…
- Vale, nada de secretos. Te concedo un deseo si me dices tu secreto.
Hizo una pausa, y luego sonrió.
- No creo que lo hicieras.
- ¿Por qué?- Inquirí. Él se encogió de hombros, sus manos en mis muslos.
- Aquí no hay barra americana.
Negué con la cabeza.
- Eres irremediable…
Hubo otra pausa, sus manos estaban logrando aliviarme toda clase de molestia, con lo cual tenía más tiempo para pensar.
- ¿Qué es lo que quieres para poder confíarme tus secretos?- Pregunté. Hizo una pausa, sus manos se detuvieron justo en la parte trasera de la rodilla, ejerciendo una ligera presión sobre la misma.
- Tiempo- Respondió, tras un rato. Me mantuve callada, con la vista puesta en sus manos, hasta que comencé a reírme.- ¿Qué te pasa?
Sin mediar palabra, me desabroché la correa del reloj y se lo tendí. Él comenzó a reírse también, tiró de mi y me abrazó a él.
Porque los hechos más estúpidos son los que de verdad ayudan.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Gracias Esperanza!
      La verdad es que yo ni la recordaba, es una historia tan antigua... pero al verlo quise subirlo al blog. Porque sí, porque mis viejos relatos también se merecen unos halagos, jeje.
      ¡Un besín!

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