Ladridos y mordiscos. {Relato Corto}

domingo, 8 de junio de 2014




 Sí, ahora aligero las entradas durante el four by flash, y no voy a poner los 4 relatos por semana. Puede que algunos ni los suba, puede que los suba en mucho tiempo... en fin, que este fin de semana vais a tener nada más dos relatos cortos de esta historieta.
Me he metido caña porque así tengo más tiempo para las prácticas y para los estudios, así que escribo tras comer un rato y otro durante la cena, aunque admito que a veces es difícil porque siento la presión de Martín sobre mi hombro leyendo lo que escribo y... ¡me da tanta vergüenza! ¿A vosotros no os pasa que sois incapaces de escribir cuando alguien os espía por encima del hombro?
Bueno, voy a dejar de enrollarme, pasemos directamente al relato.
Por cierto, por si no lo has visto, aquí el enlace al relato anterior ;)

Ladridos y Mordiscos



Tras un tenso silencio entre los tres, Nir y yo intercambiamos miradas y comprendimos que tendríamos que cambiar nuestros planes e incluir a Sean en ellos. No me hacía nada de gracia, es más, el plan era arriesgado y aunque sabía que podía confiar en él… ¿cómo iba a hacerlo? Ya me había echado la bronca nada más conocer mi pacto con Nir, estaba segura de que me arrastraría de los pelos de vuelta a casa nada más saber mi plan.
Cogí las llaves de un cuenco en el recibidor y caminé hacia la entrada. Por detrás del eco de mis tacones pude escuchar el paso seguro de Sean y uno más titubeante que logré reconocer como Nir incapaz de saber si debia acercarse a mi lado o si era mejor quedar en la retaguardia de nuestro extraño grupo. Sin duda alguna iba a ser un viaje muy largo.
- Angie, ¿no vas a decir nada?- Preguntó mi hermano. Como si no supiera la respuesta. Suspiré y giré la cabeza para mirarle, sin siquiera detenerme.
- No sé si querías detenerme, o hacer de hermano mayor y fastidiarme la cita.- Nir entreabrió la boca sin saber cómo comportarse, así que desvié la vista hacia él para que callara. Se detuvo, patidifuso, pero pareció que no iba a hablar ni replicar, así que volví a centrarme en mi hermano metomentodo.- Pero tenemos planes, y no tenemos tiempo para fastidiarlo todo. Así que vienes con nosotros, fin de la historia.

El ascensor llegó justo en ese instante, iluminando el pasillo con una clara luz azul. Sean no dijo nada, se dedicó a enfrentarme con la mirada, tal vez esperando que le explicase mejor. Mi plan, sin embargo, era callarme hasta que no pudiera decirme nada, hasta que fuera demasiado tarde y no fuera capaz de detenerme. Y estaba demasiado acostumbrada a callarme las cosas como para que una mirada me detuviera.
Abrí la puerta del ascensor, todavía sin dejar de mirar a mi hermano. Nir, detrás de él, se debatía entre la posibilidad de entrar o no al ascensor, y al final pasó entre ambos, rompiendo el contacto visual. Sean lo siguió, cabizbajo, y me di cuenta que había ganado una batalla contra mi hermano.
Entré la última en el ascensor, colocándome de tal modo que estaba frente a mi hermano y al lado de Nir. El demonio me miró, una de esas miradas intensas que decían más de lo que uno ve a simple vista, tal vez porque sabía lo que quería preguntarme.
Asentí, tomando su mano. Cuando el ascensor comenzó a descender, Nir rodeó la muñeca de mi hermano y antes de que nos diéramos cuenta descendíamos más abajo de lo que un ascensor normal puede llevarnos.
Y es que, cuando solté la mano de Nir y miré alrededor, ya no estábamos en la tierra, sino en uno de los salones más elegantes que tiene el infierno, cubierto por espectaculares vidrieras e iluminado por elegantes candelabros y lámparas de araña. De no ser por el extraño cosquilleo que recorría mi espalda, por las vistas de un páramo desolador al otro lado de la ventana, y por los gritos histéricos de mi hermano, no creería que estábamos en el infierno.
- ¡Estás idiota! ¿Bajar al infierno? ¿Acaso has perdido la cabeza?- Sean no dejaba de hablar a voz en grito, enfatizando cada palabra y como si fueran puñaladas. Nir se acercó a mi lado, casi asustado.- ¡Eso, escapa de mi lado! ¡Como si no fuera cosa tuya! ¡Han caído demasiados ángeles como para que mi hermana sea uno de ellos! ¡Volvemos a casa!
Agarró de la muñeca a Nir, con tanta fuerza que llegué a asustarme e instintivamente detuve a mi hermano, posando mi mano sobre él.
-No voy a caer, Sean. Es una misión. Compórtate y deja que Nir y yo sigamos nuestro plan. ¿Entiendes?
Soné dura, la verdad. Ahora me pongo a pensarlo y la forma en la que apreté a mi hermano en el hombro, la intensidad de mi mirada y la situación, tal vez fueron demasiado. Pero claro que me había enfadado, él pensaba que iba a cambiarme de bando, que iba a abandonarle por Nir.
Desvié la vista sin decir nada, todavía me hervía la sangre. Miré de reojo a Nir antes de seguir caminando hacia el interior, sin siquiera pararme un segundo. Dejé que el sonido de mis tacones anulara todos mis pensamientos y me centré en seguir las reverberaciones de mi pecho hacia el rumor de la fiesta.
Un brazo rodeó mi cintura y antes de poder darme cuenta Nir se había situado a mi lado, caminando con soltura e intercambiando saludos con algunos jóvenes.
- ¿Y Sean?
- Renegando en la distancia. Ha accedido a confiar en ti. Enhorabuena.- Susurró él, haciéndome estremecer con su aliento en mi hombro. Me mordí el labio inferior, sintiendo la sangre agolpándose en mis mejillas. Al menos tenía una buena noticia, y era que el problema de mi hermano había desaparecido.
Solo nos quedaba la otra parte del plan.
- No te propases.- Susurré, sintiendo la mano deslizándose entre las telas de mi vestido.- Que estemos en el infierno no significa que piense caer en el pecado.
Nir sonrió, deteniendo su mano en mi espalda mientras nos acercábamos. Era tentador besarle, si soy sincera. Siempre supe que caería por él, pero sin embargo no era el momento, ni el lugar, y tener a mi hermano sentado en una mesa a pocos metros de distancia tal vez era el único motivo por el cual no me dejaba besar por el demonio en este instante.
- ¿Cómo puedo hacerte caso?- Murmuró, todavía llevándome por pasillos que poco a poco iban disminuyendo en el número de invitados.- Podría llevarte a cualquiera de estas habitaciones y hacerte comprender por qué los hombres sucumben a los placeres demoníacos.
Me mordí el labio inferior. Debía ser el infierno, porque su propuesta me estaba tentando demasiado. Nos detuvimos en una de las puertas y con una sonrisa pícara giré el picaporte, entrando.
- Vaya, vaya, vaya… Así que has conseguido conquistar al angelito. Ya pensé que nunca conseguirías tu objetivo, Nir.
Me aparté del lado de Nir, sobresaltada y con un fuerte sonrojo, para observar al demonio. No un, sino EL demonio, mirándome con una sonrisa pícara. Desvié la vista hacia Nir, quien por suerte también parecía avergonzado. El demonio se acercó a mí y dio una vuelta a mi alrededor, como estudiándome.
- Siento haberte cortado el rollo, pero con todo lo que me han hablado de Angie, que tantos demonios ha traído de vuelta a su hogar… Tu madre debe de estar muy orgullosa del camino que ha seguido tu corazón.
Me mordí el labio inferior. No suele gustarme pensar en lo que ocurriría si le explicaba a mi familia lo que sentía por Nir. O tal vez no me dirían nada. Pero si soy sincera, bastante había tenido con que Nir apareciese en traje en mi casa, o con que mis padres hubieran convencido a mi hermano para que viniese de carabina con nosotros. Mejor no comenzar a pensar en el momento en el que confirmara nuestra relación.
- No te metas con ella… Venimos aquí en calidad de aliados.
- ¿Aliados?- Satan me miró con curiosidad, arqueando una ceja, tal vez evaluando qué podía ofrecerle.- Ella nos necesita a nosotros, no nosotros a ella. Sus ángeles están cayendo.
- No solo ángeles.- Dije, alzando la vista para observar al hombre. Parecía humano, bien vestido y arreglado. Sin embargo su aura era distinta, humeaba… y sus ojos rezumaban la verdad que su cuerpo humano no me mostraba. Él me devolvió la mirada, y admito que me sentí intimidada.- Están yendo a por todos nosotros, planean exterminarnos. Incluso investigan, tienen secuestrados a más personas de las que uno quiere pensar.
- ¿Y eso a mí qué me importa? Ya he perdido por tu culpa a muchos demonios.- Comentó, mirándose las uñas con una pizca de desinterés.
- Ya… pero, ¿y a tu hija?
Aquel fue el detonante perfecto, y lo sabía. Satán se giró, con el rostro de golpe desencajado, cubierto de horror. No era ningún tipo de secreto que él tenía una preferida, su ojito derecho, una criatura indefensa a la que había cuidado a lo largo de los años…
- ¿Tienen a Nyla?
- Es triste, ¿verdad? Le das las alas a tu hija y ella acaba cayendo en las garras de tu enemigo.- Me atreví a decir, envalentonada al verlo en un estado tan deprimente. Nir fue a decirme algo, pero antes de poder decir nada, sentí la mano del demonio sobre mi garganta, con sus manos ya transformadas en garras. Aguanté la respiración, asustada por la fuerte reacción del hombre.
- Escúchame, angelito. Vas a sacar de ahí a mi hija, cueste lo que cueste. Y deja las bromitas o no saldrás nunca de aquí.
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