Fin del Viaje ~Relato Corto: tercera parte~

viernes, 14 de marzo de 2014

Y tercera parte y final del relato sobre El Fantasma del Lhanda, se notaba que echaba de menos escribir sobre ellos, me he ventilado esta semana del four by flash en tres días. Si no te has leído las partes anteriores, está aquí la primera y aquí la segunda. Y, si no sabes por qué me desvivo por El Fantasma del Lhanda, aquí esta la novela en wattpad.
Parece que por fin voy a volver a juntar a Daimen y a Clarya :)

Fin del viaje.


Sentí la sombra poco antes de ver la nave. De golpe se había perdido el sol y, cuando alcé la vista, preguntándome si encontraría una nube, vi una cubierta que habría reconocido a leguas de distancia. Se me aparecía en sueños los días pares, por explicarlo de algún modo. El Lhanda había vuelto a mi vida.
Me dio un vuelco al corazón y me detuve, incapaz de seguir avanzando. Todo mi cuerpo había decidido dejar de funcionar, como si hubiera perdido toda la energía, y solo podía ver descender la nave hacia el puerto aéreo de la ciudad.
Y eso quedaba muy lejos.
Aquello me puso alerta. Me desvié del camino principal y fui avanzando por callejones, menos atestados de gente, siguiendo la silueta en el cielo. Tal vez zigzagueaba un poco más que en la calle principal, pero el hecho de poder correr era suficiente como para saber que merecía la pena. En la calle principal, en día de mercado, no habría podido dar tres pasos seguidos sin tropezar con alguien.
Me costó aproximadamente diez minutos alcanzar el puerto, y el Lhanda…
No podía creerlo.
El Lhanda se estaba desinflando.
Temí que hubieran atacado la nave y, con el corazón en un puño, avancé todo lo rápido que mis piernas me permitían, sobre todo después de tanto esfuerzo, hacia la nave. No me fijaba en nada más que en el hermoso globo de helio del dirigible cada vez perdiendo más fuerza. Cuando estuve lo suficientemente cerca, dejé de mirar a la nave para buscar al causante de haberle hecho eso al objeto inanimado que más apreciaba, a una parte de mi.
Y vi a Daimen.
En ese instante, lo olvidé todo y corrí hacia él. Salté a sus brazos, lo rodeé con los míos, besé su mejilla, su frente, sus labios, sostuve su rostro con ambas manos, como temiendo que fuera a irse para siempre. Él sonrió, y yo reí.
- ¿Qué haces aquí? ¿Qué ha pasado con el Lhanda? ¿Cómo ha llegado?- Pregunté, sin pausa para que me respondiera.Mi preguntas intercalaban emoción con preocupación, miedo y en parte, enfado.- ¿Y el resto de la tripulación? ¿Cómo se te ocurre venir? ¿Y si te llegan a atacar?
Cuando dejé de preguntar tan de seguido y paré para tomar aire, Daimen aprovechó y besó mis labios con suavidad, intentando que mis preocupaciones fluyeran con ese. Sonreí, olvidándome de todo y abrazándole con fuerza. Sí, las preguntas podían esperar.
- Digamos que los vientos me han arrastrado hasta aquí.- Bromeó él. Quería reprocharle el que no se tomara en serio mis preguntas, pero era difícil cuando no podía quitarme la sonrisa del rostro.- He venido solo, y he venido para quedarme… El Lhanda está bien. He pedido que lo desinflen y ya lo trasladaré a algún sitio hasta que pueda volver a usarlo… Respecto a la tripulación, cada cual ha cogido sus honorarios y han buscado un lugar donde trabajar, no sin antes deseándome suerte para encontrarte.
- Sabías dónde buscarme.- Apreté los labios, no había sido difícil descubrirlo.
- Lo más cerca de la frontera posible.
- Lamento decirte que no en la casa. Los ahorros aún no me han dado para tanto.- Él sonrió, negando, mientras me tomaba de la cintura.
- Supongo que el sueldo del capitán de una aeronave tenga que dar.- Bromeó, besando mi mejilla.- Aunque creo que, contigo, cualquier lugar es perfecto.
Me giré para besarle, sonriendo. Llevaba meses deseando su vuelta, y tenerlo al fin ahí, a mi lado, era algo que solo había pensado que podía ocurrir en sueños. Sentir la calidez de su cuerpo a mi lado se me hacía tan irrisorio…
- Además, me comentaron unos hombres que hay un zoológico maravilloso en esta zona.
Entreabrí la boca, dispuesta a matar a Gaide por no decirme nada. No tenía claro cómo se habían puesto en contacto, pero sabía que algo raro había cuando me preguntó sutilmente en qué nave había viajado y cuando me comentó de unos amigos que habían decidido visitar Elaika. Me lo tenía que haber olido.
- Está bien, dejaré las preguntas de momento y verás el zoo…- Refunfuñe, volviendo a sonreír.- Además, las crías de dragón están muy juguetonas, seguro que te encantan.
- Clarya, lo de que era el último viaje del Lhanda era metafórico, me gustaría vivir para volver a volar en esa nave.
Me reí, besándole con suavidad de nuevo en los labios, y entrelazando los dedos de nuestras manos al andar.
- Algún día volveremos a casa. Te lo prometo.
Y no mentía.

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