Frío y Calor ~Drabble~

martes, 4 de marzo de 2014

Llevaba con este drabble en la cabeza desde que escribí Polos Opuestos, o puede que incluso antes. La idea viene de un post de tumblr en el que se planteaban que si el frío era ausencia de calor, el odio podría ser la ausencia de amor. Y hoy, después de yo que sé cuánto, me ha venido la inspiración para enfocarla. Os presento el segundo relato corto del Four By Flash:


Frío y Calor


Desde hacía días me había dado cuenta que él era todo lo contrario a mí, y aquello, si soy sincera, me daba miedo.
Destilaba odio a cada paso que daba, frente al amor con el que yo vivía. Era frío, oscuro y distante; y yo cálida, con una sonrisa que iluminaba a la gente, o eso decían y, por último, la persona más cercana que nadie había conocido. Es como si él fuera hielo y yo fuego.

También el era un vándalo, le había visto intentando robar en la panadería. Y no por falta de dinero ni de recursos, yo sabía que los tenía. Aparte, también había intentado pagar varias veces por su comida, y entonces él se llevaba el alimento y mi dinero. Y yo, resignada, pagaba por lo mío y por lo suyo dos veces en el comedor.
No tenía remedio…
O bueno, eso había pensado siempre.
Cuando me enteré de que mi padre lo había capturado por fin, y estaba entre rejas, sentí una punzada de culpabilidad y de tristeza. Había algo en mí que me hacía pensar que su frialdad no era algo que tuviera que ser penalizado, como si, simplemente, fuera así porque nunca hubiera vivido de otra manera.
Es raro explicarlo, y seguramente una estupidez…
Pero simplemente sentía que era así, que había algo más en lo que nadie estaba cayendo, ni siquiera yo.
Aprovechándome de las influencias de tener un padre policía, fui a verle. Algunos policías intentaro decirme que no me molestara, que no dejara que mi calidez disminuyera por su frialdad, y que simplemente no me acercara a él. Pero no podía evitarlo. Éramos tan opuestos que al mismo tiempo nos atraíamos, y eso acabaría siendo una caída al abismo para alguno de los dos.
Tragué saliva antes de que me abrieran la puerta de su celda. Muy probablemente sería mi caída.
- No deberías haber venido.- Comentó, sin siquiera levantar la cabeza. No se había dignado a mirarme en un solo momento, pero sabía que me había escuchado hablando con el policía. Intenté no dejarme contagiar por el gélido ambiente que había, con solo una cama para sentarnos. Hice ademán de acercarme, pero antes de dar un paso alzó la cabeza y me miró con sus profundos ojos azules. Me detuve.
- ¿Acaso iba a venir alguien más?- Sonreí, intentando tranquilizarle.- Mira, yo…
No sabía decirle por qué estaba ahí. Tal vez solo quería estar un rato con él, ahora que no podía escaparse, hablar, escucharle…
Volvió a rehuír mi intento de socializar con un bufido.
- ¿Tienes familia?- Negó- ¿Amigos a los que avisar?- Otra negativa.- ¿Dónde vives?
- En una casa de acogida…- Susurró.- Aunque, con mis modales, poco me queda para ir a un internado militar.
- ¿Te han amenazado con ir?- Susurré, algo dolida al pensar lo poco que parecían haberle querido.
- A todos los que no nos adoptan. Tarde o temprano acabamos allí.- Asintió. Al menos comenzaba a hablar, eso fue un buen comienzo. Sonreí y di un paso hacia él. Esta vez ni me miró, pero tampoco me negó el acercarme. Logré sentarme a su lado, pese a que él se apartó un poco de mí.
- ¿Has vivido siempre así?- No me gustaba hablar de ese tema, pero necesitaba conocerle un poco mejor, intenté que mi tono fuera cálido pese a las tristeza que comenzaba a sentir. Era verdad que la frialdad se contagia. Asintió.- ¿Nunca nadie te ha querido?
Dije aquello sin siquiera pensármelo. Era una suposición de mi cabeza, una idea que me había asolado de repente. Ni siquiera debía haberla dicho. Me miró, con sus ojos azules cargados de odio, mientras yo intentaba suavizar la situación con los míos verdes, como si esbozara una disculpa en ellos. Acabó, sin decir nada, asintiendo, y volvió a mirar al suelo.
Entonces se me ocurrió.
Si el frío era en realidad la ausencia de calor. ¿Por qué el odio no era la ausencia de amor? Él parecía el claro ejemplo, gélido, distante… Tal vez simplemente se protegía frente a algo que no conocía.
Y entonces, mientras lo pensaba, me di cuenta que si pones un hielo en agua hirviendo acabas consiguiendo agua templada, y me pregunté si podría pasar lo mismo. Si podría ceder amor para dárselo a él.
Volvió a mirarme, debía llevar un buen rato en silencio. Antes de poder darme cuenta, planté un beso en sus labios, deseando que mi hipótesis fuera correcta y no me lanzara contra la pared. Me correspondió con torpeza, rodeándome con sus brazos, y lo consideré un progreso.
Volví toda la semana que estuvo encerrado, y noté mejoría en él. Mi padre me dijo que a veces me notaba más fría y distante que antes, pero yo sonreía y negaba. Tal vez tuviera razón, pero me daba igual. Siempre había sido muy cálida.
No me importaba cambiar un poco por él.

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